El Santander se juega su futuro en EE UU
El nuevo imperio transatlántico de los Botín

La compra del banco norteamericano Webster y del británico TNB es el movimiento que va a definir el legado de Ana Botín. Si la integración tecnológica de Openbank funciona como se espera y la cultura de Webster se adapta al ritmo europeo, el Santander habrá logrado lo que ningún otro banco del Viejo Continente: conquistar América con un modelo rentable y escalable. El Santander ya no es solo un banco español; es un gigante global con corazón digital y músculo estadounidense. Los próximos 24 meses determinarán si estamos ante el inicio de una hegemonía bancaria o de un bocado demasiado grande para digerir.

En la planta 24 de la Ciudad Financiera de Boadilla del Monte, el ambiente este febrero de 2026 no era de cautela, sino de conquista. Ana Botín, presidenta del Banco Santander, había puesto el punto final al «viejo Santander» —que dependía excesivamente de los ciclos volátiles de Latinoamérica— y daba la bienvenida a una nueva era. Con la adquisición de Webster Bank por 10.300 millones de euros (12.200 millones de dólares) y la integración estratégica de TSB en el Reino Unido, el gigante cántabro ha ejecutado el mayor movimiento de piezas en el tablero bancario global desde la crisis de 2008.
Esta no es una compra más. Es la culminación de un plan de diez años para convertir a Estados Unidos en el principal pulmón de beneficios del grupo. El Santander ya no quiere ser un banco español con sucursales fuera; quiere ser el banco más rentable del mundo operando bajo una sola plataforma tecnológica desde el corazón de Nueva Inglaterra hasta las Highlands escocesas.
Entrar en EE, decisivo
Es la tercera vez que el Santander aborda EE UU, un país donde el negocio bancario convencional está muy fraccionado y la mayoría de las entidades son regionales, pero en esta ocasión, las expectativas son mucho más altas. El abuelo de Ana Botín hizo la primera incursión, con el desembarco en Miami, una plaza imprescindible para complementar el negocio de las filiales que estaba creando en Centro y Sudamérica. Los vaivenes económicos y políticos que sufrió Latinoamérica en los años 70, con grandes devaluaciones y un riesgo país disparado, obligó a un repliegue táctico. Un nuevo Emilio Botín, el padre de la actual presidenta, no solo decidió volver sino que creo una de las mayores franquicias de Iberoamérica, con cuotas de mercado muy relevantes en Brasil o México. La guinda fue la compra del Sovereing en EE UU, pero conseguir tamaño en un país donde el negocio está tan fraccionado, como EE UU no era fácil. Lo más eficaz para extenderse geográficamente ha resultado ser la filial de crédito al consumo, que se ha convertido en la gran fortaleza del banco en ese país, donde financia la compra de dos millones de coches al año.

El Santander ha venido operando en diez mercados internacionales, después de abandonar todos aquellos en los que no llegaba a alcanzar una cuota del 10%, que le permite abaratar mucho los costes. Aunque EE UU ha sido uno de los países que más beneficio ha aportado al Santander en los últimos años su presencia seguía estando muy lejos de una cuota mínimamente relevante (allí el 10% es un objetivo inimaginable) y la reciente venta de la filial de Polonia se convirtió en una oportunidad para invertir en la zona y crecer.
Con el dinero de la operación y la fortísima revalorización de sus acciones el pasado año, un 125%, Ana Botín podía abordar la compra del TSB británico al Sabadell, y de un banco en EE UU. No siempre se presenta la oportunidad, aunque se tenga el dinero, pero en esta ocasión, el Santander está convencido de haber conseguido “una joya”. El Webster es un banco de origen familiar, con mucho prestigio y con una red de oficinas en la zona noreste, la más rica del país, que encaja como un guante con la suya. Además, el perfil de negocio de ambas entidades es muy parecido (la banca al retail), con un especial peso de las hipotecas.
No será una operación barata, pero el Santander está convencido de que va a tener un efecto transformador sobre su futuro muy superior al que cabe esperar de la cuantía comprometida, un 4% del patrimonio de la entidad.
¿Por qué Webster y por qué ahora?
La filial estadounidense del Santander ha sido muy rentable, sobre todo el crédito al consumo, pero padecía un problema estructural crónico: el coste de financiación. Al carecer de una red de depósitos lo suficientemente amplia y barata, el banco tenía que acudir al mercado mayorista para financiarse, lo que estrechaba sus márgenes.

Webster Bank, con sede en Connecticut, es el antídoto perfecto. Con más de 80.000 millones de dólares en activos y una presencia dominante en el noreste de ese enorme país, aporta lo que el Santander más ansiaba: depósitos estables y de bajo coste.
La transformación del balance
Tras la operación, el balance del Santander en EE. UU. se dispara hasta los 327.000 millones de dólares. Lo más relevante, sin embargo, es la mejora de la ratio préstamos/depósitos. Antes, el Santander financiaba gran parte de su negocio de consumo con recursos externos. Con el Webster llegará a financiar sus préstamos íntegramente con el ahorro de sus clientes.
Esta eficiencia en el fondeo es lo que permitirá al banco cumplir su ambicioso objetivo de elevar su rentabilidad sobre el capital tangible (RoTE) en EE. UU. del 10% actual al 18% para 2028.
Openbank como caballo de Troya digital
Si Webster pone el ladrillo y los depósitos, otro brazo del banco, Openbank, pone el cerebro. El desembarco de la plataforma 100% digital del grupo en EE. UU. a finales de 2024 ha sido el preludio necesario para esta compra.
Openbank no es solo un banco para captar clientes jóvenes; es el sistema operativo sobre el que el Santander planea migrar toda la operativa de consumo de Webster. Al hacerlo, espera reducir su ratio de eficiencia por debajo del 40%. De conseguirlo, en un mercado donde los bancos regionales estadounidenses suelen operar con eficiencias del 55-60%, el Santander contará con una ventaja de costes apabullante que le permitirá ser mucho más agresivo en la oferta de tipos de interés sin sacrificar rentabilidad.
Santander frente a sus rivales americanos
Con esta compra, el Santander entra en el Top 10 de la banca comercial y minorista de Estados Unidos. Pero, ¿cómo se compara con quienes ahora son los gallos de la zona?
La superioridad en capital (13% de CET1) le da al banco cántabro un escudo contra la incertidumbre del mercado inmobiliario comercial, un problema que quita el sueño a sus competidores locales. Al mismo tiempo, la rentabilidad proyectada del 18% lo situaría como el líder indiscutible en términos de retorno por cada euro invertido por sus accionistas.
Los costes de la operación
A pesar de estas buenas perspectivas, el mercado recibió el anuncio de la compra con una caída inicial del 4% en la acción del Santander. Los inversores se preguntaban: ¿Cómo se va a pagar esta fiesta sin recortar el dividendo? La respuesta de la entidad ha sido contundente: el payout del 50% se mantendrá intacto.

El banco ha prometido dedicar al menos 10.000 millones de euros a recompras de acciones entre 2025 y 2026, lo que será vital para neutralizar la dilución que va a suponer emitir acciones para comprar Webster.
Aunque la compra consume capital a corto plazo, el beneficio neto proyectado de 20.000 millones para 2028 permitiría que el dividendo por acción pasase de los 0,23€ actuales a más que duplicarse.
Sin embargo, el mercado presiona. Durante el reciente Capital Markets Day, grandes fondos institucionales exigieron que el banco eleve el dividendo en efectivo al 50% (un payout total del 75%). Por ahora, Botín se resiste, priorizando la consolidación de Webster.
Cierre de oficinas y conversión en works cafés
No se pueden ahorrar 800 millones de dólares al año en costes, como pretende el Santander, sin tomar decisiones dolorosas. La integración de Webster y la de TSB en Reino Unido traerán consigo una reestructuración de la red física y una sustitución de las marcas.
La de Webster Bank tiene los días contados. Se espera que desaparezca a finales de 2026 para integrarse plenamente bajo el logo del Santander.
TSB, en cambio, mantendrá cierta autonomía visual hasta 2028, pero su tecnología ya está siendo santanderizada.
En el Reino Unido, el proceso es inminente, con el cierre de 44 sucursales. En EE UU, solo se prevé que desaparezca entre un 10% y un 15% de la red combinada, especialmente en ciudades donde las oficinas de Webster y Santander están a pocos metros.
Hay que tener en cuenta, en cualquier caso, que la oficina tradicional está muriendo para dar paso al Work Café. Estos centros, que combinan coworking y asesoramiento financiero, son la apuesta del banco para retener a los clientes de Webster que temen perder el trato personal que siempre han disfrutado. Es una apuesta por la calidad frente a la cantidad.
El noreste de EE UU, nuevo feudo del Santander
La compra de Webster Bank no es una expansión en forma de mancha de aceite por todo el país, sino una densificación estratégica en el Corredor Noreste, la zona con mayor renta per capita y depósitos de Estados Unidos. La combinación de ambas entidades va a crear una red casi imbatible en el eje que va desde Stamford hasta Boston.

El corazón del Webster es el estado de Connecticut, donde el Santander va a pasar de ser un jugador secundario a disputar el liderazgo directo a Bank of America y JPMorgan Chase.
En Massachusetts, la integración le permitirá consolidar la zona metropolitana de Boston, donde ya tenía una sede fuerte, creando una red de oficinas cada pocos kilómetros.
En Rhode Island y Westchester (estado de Nueva York), se rellenarán los huecos geográficos donde el Santander solo tenía presencia testimonial, logrando una red continua y sin fisuras.
La conquista del norte de Reino Unido con TSB
Mientras que el Santander UK ha sido tradicionalmente fuerte en Londres y el sur de Inglaterra, la integración de TSB (el antiguo Trustee Savings Bank) le aporta una capilaridad única en zonas donde el grupo cántabro necesitaba oxígeno.
En Escocia, TSB es una institución. Su integración le proporciona al Santander una red de oficinas en Edimburgo, Glasgow y las Highlands que antes le era ajena.
En el norte de Inglaterra, el banco cántabro verá reforzada su red en ciudades como Manchester, Liverpool o Newcastle, con mucha presencia en el segmento de pequeñas y medianas empresas locales que TSB dominaba.
En Londres, en cambio, se espera una optimización. Es donde se verá el mayor número de cierres, ya que ambas entidades tienen sucursales en las mismas arterias comerciales.
Aunque se cierren oficinas redundantes, la importancia de estos mapas reside en la captación de depósitos. En EE UU, el Santander pasa a gestionar más de 170.000 millones de dólares y en Reino Unido se consolida como el segundo banco por número de cuentas corrientes, solo por detrás de Lloyds.



