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Cien años muy saludables

Conservas Arlequín prepara su centenario con una nueva línea de productos bajos en sal

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La conservera Arlequín, fundada en Santoña en 1920, se aproxima a su centenario con nuevos proyectos, entre los que se incluye una línea de productos saludables. Esta gama de conservas y semiconservas bajas en sal se lanzará el próximo verano y llevará el nombre de la atleta cántabra Ruth Beitia, que colabora con la firma en la promoción de sus productos. Conservas Arlequín ha mantenido en este tiempo el carácter de empresa familiar y divide su actividad entre dos emplazamientos, la fábrica de Santoña y un almacén en el polígono de Trascueto.


El sector semiconservero cántabro es el resultado de una actividad mantenida desde finales del siglo XIX, con la llegada de los primeros salazoneros italianos. Pero no son muchas las empresas de origen netamente santoñés que hundan sus raíces en aquella primera etapa.

La familia Valle es una de las pioneras y Conservas Arlequín la enseña con la que van a cumplir, el próximo año, el centenario de su creación, después de haber atravesado dificultades que les llevaron a dar un giro estratégico, diversificando su producción con todo tipo de conservas de pescado y nuevos mercados.

También han preparado otros proyectos, como la creación de una nueva línea de conservas naturales, bajas en sal y con pocas grasas, para conectar con la demanda en alza de los consumidores que buscan una alimentación más ‘sana’. Esta nueva gama saldrá al mercado el próximo verano, con el respaldo de una de las figuras más populares del deporte cántabro, la atleta Ruth Beitia, que colabora desde hace tiempo en la promoción de sus productos.

Un golpe de timón

La atleta Ruth Beitia, será la imagen de marca de Arlequín.

La veda de la anchoa en Cantábrico decretada en 2005 puso a las empresas semiconserveras en una situación crítica. La mayoría de ellas buscaron la materia prima en otros caladeros o trataron de diversificar sus productos. Había que reinventarse, algo que no era fácil en un sector donde la anchoa casi siempre supone el 80% de la facturación.

Conservas Arlequín afrontaba en aquellos años la consolidación de los cambios emprendidos bajo la dirección de Enrique Valle, cuando, para salir de una grave crisis, se optó por incluir productos que le permitiesen una mayor penetración comercial entre los distribuidores. De esta manera, Arlequín se adelantó a una estrategia que otros tendrían que adoptar más tarde, forzados por la escasez del bocarte, en torno al que había girado hasta entonces la actividad de las semiconserveras cántabras.

Para afrontar esa nueva línea de actuación, concentró en Santoña la elaboración de sus productos de más alta gama y se apoyó en otros fabricantes gallegos y vascos para ampliar su catálogo con mejillones, sardinillas y bonito. La implicación de la firma santoñesa en estos nuevos productos llegó más allá del acuerdo comercial, hasta convertirse en socia de alguna de esas fábricas, a las que incluso aporta la materia prima. “Mantuvimos una infraestructura muy cuidada, muy de laboratorio, en Santoña, y al abarcar otros campos tuvimos que apoyarnos en esas otras fábricas”, explica Juan Valle, director comercial de la conservera.

Con esta estrategia, Arlequín y su segunda marca, ‘Monte Corona’, con la que envasa los productos de importación, ha reunido un catálogo de más de 120 referencias, que abarcan toda la gama de conservas y formatos que demandan sus clientes, tanto la hostelería como las familias. Sus productos se comercializan a través de 150 distribuidores en toda España, e incluso incorporó hace algunos años un departamento de venta directa a toda España.

Arlequín también ha fortalecido su presencia en el mercado exterior, tras contratar a un especialista en exportaciones y acudir a ferias internacionales de alimentación. Actualmente, sus envases se venden en 18 países, a los que va dirigido un 20% de su producción. Uno de esos destinos es Italia, donde hay un gran aprecio por las conservas de pescado, pero también tiene una clientela creciente en México, Inglaterra o Alemania.

Un almacén logístico en Trascueto

Una de las piezas claves en la etapa emprendida en el año 2000 fue la creación de un almacén logístico en el polígono camargués de Trascueto. La ampliación de la gama de productos requería un espacio del que no disponía en Santoña ni podía encontrar, y acercándose a Santander lo hacía también a los ejes de comunicación con la Meseta y con la Cornisa Cantábrica. Por otro lado, en un sector tan extremadamente competitivo como el conservero, actuar lejos de la mirada de otros fabricantes a la hora de expedir mercancía es una circunstancia que se valora.

Arlequín ha ido creciendo en ese emplazamiento hasta contar con cuatro naves que suman unos 2.400 metros cuadrados de superficie, que aún puede aumentar. Allí se preparan cada día entre 70 y 80 envíos, paletizados y tan variados como el amplio catálogo de la firma permite.

Su intención ahora es concentrar en una de estas naves logísticas todas las líneas de etiquetado y estuchado, algunas de las cuales están en Santoña, para dejar espacio libre a la fabricación.

De la importancia que llegó a tener la industria santoñesa da idea el hecho de que a mediados de los noventa contaba con unos 150 trabajadores. Tras la reestructuración y la orientación de la firma hacia nuevos productos y mercados, la plantilla es de unas 80 personas, repartidas entre las siete sociedades que integran el grupo de Conservas Arlequín y que facturan unos 18 millones de euros al año. Entre ellas se encuentra otra firma conservera, Ría de Santoña, que forma parte de su estrategia de captación de mercado ofreciendo a las cadenas de distribución catálogos muy amplios para hacer su propia marca.

Arlequín también elabora conservas para otras firmas muy conocidas, y sus productos son utilizados, igualmente, en empresas que elaboran platos precocinados, una actividad en la que no se muestra muy interesado en intervenir directamente: “Nosotros vendemos mucho a fabricantes que hacen estos platos preparados, pero no nos hemos planteado hacerlo, sobre todo cuando nuestro producto no hay que cocinarlo. Basta abrirlo y comerlo”, subraya Juan Valle.

Una línea más sana

La demanda creciente de productos naturales ha impulsado a la empresa a crear una línea que se identifica expresamente con esta tendencia, bajo la denominación ‘by Ruth Beitia’. “Queremos salir cara al verano, que es cuando hay un incremento fortísimo del consumo de conservas de pescado, con tres o cuatro productos en una salmuera muy suavecita”, explica Valle. Arlequín ha encontrado en Beitia la colaboradora perfecta para impulsar esta nueva línea que se moverá en “la gama de los atunes, de los bonitos, sardinillas bajas en sal y anchoa también bajas en sal, unos productos muy naturales”, adelanta el director comercial.

Este proyecto forma parte del espíritu innovador que la firma santoñesa va a dar a su centenario. El mismo espíritu con el que se reconvirtió para sobrevivir y que le va a permitir cumplir cien años sin haber perdido el carácter familiar.

Jesús Polvorinos

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