Abel Fernández, CEO de Froxá: Nos trasladamos a Vargas para rebasar los 50 millones de facturación
La tercera generación impulsa una inversión de 36 millones
Cuatro décadas después de que Abel Fernández fundara Froxá, y con su nieto José Javier Fernández como actual CEO, la tercera generación va a protagonizar un salto productivo en la empresa. Para ello, emplearán 6 millones de euros en maquinaria y 26 en la construcción de unas nuevas instalaciones en Vargas, donde quieren incrementar su producción, hacerla más eficiente y sostenible, y ampliar la gama de precocinados, conforme a los gustos de los nuevos consumidores.
Desde 1980 llevan los Fernández al frente de Froxá, una de las compañías de alimentación más reconocidas e internacionales de Cantabria. Sin embargo, las raíces de sus negocios se extienden mucho más lejos. Fue en 1909 cuando el bisabuelo de la saga, Manuel Fernández, y su mujer, Aquilina, abrieron el Horno San José, en Torrelavega.
Aunque parezca paradójico, fue entre esos hornos donde la familia tuvo el primer contacto con los congelados, en la década de 1960. Casi veinte años después, en 1980, el abuelo de los actuales directivos impulsó un negocio dedicado íntegramente al producto de mar congelado, la distribuidora de productos congelados a nivel regional Abel Fernández S.A. Llegó a comercializar las mareas completas que descargaba un barco de madera llamado Froxá, que en 1986 daría nombre a la empresa. En las décadas siguientes, y de la mano de José Javier y Abel Fernández hijo, la firma multiplicó su producción.

Este viaje empresarial “del calor de los hornos al frío de los océanos”, como lo define la familia, les llevó a explorar otros negocios. En 2020 se fusionaron Abel Fernández SA (distribuidora regional) y Froxá, dando lugar a la empresa tal como hoy la conocemos, que cuenta con una filial, Logística Froxá.
Tras una profunda reestructuración directiva, ahora es la tercera generación de Froxá —cuarta si se incluye Horno San José— la que lidera la marca, con José Javier Fernández al frente y con la intención de seguir siendo independientes: “Hoy en día hay muchas adquisiciones y fusiones entre compañías, y sí, nos han tanteado, pero siempre hemos dicho que no”, confiesa.
Fernández se apoya en un nuevo director general, Denis Vilcoq, y en los 120 trabajadores de la firma. “Queremos crecer junto con ellos, porque sin nuestros empleados, este proyecto sería inviable”, dice.
Los nuevos gestores han apostado por dar un salto productivo, que va a requerir trasladar la sede para poder crecer e introducir otras líneas de precocinados acordes con los nuevos hábitos de consumo.
Un ambicioso proyecto que les exige más suelo
Su proyecto de inversión tendrá un coste de 32 millones de euros y hace unos meses fue incluido en el PERTE Mar e Industria, en donde obtuvo la segunda mejor calificación del país. Eso se traducirá en una aportación de fondos europeos por importe de 2,1 millones de euros. La presidenta de Cantabria, María José Sáenz de Buruaga, anunciaba recientemente que el Gobierno de Cantabria añadirá otros 1,9 millones a esta cantidad.
El primer paso va a ser una inversión de 6 millones de euros en maquinaria, que se instalará en la planta actual de Cartes, y que puede estar operativa a comienzos del verano próximo. Entre estos equipos destaca una freidora. “Suena muy básico”, reconoce José Javier Fernández, “pero cuesta un millón de euros”, enfatiza. “Nos va a permitir aprovechar mejor el aceite y reducir el consumo, mejorando los tiempos de fritura, y subir de los 800 y 1.000 kilos por hora de producción hasta los 2.000”.
‘Queríamos quedarnos en la Cuenca del Besaya, pero no hay suelo industrial disponible’
En esta primera etapa, la producción se incrementará un 30%, pero eso supondrá alcanzar los límites de la planta de Cartes. Al igual que sucediera hace unas décadas, Froxá se verá obligada a trasladarse para poder crecer, pero si por aquel fue un traslado de apenas 200 metros, esta vez se desplazará junto al polígono de Vargas.

Este hito será el eje central de la segunda fase, la construcción de una nueva planta, donde concentrará todas sus instalaciones, incluido el Centro Logístico de Mercasantander, algo que esperan conseguir entre 2026 y 2028. Cuando el cambio esté asentado, la planta de Cartes se cerrará.
Las futuras instalaciones de Vargas están, no obstante, a la espera de los trámites administrativos para materializar la compra del terreno, ya elegido, y empezar la obra, algo que confían en hacer realidad antes de que finalice 2026.
Sin embargo, los Fernández reconocen que esta mudanza les deja un sabor amargo. “Nosotros queríamos permanecer en la Cuenca del Besaya. En Cartes, en Torrelavega o en Reocín, porque la familia procede de Puente San Miguel”, comparte el CEO de Froxá. Pero, con la planta de Cartes prácticamente saturada, el cambio apremia. “Hay polígonos en contrucción o ampliación por esta zona, como el de Excavadas o el de la Hilera, pero el ritmo de las obras es mucho más lento de lo que nosotros necesitamos. No podemos esperar tanto”, lamenta José Javier Fernández.
Encontrar los 60.000 metros cuadrados que necesitan para agrupar y ampliar sus instalaciones no ha sido tarea sencilla. “Hay mucha carencia de suelo industrial”, constata.
Finalmente, han localizado una finca en Vargas, en la que podrán disponer de los 60.000 m2 que estaban buscando. En un primer momento, ocuparán 21.000, entre la planta productiva —que tendrá 5.200 m2—, las oficinas y el almacén frigorífico.
Mantener el cuartel general en Cantabria
Pese a verse obligados a abandonar la Cuenca del Besaya, los Fernández no han dudado en mantener su cuartel general en Cantabria: “Somos de aquí, y también vemos como el mundo está cambiando muy rápido”, afirma José Javier. “Durante unos años todo era deslocalización y outsourcing —subcontratación—, comprar todo fuera, pero el Covid abrió los ojos a mucha gente sobre la importancia de producir en tu territorio y de tener el control”, reflexiona este joven CEO, que ha vivido en varios países.
Los Fernández sostienen que el vínculo con la tierra, y su cercanía al mar, forman parte de sus fortalezas y del sello de calidad de sus productos. “Al estar aquí, cargamos los domingos y, entre lunes y martes, la mayoría de nuestros clientes reciben el producto”, destaca. “También es importante como tratan nuestros trabajadores el pescado”.
Quieren generar más trabajo en Cantabria y, a pesar de las automatizaciones que van a introducir, la plantilla aumentará. “Las mejoras en la producción generan cuellos de botella; por ejemplo, en el envasado al producir más rápido, y vamos a automatizar procesos, pero no vamos a prescindir de nuestros trabajadores. Al contrario, contrataremos a 4 o 5 más, y una vez en Vargas esperamos sumar otras 26 personas”, avanza.
Más fácil de consumir, más ‘eco’

En la década de los 2000, emergía un nuevo consumidor que buscaba ahorrar tiempo al cocinar y que estaba muy interesado en los precocinados. Este interés fue aprovechado por la anterior generación de los Fernández, que ampliaron sus líneas de congelados y potenciaron la fabricación de estos productos. Ese fue el motor que aceleró su crecimiento y provocó el primer cambio de sede.
Dos décadas después, el plan de inversiones responde a la misma intención: adaptarse a los nuevos hábitos de consumo, reforzando estas líneas de producción.
“Contamos con una línea de precocinados, pero en la nueva planta pasarán a ser dos. También vamos a hacerlas más eficientes. Todo para impulsar los productos que mejor funcionan y los nuevos desarrollos”. Tanto es así que la factoría va acontar con una zona de I+D+i.
Entre las novedades previstas se encuentra una gama de precocinados de alto valor (UMMY), que ha sido elaborada en colaboración con el reconocido chef cántabro Francisco Jerez.
Otro de sus productos más innovadores son las bandejas de pescadería de libre servicio —un modelo muy común en Estados Unidos, pero menos conocido en España—. Estas bandejas, que se usan tanto para precocinados como para producto crudo, se almacenan en congelado pero se ponen a la venta en los supermercados en refrigerado. De esta forma, el cliente ya ni siquiera tendrá que esperar a que los alimentos se descongelen, algo que les acerca al consumidor milennial. Además, han conseguido alargar la vida útil del producto de 7 a 14 días.
Los consumidores de hoy no solo se decantan por los pescados y formatos que requieren menos elaboración, como los fileteados. Cada vez están más preocupados por los productos saludables, y Froxá también ha agregado esta variable a su carta. “Tenemos un desarrollo para hostelería, Froxá Zero, que es un producto natural, sin glaseo ni engordes, para que hosteleros y consumidores saquen el 100% de rendimiento. A la vez seremos más sostenibles, dejando de transportar agua desde otros países”, destaca el CEO.
También apostarán por productos sin tratamientos ni aditivos. “·Queremos que todo llegue al consumidor de la forma más natural posible, como si lo hubiera pescado y preparado él mismo”, afirma el joven directivo.
Aunque el objetivo es crecer en supermercados, también trabajan en ampliar sus productos para hostelería y restauración, que concentra el 75% de sus ventas. Para ellos, han creado otra marca, Al mar, de congelados exclusivos como carabineros, centollos o gamba roja del Mediterráneo.
Producir un 35% más, reducir un 25% la energía
Otra de las preocupaciones de los consumidores de hoy es el entorno y la empresa ha puesto un especial empeño en la responsabilidad ambiental. Su Plan de Sostenibilidad prevé un salto cualitativo con la planta de Vargas, donde esperan fabricar un 35% más consumiendo un 25% menos de agua.
Afrontar un reto tan complejo para una factoría de congelados —donde los consumos de agua y electricidad son enormes—, requiere introducir técnicas innovadoras, como unas depuradoras que permitirán filtrar el agua de lluvia, y reutilizarla en la producción. Además, optan por incrementar el uso de energía ‘limpia’. “Disponemos de sistemas fotovoltaicos en Cartes, y queremos implantar más, pero aquí no hay sitio. En la fábrica nueva vamos a incluir paneles de última generación, que van a mejorar la captación de energía solar”, agrega José Javier Fernández.

El cambio climático ya está afectando a la disponibilidad de su materia prima. “En Nueva Zelanda, la temperatura del agua en superficie se ha incrementado casi tres grados, y eso afecta al stock de pota y a la biomasa”, explica. “Por eso, solo trabajamos con pesquerías con certificados de sostenibilidad”. No obstante, los aprovisionamientos también están evolucionando. El año pasado, por primera vez, la acuicultura ha superado la pesca extractiva en el mundo. “El futuro del sector pasa por la acuicultura”, afirma José Javier convencido.
Aunque no está entre sus planes criar su propio pescado, colaboran con acuicultores como Norcantabric, la factoría de engorde de salmones que se ha creado en Ramales.
Rabas en Asia
La empresa de congelados de Cartes exporta a cerca de 22 países, la mayoría de Europa y Latinoamérica, pero también a Canadá, Australia y Dubái, los últimos en incorporarse a su lista.
El actual CEO vivió doce años en Shanghai, donde la compañía instaló una oficina para optimizar las compras, y tienen otra en Vietnam. Estos puntos de compra le han empezado a servir, también, para vender en Asia, donde empieza a consumirse uno de los alimentos cántabros más típicos. “Su producto preferido son los cefalópodos, sobre todo la raba. Es curioso ver cómo se come con palillos chinos”, relata Fernández, dispuesto a expandir su producto alrededor del mundo.
África también está en su punto de mira. “De cara a 2050, va a ser uno de los mayores mercados por población. Estamos vendiendo en Marruecos y negociando con importadores de Egipto, pero la idea es crecer en países como Camerún”, avanza.
Una vez construida la nueva fábrica, los Fernández esperan escalar la producción de las 8.000 toneladas anuales actuales a 12.000.
Con el aumento productivo impulsarán sus precocinados, pero también sus productos más consumidos, que siguen siendo la raba —con la que Froxá es líder nacional—, la gamba pelada, el gambón, y su más de treinta variedades de pescado congelado.
Con los 32 millones que invertirán en la nueva planta confían en disponer de una capacidad productiva de hasta 20.000 o 30.000 toneladas anuales. Por el momento están centrados en batir sus récords anteriores y este año esperan rebasar las 8.500 toneladas y los 50 millones de euros de facturación.
Begoña Cueli



