Pas Rural Coliving: una nueva forma de vivir y trabajar en el medio rural

Lulu Escobar y Óscar Pérez han impulsado un espacio de trabajo en remoto y coliving en Villegar de Toranzo

Teletrabajar desde casa se ha convertido en la aspiración de cada vez más empleados que buscan conciliar su vida profesional y personal. A este modelo laboral tan flexible le han dado una vuelta de tuerca Lulu Escobar y Óscar Pérez, los creadores de Pas Rural Coliving, una instalación de coworking y coliving situada en Villegar de Toranzo por donde ya han pasado tres centenares de profesionales nacionales y extranjeros deseosos de trabajar en un entorno rural.


Hacer frente al despoblamiento rural requiere ir más allá de una simple declaración de intenciones. Esa es la filosofía de los fundadores de Pas Rural Coliving, Lulu Escobar y Óscar Pérez, una pareja que ha habilitado un espacio de coworking y coliving en Villegar de Toranzo, con el que buscan atraer nuevos perfiles profesionales y generar una mayor actividad económica en la zona.

Los dos emprendedores sociales adquirieron una finca con seis cabañas de madera y capacidad para alojar 20 personas, en esta localidad de menos de 100 habitantes y transformaron un garaje anejo en un espacio para trabajar en remoto, con vistas a las verdes montañas de los Valles Pasiegos. “Las cabañas fueron construidas hace 20 años por una pareja madrileña, también muy enamorada de Cantabria. Se destinaban a alquiler vacacional para familias, pero era una actividad estacional y nosotros hemos querido darle una vuelta”, explica Escobar.

Pas Rural Coliving ofrece alojamiento para personas que desean teletrabajar desde Cantabria, con estancias de entre uno y tres meses –aunque algunas ha llegado a los doce–, gracias a una colaboración con Espacio Ubuntu, una organización local.

También alquilan espacios para la realización de cursos, encuentros profesionales, seminarios, charlas, eventos culturales e iniciativas de todo tipo, desde clases de yoga y baile a meditación, impartidas por profesionales que buscan un espacio en el que poner en práctica sus proyectos personales. En muchos casos, ellos les ayudan en la confección de los programas formativos.

“Creemos que el futuro pasa por el mundo rural. Aquí hay calidad de vida, se vive a otro ritmo y se pueden revitalizar pueblos pequeños”, aseguran convencidos.

Gran parte de los profesionales que recalan en Villegar –ya más de tres centenares– son nómadas digitales españoles y extranjeros que trabajan en sectores como la tecnología, la comunicación, el diseño, la educación o la consultoría, y que encuentran un entorno tranquilo con buena conectividad en el que desarrollar su trabajo.

Varios usuarios teletrabajan en el área de coworking. FOTO: EUKENE OQUENDO

Además, han abierto sus puertas a miembros de ONG’s, fundaciones y proyectos con impacto social. Tanto directivos como técnicos llegan para participar en formaciones, encuentros y programas europeos relacionados con innovación social, educación o trabajo comunitario.

Algunos descubren el lugar que estaban buscando y deciden asentarse. “Hemos ayudado a siete personas a establecerse aquí desde que impulsamos el coliving”, apuntan los creadores de Pas Rural, entre ellos una profesora finlandesa de baile y un filipino que está montando una casa de meditación en el valle. “También han venido colaboradores de la marca de ropa sostenible Ecoalf, de Linkedin, Netflix, el Banco Interamericano del Desarrollo y de Impact Hub”, destaca Óscar Pérez.

La mayoría acuden a estas instalaciones para trabajar en un entorno tranquilo que les permita conectar con la naturaleza, un deseo difícil de cumplir en la ciudad. En el pueblo pueden realizan rutas de senderismo y picnics, asistir a pequeños conciertos y, cuando hace buen tiempo, bañarse en el río Pas. “Viven y se gastan el dinero aquí. No sienten la necesidad de visitar otros lugares de la región como Santander o Santillana del Mar, si tú no se la creas”, explica Lulu Escobar.

La finca también dispone de un pequeño taller para trabajar con las manos en el que no es infrecuente ver, por ejemplo, a programadores informáticos después de una jornada de trabajo frente a sus ordenadores.

Sentido comunitario

La convivencia diferencia a Pas Rural Coliving de otros espacios de alojamiento para teletrabajadores. No se trata solo de compartir un lugar donde dormir y trabajar, sino de habitar un espacio con valores que favorecen un ambiente acogedor como el que se respira en un entorno familiar y que predispone a la creación de nuevos contactos profesionales y, sobre todo, de nuevas amistades.

Las mañanas transcurren con una dinámica similar a la de una oficina compartida. Desde primera hora, los residentes se reparten por las salas de coworking, las mesas de las zonas comunes o sus propias habitaciones. Cada cual mantiene su horario laboral, con reuniones online y llamadas internacionales, hasta la hora de comer.

Dos usuarios de una de las cabañas de Pas Rural Coliving. FOTO: EUKENE OQUENDO

Dado que no hay servicio de comidas, cada teletrabajador aporta una cantidad a la cesta de la compra y se compromete a cocinar para varias personas en un determinado día de la semana. Esta estrategia, además de reflejar la generosidad de los residentes, permite un intercambio cultural y gastronómico que, de otra manera, sería impensable. Escobar lo valora especialmente: “Todos paramos lo que estamos haciendo para cenar juntos”, y deja constancia de que “los residentes se esmeran en cocinar bien, porque lo hacen al servicio de los demás”.

Esta práctica cotidiana se extiende a otras labores domésticas como la atención de las gallinas, el mantenimiento de las zonas ajardinadas y el huerto o la cosecha de los frutales repartidos por la finca.

Un proyecto que colabora con los vecinos

Desde su apertura, Pas Rural Coliving ha trabajado para enraizarse en la vida del valle y hacer partícipes a los vecinos en las actividades que organizan o apoyan. Una de las más recientes ha sido la segunda edición de Karma Kitchen, un evento gastronómico organizado en colaboración con Espacio Ubuntu, que tuvo lugar en La Bodega de Villegar y que busca sensibilizar sobre la importancia de la economía basada en la generosidad.

Gracias a él, un grupo de jóvenes surcoreanos compartieron su cultura culinaria en una cena en la que los comensales contribuyeron en función de sus posibilidades económicas y disfrutaron de un intercambio cultural en el que se superó sin problemas la barrera idiomática. “En la mesa se juntaron un centenar de personas de distintas edades y culturas. Fue muy enriquecedor”, subrayan los creadores de la empresa, que no se conforman con los logros conseguidos. Consideran que su proyecto tiene potencial para generar aún más riqueza en el medio rural y se muestran receptivos a incorporar nuevas líneas de colaboración con emprendedores locales, organismos y entidades que casen con sus principios de innovación social, los mismos que aplican a Hola Ghana, una asociación sin ánimo de lucro creada por ellos mismos que está construyendo un centro de Educación Primaria en una zona de ese país africano en la que residen 15.000 niños.

David Pérez

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