La Muda: Nómadas en bicicleta por los Valles Pasiegos
El proyecto de ‘bikepacking’ está inspirado en la tradición ancestral de la trashumancia
Iván Diego Arroyo ha diseñado una ruta ciclista por los Valles Pasiegos que reinterpreta la trashumancia para atraer un turismo sostenible y desestacionalizado a uno de los territorios más despoblados de Cantabria. El proyecto arrancará en otoño con un evento de ultradistancia que propone recorrer 600 kilómetros en autosuficiencia total durante una semana.
Durante siglos, las familias pasiegas vivieron en movimiento. Cada primavera cargaban sus enseres, reunían el ganado y ascendían a los pastos de altura, las brañas, en busca de hierba fresca. Cada otoño volvían a bajar. Lo hacían una y otra vez, generación tras generación, con una autosuficiencia que hoy resulta impensable. A ese movimiento lo llamaban la muda, o cambio de lumbre, porque literalmente cambiaban de hogar. Ahora, Iván Diego Arroyo, pasiego de nacimiento, ha impulsado un proyecto para recorrer esos caminos en bicicleta con ese mismo espíritu: llevar solo lo esencial y adaptarse al terreno.
La Muda es un proyecto de turismo ciclista basado en el bikepacking, una modalidad que consiste en viajar en bicicleta con apenas unas bolsas atadas al cuadro, sin alforjas ni carga innecesaria, y que se realiza con bicicleta de gravel o de montaña.
A diferencia del cicloturismo convencional, en el bikepacking prima la autosuficiencia, y La Muda propone hacerlo recorriendo los Valles Pasiegos siguiendo la huella de esa tradición ancestral. No se trata de una ruta señalizada al uso ni un circuito para un paseo en bicicleta familiar de domingo. Es una experiencia que exige cierta preparación física, mentalidad aventurera y disposición a dormir donde se pueda. Pero también es una apuesta por un modelo de turismo desestacionalizado que genere riqueza en uno de los territorios más despoblados de Cantabria sin destruir lo que lo hace único.
Iván nació en los Valles Pasiegos en los ochenta. Como tantos jóvenes de la comarca, se fue a estudiar a Ciudad Real y luego a trabajar fuera. La bicicleta, que había sido su medio de transporte entre pueblos, quedó aparcada durante años. La retomó en 2015 como complemento al trail running, a correr por la montaña. Dos años después, una caída le rompió una pierna y le devolvió a Cantabria para recuperarse. Entonces decidió quedarse. Dejó de correr y la bicicleta pasó a ser su deporte principal. Con el tiempo, también ha sido el hilo conductor de su proyecto empresarial.
Iván no es el perfil habitual del emprendedor que detecta un nicho de mercado y monta una empresa. Es alguien que conoce el territorio desde dentro, que lleva años pedaleando por él y que un día decidió que lo que hacía por placer podía tener un impacto positivo en la comarca. “El proyecto nace de una alineación entre mis hábitos, mi forma de vida y mi propio ser”, destaca. “Creo que puede tener un impacto muy positivo para el territorio, para quien viene de visita y para quien es visitado”, resalta.
Su iniciativa propone un paralelismo con esa trashumancia vertical que practicaron las familias pasiegas durante generaciones. Al igual que ellas, el viajero parte con todo lo que necesita encima, sin asistencia externa, confiando en su propia planificación, y recorre los senderos entre cabañas centenarias. “Al final de la aventura habrás mudado de piel”, avanza. “Muy probablemente no seas la misma persona que inició el viaje, que es lo que suele pasar en este tipo de experiencias”, añade.
Los Valles Pasiegos tienen todos los ingredientes para practicar el bikepacking y “permite hacer rutas de todos los niveles”, asegura Iván. Pone como ejemplo la Vía Verde del Pas, un recorrido llano, apto para cualquier nivel, que puede servir de puerta de entrada a este tipo de turismo.
Una prueba de 600 kilómetros por los Valles
La primera fase del proyecto, y la más ambiciosa de momento, es la organización de un evento de ultradistancia: un recorrido de unos 600 kilómetros por los Valles Pasiegos, diseñado para hacerse en total autosuficiencia durante una semana. Habrá quien lo haga en ese plazo y habrá quien lo comprima en dos o tres días sin dormir. No hay etapas fijas ni asistencia de la organización. Cada participante decide su ritmo, sus paradas y dónde pasa la noche. “Habrá quien lo haga buscando alojamientos y habrá quien lo haga durmiendo a la intemperie”, avanza Iván.
Los aventureros viajarán con lo justo: bicicleta y bolsas al cuadro. Comerán y dormirán siguiendo el pulso del camino
El evento está previsto para octubre. “En verano ya comienza a haber signos de masificación y no es fácil encontrar alojamiento”, justifica. Una vez celebrada esta cita, el recorrido se liberará para que cualquiera pueda hacerlo con toda la información publicada en la web. Es ahí donde La Muda se convierte una actividad permanente que tiene como objetivo generar un flujo de visitantes a lo largo de todo el año.
Como herramienta de apoyo para quienes no tienen experiencia en este tipo de actividad, además de la página web (lamuda.bike), se desarrollará una aplicación móvil, con información cultural y de servicio.

También habrá paquetes para grupos, en colaboración con otros emprendedores locales: una guía especializada en viajes para mujeres y una agencia de cicloturismo recién creada. Estos paquetes sí incluirán asistencia, alojamientos concertados y acompañamiento, ya que están pensados para viajeros que quieren vivir la experiencia pero sin tener que asumir la logística completa.
El modelo y el territorio
El proyecto no requiere inversión, ya que no hay bicicletas de alquiler, instalaciones, ni plantilla. “Abriendo las inscripciones, el modelo ya puede ser sostenible”, resalta este emprendedor cántabro, que reconoce que el principal obstáculo no ha sido el financiero. “Es más una cuestión de crecimiento personal que económica”, admite.
Arroyo espera que su proyecto favorezca la aparición de nuevos servicios ligados al flujo de ciclistas y que los establecimientos de la zona encuentren un perfil de turista “con cierto concienciado que venga a aportar y no solo a consumir”.
Uno de los modelos que inspira esa visión es Montañas Vacías, una ruta de aventura ciclista por la llamada Laponia española surgida en Teruel, que su creador diseñó sin estructura empresarial detrás. El impacto ha sido tan silencioso como contundente: algunos establecimientos que se encuentran a lo largo del recorrido le atribuyen hasta un 50% de su facturación anual. Iván lo menciona con una mezcla de admiración y firmeza. Eso, dice, es lo que quiere para los Valles Pasiegos. Que alguien que lleve un bar en Selaya o tenga una cabaña de alquiler en Vega de Pas note la diferencia cuando acabe la temporada. Que la muda, la de verdad, la que realizaron los pasiegos durante siglos, encuentre en la bicicleta una forma de seguir viva.
Rubén Alonso



