Irene Coté: el arte de cortar jamón
De trabajar para una gran cadena a emprender
Después de años en una gran cadena de supermercados, Irene Coté se quedó sin trabajo de forma repentina, pero lejos de dejarse vencer por el desánimo, tardó solo unos días en emprender su aventura en solitario. Hoy, tiene una apretada agenda como cortadora de jamón, un servicio cada vez más demandado en bodas y eventos de todo tipo.
En ocasiones, expresiones populares como ‘al mal tiempo, buena cara‘ o ‘si la vida te da limones, haz limonada’ se hacen realidad, como sucede con la trayectoria profesional de Irene Coté. Trabajaba para una de las cadenas de supermercados más importantes del país, pero después de nueve años, seis de ellos en la sección de charcutería y encargándose del corte de jamón, fue despedida.
Lo que para muchos otros hubiera supuesto un enorme vacío, para Irene fue un impulso para lanzarse al mundo empresarial por cuenta propia.
“De la noche a la mañana me echaron y me dije: ¿Qué hago ahora? ¿Qué sé hacer?”, recuerda. “Y pensé en cortar jamón, porque me gusta mucho y se me da muy bien. Cuando había que cortar jamón siempre me llamaban a mí. Además, me encantan los eventos, así que lo tuve claro”.

Si se quedó sin trabajo un jueves, el lunes siguiente ya estaba haciendo un curso de emplatado en Madrid. “Sabía cortar jamón para otro tipo de cliente, pero tenía que formarme para atender bodas y eventos. No hubo ningún momento de parón. Fue una decisión radical, y me puse con ello”, recuerda Coté.
La determinación y resiliencia también son herramientas que esta empresaria ha ido adquiriendo gracias a un peculiar recorrido profesional, y es que antes de adentrarse en el sector de la alimentación, lo hizo en el de la interpretación. Irene Coté estudió arte dramático y reconoce que exponerse a la posibilidad de fracasar en cada audición, aumentó su tolerancia al fracaso, algo que la ayudó a reponerse del despido. “Si no me cogían en un casting, al principio buscaba el fallo en mí. Pero ha sido muy importante aprender que, si tu perfil no encaja algunas veces, no quiere decir que tú no valgas. Ser consciente de eso, se transformó en un motor increíble”, sostiene.
Lejos de guardar rencor por lo sucedido, se muestra agradecida. “Me gustaba mucho trabajar en el supermercado, pero mis días eran iguales. Hoy, cada vez que me suena el móvil es para algo interesante. Gracias a esa experiencia aprendí mucho, pude tocar muchos palos y salí muy cualificada. Sentí que tenía herramientas para trabajar en otra empresa o emprender”.
El auge del corte y los productos tradicionales

Esta confianza en sus capacidades se fortaleció con el apoyo de su red de allegados, los primeros en contratarla. De ahí salieron otros clientes satisfechos que solicitaron sus servicios o los han recomendado, lo que ha favorecido su rápido crecimiento.
Reconoce que su proyecto se ha visto favorecido por las circunstancias: Los cortes de jamón en directo triunfan en las bodas, donde ya son casi imprescindibles, y en todo tipo de eventos.
En poco más de un año, ha cortado jamón en los principales salones de bodas de la región, como el Casino de Santander, el Palacio de la Magdalena o el Palacio de los Acevedo. “Ha sido un verano increíble, y la Navidad igual”, afirma. También ha cortado jamón en varios eventos empresariales.
Poco a poco ha ido perfilando su modelo de negocios. Se ha formado en gestión empresarial y ha ampliado su gama de servicios, con la elaboración de vistosas cajas de alimentos surtidos que incluyen jamón, embutidos y quesos cántabros acompañados con picos de pan y distintas frutas.
“Con el corte, puedo dar uno o dos eventos al día, pero no más. Solo tengo dos manos, pero quería crecer y por eso opté por preparar cajas y mesas de degustación”, explica. Estos preparados en cajas de tres tamaños son adquiridos por sus clientes para regalar o para llevar a la oficina y a comidas. También prepara mesas de degustación para eventos y cajas de hojaldres y de encurtidos como alternativa a los dulces.
Cualquiera de estos formatos son requeridos cada vez más para despedidas, cumpleaños y reuniones particulares, aunque el mayor reconocimiento le ha llegado a través del jamón.
Desde que empezó esta aventura, Irene quedó sorprendida por la potencialidad que tiene este producto, “un gigante que mueve millones y millones de piezas” y que sigue “en completa expansión”, asegura rotunda: “Hoy en día todo el mundo quiere jamón”. Y se enorgullece de contar con proveedores de primera categoría en las cinco denominaciones de origen con las que trabaja, dependiendo del presupuesto del cliente.
Pero para tener éxito como cortadora de jamón y atendiendo eventos, no solo vale un buen manejo del cuchillo. Mucha gente confía en ella para acontecimientos muy especiales: “El buen trato, el saber estar y el respeto juegan un papel clave. Además, tienes que mostrarte con naturalidad mientras trabajas”, desgrana Coté, que incide en la importancia de no interferir en las celebraciones de las que es partícipe.
Cortar jamón, un arte
Considera todo un arte el corte de jamón y, por eso, una de sus primeras decisiones como emprendedora fue hacer una importante inversión en los mejores utensilios. “Tengo unos cuchillos maravillosos y un soporte jamonero que es como un Ferrari”, sonríe orgullosa.
Sabe que no basta con las herramientas ni con la técnica. Pasa horas en internet investigando para evolucionar y tiene sus propios referentes, como Víctor Sanchego, con casi un millón de seguidores, o Raquel Acosta, una de las mujeres que más sobresale en el corte.
Atenta a las últimas tendencias, también busca inspiración sobre decoración e ideas para sus emplatados. Y ella misma tiene una presencia activa en las redes.
Dado que con el jamón no puede recurrir a la producción local, Coté sí opta por queserías cántabras para sus cajas y mesas de quesos como los de La Pasiega, Río Deva o El Pendo, pero no dejar de recorrer las ferias de la región para seguir explorando nuevas posibilidades para ampliar sus creaciones gastronómicas.
Begoña Cueli



