Emprendedores de Cantabria

El Show de la Palabra: Aprender a hablar en público puede ser divertido

Mónica Bóbeda ha creado un espacio formativo para enseñar a comunicar a niños y profesionales

Comunicar es algo más que hablar. Son muchos los elementos que forman parte de un buen discurso: la seguridad, el control de las emociones, el lenguaje corporal, las expresiones faciales, el tono, el ritmo de la voz… Estas habilidades se pueden adquirir gracias a la formación y a la práctica, y son muy útiles tanto para el ámbito personal como para el profesional, en jóvenes o en adultos. Formar a la gente para hablar en público es el objetivo de Mónica Bóbeda en El Show de la Palabra.


Mónica Bóbeda nació en Logroño, pero lleva viviendo en Cantabria  desde que hace 16 años se casó con un santanderino, así que se considera riojana-cántabra. Aunque antes de vivir aquí no le gustaba la playa, ahora confiesa que no puede pasar sin ella. “El Show de la Palabra y todas mis grandes ideas han surgido durante mis paseos por la playa”, asegura.

Estudió la diplomatura de Asistencia a Dirección y trabajó en el departamento de exportación de una fábrica riojana de frigoríficos. Cuando se instaló en Cantabria se incorporó al departamento de marketing y comunicación de una empresa de logística, la actual XPO. Después de pasar por la atención telefónica se encargó de realizar presentaciones para el departamento comercial. En ese momento se dio cuenta de cuánto le gustaba comunicar.

Cuando concluyó su contrato, pensó que era el momento ideal para emprender su propio negocio, sin saber muy bien sobre qué: “Lo único que tenía claro es que quería crear”, afirma.

Los dos años siguientes los aprovechó para pensar hacia dónde quería dirigir su carrera profesional y formarse más. Poco a poco, gracias a varias lecturas que le ayudaron a descubrir su camino, fue surgiendo El Show de la Palabra.

Comunicar y divertirse

La mayor parte de los participantes en El Show de la Palabra hasta ahora han sido niños.

En esencia, El Show de la Palabra es un espacio formativo donde los niños y adultos viven una experiencia gracias a la cual superan el miedo escénico y desarrollan habilidades de comunicación. “No son meras clases, sino un espacio formativo donde la gente vive una experiencia de aprendizaje a la vez que se divierte”, explica Mónica.

La creatividad, la improvisación y la mejora a través de la opinión del público son los pilares fundamentales de su sistema.

Aunque en principio la riojana encaminó su idea a profesionales y empresas, aceptó el consejo de uno de sus profesores y abrió el espectro a niños y jóvenes. De hecho, la primera formación que ha impartido ha sido dirigida a un grupo de nueve niños y desde entonces, ha seguido ofreciendo cursos como asignatura extraescolar en colegios, y talleres en institutos y ayuntamientos.

Asegura que de pequeña era muy tímida y no le gustaba hablar en público y tiene claro que lo más gratificante de su trabajo es que los niños se lo pasan muy bien y aprenden a hacer discursos. “Siento una satisfacción plena con mi trabajo porque, más allá del beneficio económico, estoy ayudando a las personas”, dice.

La metodología

Está convencida de que España debería seguir la estela de países como EE UU o Inglaterra, donde la oratoria forma parte del plan de estudios. “Hablar correctamente en público es una de las diez habilidades que se piden actualmente en el mundo laboral. Lo que no se comunica no existe”, afirma, y añade rotunda que “no hay mal orador, sino falta de práctica”.

Para la experta, un buen discurso debe estar basado en un 50% en la lógica y en otro 50% en la emoción. Es decir, debe tener argumentos sólidos, datos, estadísticas, metodologías… “pero eso solo no es suficiente”. El mensaje no llega al receptor si no se le aporta emoción. “Esto se consigue aportando historias y anécdotas, humor, música o imágenes”, explica.

Durante la formación, los niños se divierten y aprenden a elaborar discursos.

Son las bases que comparte con sus alumnos durante la formación, en la que sigue tres fases, denominadas ‘Entre bambalinas’; ‘Métete en el papel’ (para los jóvenes) o ‘Documéntate’ (en el caso de adultos); y ‘3, 2, 1… Acción’.

El objetivo de los cursos de niños es que lleguen a realizar un discurso de cinco minutos. Para ello, la formación se desarrolla en diez sesiones de una hora, y los grupos deben ser de entre 7 y 12 niños, para que todos participen.

En el caso de adultos, el objetivo es prepararse para un maratón de discursos. El formato también es de diez jornadas, aunque se puede modificar dependiendo del público y de sus necesidades.

Hace apenas un mes ha creado un nuevo curso para comunicar en positivo, de tres horas de duración, a demanda de la primera empresa que ha contado con sus servicios, Palibex, una experiencia de la que se siente muy orgullosa. Pocos días después, la Cámara de Comercio también contactó con ella para impartir un curso a varios empresarios. “En el mundo profesional, como en los discursos, la constancia y el esfuerzo se ven recompensados”, subraya.

Ese esfuerzo se ve reflejado en las cifras de El Show de la Palabra. Mónica puede presumir de que, en poco más de un año, ha formado a 320 personas, en unas 200 sesiones. Aunque, como buena comunicadora, utiliza las redes sociales para mostrar su producto, hace hincapié en que la mayoría de sus clientes han llegado a ella por recomendación de otros. “¿Y qué hay mejor que un buen discurso sobre lo que uno hace?”, dice.

María Quintana

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