Un balance muy pobre

La presidenta regional ha mencionado varias veces que tiene decenas de grandes proyectos sobre la mesa, pero hasta el momento solo llevan camino de materializarse los espacios culturales que vienen de atrás, el megaalmacén de datos que se levantará en las proximidades de Santander, el parque eólico del Escudo y, quién sabe cuándo, la repotenciación de la central de Aguayo, un proyecto que se presentó ¡en 2011! o la nueva caldera de Solvay. Incluso los que dependen exclusivamente de su Gobierno, como el teleférico de la Vega de Pas, el tobogán alpino de Cabárceno o el puente entre Requejada e Hinojedo, apenas van dando pasos burocráticos, a un año de concluir la legislatura.

El balance a día de hoy es muy pobre, y lo peor es que ni siquiera conseguimos mantener lo que teníamos: dos empresas de la zona oriental se van a Vizcaya, una tan tradicional como Fluidocontrol y otra que representaba uno de las poquísimos éxitos cántabros en el campo de la tecnología y el comercio online, el de la compañía de relojes-teléfono para niños SaveFamily.

En pocos meses, la fábrica de neumáticos de Bridgestone en Puente San Miguel se ha desprendido de la mitad de sus trabajadores, un caso que en otras circunstancias hubiese originado un importante conflicto social. Telefónica, que fue una de las compañías con más plantilla de la región, solo va a conservar 60 empleados, y Teka, ahora en manos chinas, también se va a desprender de buena parte de su personal. Son pérdidas que no se compensan con nuevos asentamientos, porque Bondalti no solo ha desechado la fábrica de litio en Barreda, en la que  pensaba invertir 500 millones, sino que se está replanteando la de Portugal. Y aún habrá más decepciones en la misma comarca.

Todo ello acelera la pérdida de peso industrial de la región, después de haber logrado mantenerlo por encima del 20% del PIB cuando, en otras regiones apenas sobrepasaba ya el 10%. Por no hablar de la balanza comercial, en la que los superávits de 700 millones de euros que tenía esta comunidad han caído en un solo ejercicio a 200, lo que pone muy en cuestión nuestra estrategia exportadora.

Si el balance industrial es tan escaso con unos fondos europeos de recuperación regando de dinero el sector para modernizarlo y abrir nuevas vías de negocio, cabe imaginar lo que puede ocurrir a partir de ahora, que se acaban definitivamente.

En otro plano, la supuesta simplificación administrativa choca con evidencias demoledoras, como las tres normativas distintas que desde hace meses se solapan en materia de viviendas turísticas, lo que está obligando a cerrar muchas de ellas; la promoción de VPO no despega y de las soluciones para las casas con sentencia de derribo, como el PGOU de Piélagos que la nueva corporación iba a aprobar en meses, no sabemos nada.

Cojeamos de lo mismo de lo que cojeábamos y ahora en las dos piernas, por mucho que el buen comportamiento del empleo lo disimule. Hemos sido la única comunidad en la que el pasado año ha descendido el número de empresas creadas y vamos a ser la que menos porcentaje de los fondos europeos concedidos ejecute, lo que resulta absolutamente injustificable.

Tampoco se va a aprovechar la oportunidad que supone la adjudicación de los parques eólicos que se van a entregar a cambio de nada o casi nada, cuando el reparto de 2010 exigía aportar proyectos industriales y de I+D+i, y no por eso faltaron concurrentes. Admiramos la capacidad de Trump para poner de rodillas a quienes quieran venderle algo a EE UU, pero nosotros entregamos los mejores emplazamientos eólicos del país sin contraprestación alguna, con lo que ni siquiera sabremos con qué criterio se van a conceder unos y no otros.

El Gobierno de Saenz de Buruaga ha tenido tres años con todo el viento a favor: una gestión cómoda hasta estos últimos presupuestos, a pesar de estar en minoría; un flujo de dinero histórico, producto de la altísima recaudación de la Agencia Tributaria (que comparte con las autonomías, no lo olvidemos), un cambio climático que empuja a los turistas hacia las regiones más templadas y un mayor aprecio por los productos y entornos naturales. En unas condiciones tan favorables, la región viene creciendo cada año por debajo de la media nacional y la perspectiva no es mejor. ¿Saldrá ya del cajón alguno de esos grandes proyectos para evitarlo o los guardamos para los fuegos artificiales de la campaña de 2027?

Alberto Ibáñez

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