Círculo Empresarial

‘Valdecilla es un Rolls y debiera ser un centro de referencia internacional’

Carmen Peña, presidenta mundial de los farmacéuticos:

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Una cántabra de ascendencia y corazón, Carmen Peña, está al frente de una de las asociaciones profesionales más importantes del mundo. Es la primera mujer, en más de un siglo, que preside la Federación Internacional de Farmacéuticos, a la que pertenecen cuatro millones de profesionales de todo el planeta. Ella ha sido la invitada a la última reunión del Círculo Empresarial Cantabria Económica, donde dejó su impronta. Absoluta defensora del sistema sanitario español (“cuando se habla de otros países desarrollados, quizá no debieran considerarse tan desarrollados si se analizan sus sistemas de salud”, dice). Está convencida de que Cantabria podría sacarle mucho más partido económico a su estructura sanitaria, sobre todo de cara al Bréxit, para ofrecer unos servicios que los británicos ya no podrán obtener viajando libremente por Europa, como pueden hacer ahora.


La presidenta de los farmacéuticos de todo el mundo no es cántabra de nacimiento pero sí de todo lo demás. Su familia es campurriana y ella nació en Maracaibo (Venezuela) cuando sus padres estaban emigrados, pero viene tanto como puede a la región de origen, donde conserva una casa. Carmen Peña preside la Federación Internacional de Farmacéuticos (FIP en sus siglas inglesas) que agrupa a cuatro millones de farmacéuticos de 140 países. Es la primera mujer que está al frente en sus 105 años de historia, lo cual parecía de justicia en una profesión que es mayoritariamente femenina en todo el mundo. También es la primera persona de habla hispana que lo consigue.

Lo atribuye a que en España “la gente por encima de 40 o 45 años tiene un pobre nivel de inglés y en las organizaciones internacionales (OCDE, OMS, Naciones Unidas…) el idioma oficial es el inglés. Eso elimina a muchas personas válidas de colectivo hispano”, lamenta.

Ella no tiene ese problema y ha sabido moverse muy bien en el ámbito organizativo. Fue presidenta de los farmacéuticos españoles mucho tiempo, luego vicepresidenta de la FIP y tuvo el arrojo de presentarse a la presidencia sin padrinos, imponiéndose a rivales que se suponían mucho más fuertes, quizá porque representa una forma de entender la farmacia mucho más vinculada a una medicina personalizada, la que se hacía antes de que los medicamentos industriales desplazasen el papel de estos profesionales a una labor mucho más burocrática.

“Hasta los años 60 y 70, la figura del farmacéutico en España y en el mundo era clave. Una persona industriosa, muy preparada, que además estaba en contacto directo con el médico, porque el médico establecía el diagnóstico del paciente y acudía al farmacéutico para que le hiciese un remedio. Y entre los dos elaboraban el medicamento que ese paciente necesitaba”, explica. “Era una medicina personalizada y el farmacéutico era una pieza clave en los procesos de salud”, añade, antes de reconocer que “cuando irrumpieron los medicamentos industriales fue una ayuda brutal, porque se estandarizaron y se universalizaron, pero la figura del farmacéutico empezó a languidecer”.

A partir de los años 90 surgió una corriente que, poco a poco, volvió a reorientar el papel del farmacéutico y, en su opinión, hay una cierta vuelta a su papel del pasado, a medida que la medicina avanza por el campo de la genómica y empieza a propiciar una atención farmacológica personalizada.

‘El Brexit puede ser una oportunidad para Cantabria. Puede ofrecer servicios sanitarios a los británicos, que ya no podrán obtenerlos libremente por Europa’

Peña es una gran defensora del sistema sanitario español e incluso discute que otros países que se dicen desarrollados realmente lo sean cuando se analizan sus prestaciones en este terreno, pero está convencida de que necesita una reorientación, porque las necesidades han cambiado. “Nuestro Sistema Nacional de Salud oficialmente se puso en marcha con la Ley General de Sanidad, en los años 80, y se concibió para una sociedad de pacientes agudos, porque nuestros abuelos no vivían más allá de 60 años. Era una sociedad de agudos. Pero, gracias a la salud pública, a la protección, a la calidad de vida, a una mejor nutrición y a cuestiones en las que la farmacología ha sido clave, en el siglo XXI tenemos expectativas de ochenta y pico. Ahora estamos en una sociedad de crónicos. Detrás del envejecimiento hay una inexorable cronicidad; no veréis a nadie de más de 70 años que no esté tomando dos o tres medicamentos. No es difícil, incluso, que a partir de los 65 tome cinco o seis al día, para diferentes patologías. Gracias a eso vamos alargando los años y se está dando más vida a esos años”.

Carmen Peña, que conoce muy bien la realidad de Cantabria, donde muchos mayores de esa edad siguen prefiriendo vivir en sus casas, aunque estén solos, cree que es imprescindible que médicos y farmacias hagan un seguimiento de su medicación, “porque es muy fácil tomarse dos veces el mismo medicamento”.

El gasto en farmacia

En su intervención ante los empresarios cántabros, la presidenta de los farmacéuticos reconoció el enorme peso que tiene el gasto farmacológico sobre los presupuestos públicos.

“Los sistemas de salud tienen que evolucionar y cambiar enormemente. El 25% de los presupuestos de Sanidad están relacionados con los medicamentos. Estamos hablando de una partida muy importante para un país que, a pesar de sus agujeros económicos, mantiene un sistema universal de salud. Tenemos que convertir ese 25% en una inversión. Tenemos que reconvertir nuestros hábitos en materia de salud, y esto necesita planes, mucho control (porque estamos hablando de muchos miles de millones de euros) y mucho trabajo”.

En su opinión, es el sistema el que tiene que seguir al paciente y generar políticas preventivas para que no caiga enfermo, sobre todo en educación alimentaria y en el campo de las vacunas pero también combatiendo la falta de trabajo y el trabajo indigno “que al final lleva a enfermedades mentales y físicas y a sumir a las personas en un círculo vicioso que lo único que genera es gasto y no riqueza para el país”.

‘El 25% del gasto sanitario se gasta en medicamentos. Son muchos miles de millones y tendríamos que convertirlos en una inversión’

El mismo énfasis que pone a la hora de plantear una nueva estrategia de salud para el siglo XXI y para rentabilizar el enorme gasto farmacológico lo pone en defender que la economía de la salud puede ser una salida determinante para el futuro de Cantabria: “La salud en Cantabria es buenísima, porque tiene un Rolls Royce que se llama Valdecilla; una red de farmacias extraordinaria –y no lo diría si no lo fuera así–; centros privados, concertados… y profesionales de nivel mundial.”

Parte de los asistentes a la última reunión del Círculo Empresarial Cantabria Económica. En el centro, el director de la publicación con la presidenta de la FIP, Carmen Peña.

En su opinión, “la Cantabria de la salud debería ser un referente para el mundo y el Brexit es una oportunidad. Cuando los británicos no tengan una libre circulación de enfermos, podría ser un referente sanitario para el Reino Unido, porque somos muy competitivos”.

El hecho de que Cantabria tenga un par de fábricas farmacéuticas y una tercera en construcción también es una oportunidad, en su opinión, para afianzarse en un campo que tiene mucho recorrido, la producción de fármacos. “Nunca tendremos una industria farmacéutica Top 10, porque tienen economías de escala. Ni podremos tener a diez premios Nobel investigando durante quince años para que te saquen un fármaco, porque eso no hay quien lo aguante económicamente, pero sí hay muchos nichos de mercado, en genéricos o en biológicos –que es una figura emergente–. Claro que hay oportunidades, y más teniendo Valdecilla, que se puede aprovechar también con este fin, porque el mundo de la salud es muy endogámico”.

El futuro en los fármacos

Peña avanza que pronto veremos una nueva generación de fármacos. “Ahora mismo hay muchísimas expectativas. A nivel mundial, están en cocina medicamentos absolutamente revolucionarios, pero para ofrecerlos en las condiciones de seguridad y eficacia que deben tener, el proceso es largo. Hay un portfolio de medicamentos contra varios tipos de cánceres que están en la fase II o en la fase III que van a resultar absolutamente revolucionarios”.

A preguntas de los empresarios, la presidenta de los farmacéuticos se mostró partidaria de cambiar el concepto de paciente, incluso la palabra, que ya da por hecho de que es un mero sujeto pasivo de lo que ocurra con su salud: “Tú vas a un hospital o a un centro de salud y te haces pequeño (yo, la primera), a la hora de tomar decisiones, de pedir explicaciones, de que por favor te den tu historial farmacológico. Te da vergüenza pedir que te den una radiografía… Todo eso  se tiene que acabar. Hay que empoderar al enfermo para que él se controle, que sepa cuáles son sus responsabilidades de cara al sistema y que decida, incluso ,con quien comparte sus historiales clínicos y con quien no”.

‘Ahora mismo están en cocina medicamentos absolutamente revolucionarios’

La liberalización de las farmacias tendría, en su opinión unas consecuencias poco deseables: “En el mundo solo hay dos modelos de farmacia, el del farmacéutico independiente, dueño de una licencia administrativa, y el de las grandes cadenas. No existe un modelo intermedio. ¿Cómo se mueven las grandes cadenas? Pues lo quieren todo. Quieren tener librería, perfumería, estanco, farmacia… Quieren un sistema nacional de saud, pero luego vas y te puedes automedicar y llevarte lo que te de la gana, como si ese medicamento fuese una mercancía. No hay más modelos, y el país tiene que elegir. Nosotros, los farmacéuticos seguiremos trabajando, como dueños o como empleados, por un sueldo que a veces es más de lo que gana un farmacéutico independiente en un pueblo de 500 habitantes. Eso no te lo da una cadena que solo va a los sitios económicamente rentables”.

La presidenta de los farmacéuticos, que conoce por obligación las circunstancias sanitarias de todo el mundo, opina que pocos lugares pueden competir con el modelo español y, más en concreto, con la calidad sanitaria de Cantabria, por lo que insiste una y otra vez en que se le saque más partido, para lo que no duda en ofrecer su colaboración desinteresada.

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