‘Nosotros estamos aquí gracias a Bélgica’

Rubén Leivas y David Martínez, fundadores de Siderit

Rubén Leivas y David Martínez encontraron en Bélgica el trampolín que necesitaba Siderit, la destilería que elabora ginebra, vodka y vermut de alta calidad y de forma artesanal. Ambos gerentes revelaron en el Círculo Empresarial de Cantabria Económica el papel decisivo que tuvieron las exportaciones en la consolidación de la compañía y tienen ahora en su crecimiento, ya que el consumo de bebidas espirituosas en España está descendiendo con rapidez. No obstante, su presencia en el mercado interior está a punto de dar un salto decisivo, gracias al grupo de alimentación Calidad Pascual, que ha decidido incluir las bebidas de la empresa cántabra en su red de distribución.


Los fundadores de la destilería cántabra Siderit, David Martínez y Rubén Leivas, han demostrado a lo largo de los ocho años de actividad que los sueños pueden caber en el interior de una botella y, al mismo tiempo, sobrepasar límites y fronteras.

Tuvieron la osadía de adentrarse en una actividad tan atípica en España como la fabricación de ginebra y comenzaron produciendo 6.000 botellas anuales de forma artesanal. En estos momentos envasan 1.500 a la hora y acaba de firmar un acuerdo con el grupo de alimentación Calidad Pascual para que su brazo comercial se encargue de distribuir sus bebidas espirituosas, lo que les permitirá llegar a muchos más clientes con menos esfuerzo.

El grupo Calidad Pascual se ha prestado a distribuir la ginebra de Siderit

Invitados a dar la primera charla del año del Círculo Empresarial de Cantabria Económica, Martínez aseguró que su empresa vive un momento “muy bonito” e “ilusionante”, ya que la empresa burgalesa dispone de una red de distribución que llega a unos 115.000 establecimientos hosteleros a la semana, un auténtico cambio de dimensión si se compara con los 9.000 a los que alcanza la destilería cántabra. Una red que Siderit ha ido tejiendo cliente a cliente y provincia a provincia, con un esfuerzo titánico de quienes, al mismo tiempo, tienen que atender todos los demás procesos de la empresa.

Aunque el alcohol no formaba parte de los planes de Calidad Pascual, que se dedica a la preparación y envasado de leche y derivados, refrescos, zumos, tortillas, agua y bebidas de soja, el presidente del grupo, Tomás Pascual, se mostró gratamente sorprendido cuando conoció el proyecto de estos emprendedores y les ofreció su ayuda, algo que a su grupo puede servirle para sondear un mercado que, hoy por hoy, está reservado a unos pocos, puesto que tres multinacionales se reparten la propiedad de la mayoría de las marcas de bebidas en casi todo el planeta. Esta colaboración no compromete la independencia de Siderit, como dejaron claro sus propietarios.

El boom del gintonic

El consumo de las bebidas espirituosas parece haberse estancado en España en los últimos años, un fenómeno al que no han conseguido escapar las principales marcas.

El sector vendió en todo el país 215 millones de litros en 2018, un 1,3% menos que el año anterior. Mucho más lejos quedan los registros históricos de 2003, cuando se comercializaron 435 millones de litros.

No obstante, el burgalés David Martínez y el gallego Rubén Leivas dejaron constancia en la charla de su capacidad para detectar oportunidades en los escenarios más complejos. Leivas aseguró que esta misma desaceleración abre huecos que Siderit está sabiendo explotar. “Ahora hay más de 1.000 ginebras pero cuando el mercado deja de ser atractivo, la gente desaparece”, advirtió Leivas.

Bélgica: Un nuevo horizonte

Una de las claves del éxito de Siderit es su intuición para aprovechar el tirón de la ginebra en otros territorios europeos. “Nosotros estamos aquí gracias a Bélgica”, sentenció Leivas.

Rubén y David se conocieron a finales de los años 90, mientras el primero estudiaba Ingeniería de Caminos, Canales y Puertos y el segundo Ingeniería Agronómica en Burgos. Después, se perdieron de vista hasta que se reencontraron en torno a 2010.

Los asistentes del Círculo Empresarial de Cantabria Económica degustaron el vermut de Siderit antes de la ponencia en las instalaciones de la compañía, que están situadas en Puente Arce.

Rubén ejercía como profesor en la Universidad de Burgos y Martínez compaginaba la dirección de una empresa de jardinería y otra de formación con trabajos de ingeniería para industrias alimentarias. “Hacíamos bodegas de vino, cerveceras, embotelladoras de leche, fábricas de quesos, de yogures, mermeladas, potitos…”, enumeró.

Los efectos de la crisis económica se convirtieron en catastróficos en 2011 y 2012 y sus clientes comenzaron a menguar significativamente a medida que concluían los proyectos que tenían en marcha. Condicionados por la realidad económica del momento, materializaron una idea que llevaba años rondando por sus mentes, la de montar su propio negocio.

El hecho de haber diseñado, construido y asesorado multitud de fabricaciones alimentarias les había proporcionado la experiencia necesaria para llevar a cabo su propio proyecto empresarial. Querían enfocarse en un producto de alimentación no perecedero y de larga durabilidad y escogieron uno con muy escasa tradición productora en España (aunque sí consumidora), la ginebra y se instalaron en un local de apenas 80 m2 en Torrelavega.

El mundo de los combinados de ginebra empezaba a despegar con fuerza en el país (“cogimos la ola en el momento idóneo”, reconoció Martínez), pero la supervivencia se la deben a su primer cliente belga.

En aquellas diminutas instalaciones elaboraban 6.000 botellas al año y muchas de ellas las adquiría ese cliente. A medida que la empresa crecía, el espacio resultaba más insuficiente, por lo que tomaron la decisión de trasladarse a una nave industrial diez veces más grande ubicada en Puente Arce.

El cambio de sede no fue fácil y pudo dar al traste con la empresa. Cuando la nueva destilería ya estuvo en condiciones de fabricar, David y Rubén se vieron obligados a permanecer cerrados aproximadamente un año debido a unos “problemas de papeles”.

Por fin, en mayo de 2017 inauguraron las nuevas instalaciones, pero el haber estado tanto tiempo sin actividad les jugó una mala pasada. “Perdimos a los belgas, nuestro gran cliente, perdimos a El Corte Inglés, a Carrefour y otros más”, lamentó Martínez.

Interior de la micro-destilería en Puente Arce.

Consiguieron salir adelante gracias a otro cliente belga que, en realidad, lo que quería era adquirir vermuts. Ni cortos ni perezosos, empezaron a producir esta bebida, y de una manera que nadie había probado hasta entonces. “Hicimos el primer vermut sin azúcares añadidos del mercado”, subrayó Martínez.

Por esa capacidad innovadora en el tratamiento de las materias primas y en los procesos de producción, la empresa recibió el premio Alimentos de España. Esa filosofía innovadora también les ha llevado a ser los primeros fabricantes del mundo en hacer vodka con una base de leche.

En el interior de la destilería hay un área delimitada por unas cristaleras donde se investigan nuevos productos. “Esta cocina es donde realmente se produce la magia, es el alma de la destilería”, enfatiza Rubén.

Los problemas administrativos del traslado paralizaron un año la producción y perdieron los principales clientes

De esa cocina han salido casi un centenar de elaboraciones. Muchas se quedarán en esta fase, pero hay otras muchas que están “a punto de salir”, avanzaron.

Las fórmulas son complejas, ya que en todas ellas se emplean numerosos botánicos, pero uno de los secretos, que resulta inocultable por el volumen que ocupa en el interior de la fábrica, son las mandarinas. Siderit utiliza su piel en la ginebra, ya que aporta aceite esencial y sabor. Un ingrediente muy interesante, pero que no se puede encontrar en el mercado como tal, por lo que nadie más lo emplea.

Ellos compran las mandarinas, hacen una selección de la fruta y retiran la piel con mucha precaución. “Si le cae una gota de zumo, la piel se pudre”, afirman.

En cualquier otra actividad el subproducto sería la piel pero en la suya es la pulpa, y para no desperdiciar tanta fruta, Rubén y David dejan cajas llenas de mandarinas peladas en la entrada de la destilería para que cualquiera pueda llevárselas. Este año calculan haber regalado unos 500 kilos y no es infrecuente que los vecinos respondan a este detalle entregándoles tartas y mermeladas hechas con las propias mandarinas.

El negocio de las marcas blancas

Siderit tiene dos grandes competidores. Por un lado, las multinacionales que son las responsables del 80% de las bebidas espirituosas que se venden y, por otro, las marcas blancas. Leivas se mostró convencido de que, las empresas que están detrás de la mayoría de bebidas alcohólicas se preocupan más por el marketing del producto que por su calidad y explicó que la prioridad de estas compañías no es centrarse en una categoría de bebidas sino abarcar el mayor número posible, hasta dar con aquellas que más beneficios les reporten.

Martínez sostiene que, cada vez que su compañía aparece en los medios de comunicación surge una nueva marca más de ginebra, la mayoría de ellas, meras embotelladoras de graneles importados que no aportan otro valor que ponerle una etiqueta. Sus ventas suelen ser testimoniales pero añaden más marcas en la disputa de los limitados estantes de los bares (en la fábrica tienen una colección de más de mil ginebras distintas de todo el mundo).

Los gerentes de Siderit acompañados por uno de sus trabajadores.

Con la misma naturalidad y socarronería con la que explican su negocio lanzan una invitación a cualquiera de estos envasadores para que se pasen por Siderit y conozcan un poco más el negocio antes de lanzarse tan alegremente al mercado “y así se ahorrarán dinero”, aseguran, sabedores de que casi todas estas aventuras acaban con importantes pérdidas.

Ellos han superado ya muchos obstáculos, desde los originados por la mudanza al desplome en el consumo de ginebra, y se muestran convencidos de que el futuro pasa por otras bebidas, “porque los gustos cambian rápido”. No parecen muy atemorizados, porque dan por seguro que el nuevo boom va a ser el del whisky, y a ellos les va a coger preparados, con un buen stock que llevan años envejeciendo en unas barricas de roble dentro de la fábrica.

Si han podido fabricar ginebra y venderla en un lugar con tanta tradición como los Países Bajos y venderle su vodka a los rusos, ¿por qué no van a poder hacerse un hueco con su whisky? Por lo pronto, aseguran que el suyo superará a los de muchas marcas muy conocidas y eso, que podría parecer una fanfarronada, resulta creíble después de los premios internacionales que ha conseguido su ginebra, empezando de cero y en un país con muy escasa tradición en estas elaboraciones.

David Pérez

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