Alberto Martínez Lebeña: ‘Pocas empresas cántabras tienen tanta tecnología como nosotros ’
El director gerente de Mutua Montañesa ha sido el ponente de una de las últimas ediciones del Círculo Empresarial de Cantabria Económica
El director gerente de Mutua Montañesa, Alberto Martínez Lebeña, destacó en el Círculo Empresarial de Cantabria Económica que la entidad no solo ha conservado su independencia tras más de 120 años de historia, sino que se ha convertido en una referencia tecnológica. La digitalización de sus procesos burocráticos y la incorporación de todo tipo de tecnología médica van dirigidos a mejorar la gestión y proteger la salud de los 220.000 trabajadores cubiertos por la entidad. El ponente aseguró que la mayoría hacen un uso responsable de las bajas laborales y advirtió de que cada vez son más las causadas por problemas de salud mental y las patologías psicosociales: “Pronto superarán a las algias”, lamentó.
La Ley Dato, impulsada a comienzos del siglo XX, supuso el primer gran paso para responsabilizar a los empleadores de los daños sufridos por sus trabajadores en el ejercicio de su actividad. La norma buscaba dar respuesta a la creciente conflictividad social provocada por la industrialización y obligó a los empresarios a asumir el coste económico derivado de los accidentes de trabajo. Dado que para muchos era inasumible, surgió la necesidad de crear estructuras colectivas que permitieran compartir riesgos, garantizar el cumplimiento de la ley y ofrecer una respuesta eficaz y solidaria ante las contingencias laborales. En 1905, un grupo de empresarios, en su mayoría propietarios de minas, constituyeron Mutua Montañesa en Santander, una de las más antiguas del panorama nacional, ante el notario Higinio Camino de la Rosa.

En la primera edición del año del Círculo Empresarial de Cantabria Económica, organizada en colaboración con el Grupo Derwent y el Clúster Tera, el director gerente de Mutua Montañesa, Alberto Martínez Lebeña, señaló que la entidad se ha convertido en una referencia entre las mutuas colaboradoras con la Seguridad Social, ya que a lo largo de sus 120 años de historia ha atendido a 1,5 millones de trabajadores y en la actualidad protege a más de 220.000, de los que casi 100.000 se encuentran en Cantabria. Bajo su paraguas hay más de 35.000 empresas asociadas y 15.000 asesorías. “Somos la cuarta o quinta mutua más solvente”, aseguró, “y el año pasado atendimos a más de 50.000 trabajadores en toda España”.
El remanente, para el sistema público

Mutua Montañesa es una entidad sin ánimo de lucro. Por eso, si de su actividad anual resulta un excedente económico, una vez cubiertos los gastos derivados de prestaciones, servicios y obligaciones legales, se reinvierte en el propio sistema y una parte se devuelve a la Seguridad Social.
Sus principales fuentes de ingresos son las aportaciones que realizan las empresas y trabajadores afiliados para cubrir contingencias como accidentes de trabajo o bajas por enfermedad. El último balance de actividad, correspondiente a 2024, refleja que ese año alcanzó los 210 millones de ingresos y devolvió 1,3 millones de euros a la Tesorería de la Seguridad Social. “En los últimos cuatro o cinco años hemos devuelto 25 millones”, enfatizó Martínez Lebeña, recordando que se trata de recursos públicos y fiscalizados: “Manejamos los mejores informes de intervención”, se jactó.
Uno de los baluartes de la Mutua es su estructura territorial descentralizada. Cuenta con tres delegaciones en la región y la más reseñable es su hospital, un complejo ubicado en un lugar privilegiado del Sardinero dotado de 25 camas, dos quirófanos, un gimnasio y salas de electroterapia e hidroterapia, entre otras.
Mutua Montañesa también dispone de centros y oficinas repartidos por Cataluña, Castilla y León, Extremadura y Galicia, lo que le permite ofrecer una atención cercana incluso fuera de Cantabria. Pero el rasgo que la diferencia, según su director general, es su transformación tecnológica. “Pocas empresas cántabras tienen tanta cantidad y variedad de tecnología como nosotros”, aseguró. Él es ingeniero de telecomunicaciones de formación, y antes de estar al frente de la Mutua fue ejecutivo en multinacionales como Ericsson o Siemens.
Los avances se reflejan en todos los niveles de la organización, desde la gestión digital de las prestaciones y consultas médicas hasta el seguimiento de las recuperaciones de los trabajadores y su reincorporación al puesto.
Una muestra es un nuevo servicio de apoyo en Prevención de Riesgos Laborales que permite a las empresas solicitar entrenamientos con realidad virtual. A través de estas sesiones se recrean situaciones de riesgo adaptadas a cada sector con el objetivo de sensibilizar y capacitar a sus equipos de manera más realista sobre el entorno en el que van a desarrollar su actividad.
En ellas, los trabajadores pueden interactuar, tomar decisiones y aprender de los errores. En su amplio repertorio de escenarios de entrenamiento hay desde obras de construcción y naves de almacenaje a oficinas y entornos urbanos.

Otro de los últimos proyectos es Luka, un asistente virtual inteligente creado por la firma cántabra Idrus Soluciones para gestionar las bajas por contingencia común vía telefónica. De esta forma, libera al personal de parte de su carga de trabajo para centrarse en labores más cualificadas como la atención a los pacientes.
También se ha creado una gerramienta digital para que cualquier asesoría o trabajador tramiten los pagos de manera telemática.
El director, junto a varios miembros del órgano de gobierno de la Mutua, mostraron las instalaciones del hospital a los asistentes del Círculo Empresarial, que durante el recorrido pudieron conocer su laboratorio de Biomecánica, el único que existe en Cantabria.
En este espacio, un equipo formado por médicos, fisioterapeutas y otros especialistas, analizan la funcionalidad de la columna vertebral de los trabajadores lesionados, así como los patrones de marcha y equilibrio.
Para ello, realizan valoraciones biomecánicas, a través de un software que compara el estado funcional de los pacientes con personas sin lesiones. De esta forma, generan parámetros que ayudan a realizar exploraciones precisas y a determinar el diagnóstico definitivo.
Son solo algunas muestras del proceso de digitalización y de tecnificación en que se ha imbuido la mutua cántabra: “A día de hoy, utilizamos inteligencia artificial, agentización, robotización, gamificación orientada a la rehabilitación, diagnóstico por imagen y telepsiquiatría”, desgranó su director.
Bajas médicas y absentismo
El aumento de las bajas médicas y del absentismo laboral son dos grandes preocupaciones de las empresas en este momento. Alberto Martínez Lebeña diferencia ambos fenómenos, ya que las bajas se derivan de causas médicas y el absentismo puede responder a factores organizativos, culturales o personales, aunque comparten causas estructurales como la mejorable inversión en prevención. “El nivel de prevención de riesgos en la mayor parte de empresas cántabras es alto, pero las que no lo tienen tan alto, lo sufrirán. Cuando ocurre un accidente grave y aparece la inspección de trabajo, se dan cuenta de que tienen que invertir más en ese ámbito. En el siglo XXI no es presentable que haya trabajadores que mueren en sus trabajos”, dijo.
El director de la Mutua considera imprescindible la automatización en las empresas. A su juicio, no debe entenderse como una amenaza para el empleo, sino como una palanca para avanzar hacia una mayor especialización de los puestos de trabajo. “Si las cosas se hacen bien, las máquinas deberían asumir las tareas más peligrosas”, apuntó, consciente de la necesidad de reducir la siniestralidad laboral y proteger a las personas en los entornos más expuestos. También se mostró convencido de que esa filosofía puede optimizar también la productividad y dignificar trabajos poco reconocidos en los que el riesgo ha estado siempre presente.

El responsable de la mutua situó el envejecimiento de la población trabajadora como otra de las causas que se encuentran detrás del aumento de las incapacidades temporales. Los médicos del Hospital Mutua Montañesa constatan en la práctica clínica diaria que, a medida que los empleados acumulan años de actividad, es más frecuente la aparición de dolencias musculoesqueléticas, fatiga crónica o enfermedades que requieren periodos de recuperación más largos.
No obstante, destacó que algunos casos de absentismo se deben a un ineficiente liderazgo de los mandos intermedios de las empresas, especialmente en organizaciones donde conviven perfiles muy diversos.
Él defiende modelos más participativos, alejados de esquemas jerárquicos rígidos y adaptados a una generación acostumbrada a una mayor autonomía y a entornos de trabajo más flexibles. De hecho, se mostró convencido de que solo con ese enfoque se puede conseguir que los trabajadores se sientan parte de un proyecto común y con capacidad de decisión. “El liderazgo de los mandos intermedios tiene un impacto muy fuerte”, recalcó.
Una minoría
Ante los empresarios presentes, Martínez trató de desterrar la idea de que el trabajador es, por definición, absentista. “En toda actividad humana hay fraude”, pero no es ni mucho menos “masivo”, dijo.
Aclaró que la gran mayoría hace un uso razonable del sistema y ni siquiera llega a generar una baja médica a lo largo del año. “Entre el 80% y 90% de los trabajadores hace uso razonable”, aseguró.
Eso sí, reconoció que existe una minoría que tensiona el modelo. En muchos casos, se trata de procesos difíciles de objetivar, vinculados a patologías psicosociales o algias, en las que el dolor no siempre se corresponde con una lesión detectable mediante pruebas diagnósticas.
Aunque una parte de estos cuadros responde a problemas de salud reales y legítimos, advirtió de la existencia de una bolsa de fraude que perjudica tanto al sistema como al resto de trabajadores.
Advirtió, también, que buena parte del incremento de los días de baja que se viene registrando desde la pandemia se concentra en un porcentaje muy reducido de personas que encadenan procesos prolongados o reiterados. “Todos tenemos personal en las empresas a las que les gusta estirar la goma hasta el infinito”, admitió.

El director de la Mutua alertó de que los problemas de salud mental y los riesgos psicosociales están detrás de cada vez más bajas médicas y de que el sistema sanitario no cuenta con recursos suficientes para absorber la creciente demanda de atención psicológica y psiquiátrica, de ahí los retrasos en la valoración y tratamiento de los trabajadores.
Estas demoras, argumentó, tienen un efecto directo sobre la duración y complejidad de las bajas, de manera que, procesos que en un inicio responden a situaciones de estrés, ansiedad o conflicto laboral acaban derivando en patologías más graves y difíciles de revertir tras varios meses sin atención especializada. “El 18% de las bajas tienen una causa psicosocial”, reveló, un porcentaje compatible con los últimos informes del Servicio Cántabro de Salud, donde se refleja que el 16% de la población regional consume psicofármacos.
Ante el auge de estos problemas de salud mental, Martínez confesó que contempla empezar a contratar psicólogos y psiquiatras: “El ritmo no decrece. Va a ser la enfermedad del futuro. Ahora la principal son las algias (los dolores), pero en algún momento va a llegar a superarlas”.
Por otra parte, lamentó que la Mutua, que dispone de casi una treintena de habitaciones y hace 1.200 operaciones de cirugía al año, ha intentado varias veces sin éxito poner su capacidad asistencial excedente a disposición del Servicio Cántabro de Salud para aliviar la sobrecarga del sistema sanitario regional, pero en todas ellas esa posible colaboración se ha visto entorpecida por barreras burocráticas o jurídicas. “Llevamos dos años y medio intentando cerrar un convenio con la Consejería de Salud”, admitió con desánimo.
Multicultural
En los pasillos del Hospital de la Mutua es habitual oír acentos de toda España. “Cuando el mejor tratamiento requiere venir aquí, lo garantizamos. Para ello, estamos conveniados con el resto de mutuas y con centros externos”, explicó Martínez Lebeña.
Algunas de sus unidades asistenciales gozan de prestigio nacional como la de Mano-muñeca, en la que se atienden lesiones frecuentes en sectores donde son habituales los movimientos repetitivos, la manipulación de cargas o los traumatismos.
A día de hoy, Mutua Montañesa –la séptima en inscribirse en el Registro de la Seguridad Social– es la única de las históricas que mantiene su configuración original, al haber salido indemne del proceso de fagocitación que han vivido otras entidades y por haber sabido adaptarse a los cambios del sistema sin renunciar a su identidad.
Martínez Lebeña considera que, para mantener esa independencia, la Mutua cántabra debe seguir incorporando soluciones tecnológicas, mejorar aún más la orientación de sus servicios a las empresas y optimizar la atención a los trabajadores. “Buscamos ser una mutua muy humanista, a diferencia de otras que parece que tienen la tarea de dar latigazos al trabajador”, dejó claro.
David Pérez



