Cosme del Olmo (Bruselas): ‘Hay que seguir trabajando para que Cantabria tenga visibilidad allí donde se toman las decisiones’

Un conocimiento privilegiado de los organismos políticos y de gestión de la Unión Europea permite a Cosme del Olmo comprender la enorme importancia de contar con representantes locales en Bruselas, y diagnosticar los puntos débiles de Cantabria en ese escenario. Enamorado de la región, se encarga de coordinar las acciones de la Red de Talento Cántabro en Bélgica y no duda en defender el teletrabajo como una apuesta segura para atraer talento a Cantabria y recuperar población.


Cosme del Olmo llega puntual a nuestra cita en la cafetería del Hotel Bahía. A sus 31 años, este funcionario europeo nacido en Santander y residente en Bruselas tiene tras de sí una vida laboral trufada de experiencias en instituciones públicas locales, regionales, nacionales y supranacionales. Experto en Resolución Bancaria en la Junta Única de Resolución de la UE (SRB por sus siglas en inglés), ha tenido la oportunidad y el privilegio de estudiar en el Colegio de Europa, en Brujas, cuna del alto funcionariado europeo, y conocer los entresijos de la Administración comunitaria. Desde Bruselas ejerce además como coordinador en el Benelux dentro de la Red de Talento Cántabro en el Exterior puesta en marcha por CEOE-Cepyme. Cosme se declara enamorado de Cantabria y un firme defensor de toda iniciativa que tenga como fin impulsar el desarrollo de la economía regional y crear oportunidades para todos sus habitantes.

Realizó los tres primeros cursos de Derecho en la Universidad de Cantabria y el cuarto en la Complutense, gracias a una beca Séneca. Fue ya el curso siguiente, el último de la licenciatura —que cerró con Premio Extraordinario—, cuando tuvo la oportunidad de ir a Bolonia con el programa Erasmus, una primera toma de contacto con el exterior compartida por muchas otras personas de su generación.

Pregunta.- ¿Cómo se despertó en usted el interés por vivir en otros países?

Cosme del Olmo.- Además de ciertas ganas de vivir esa experiencia personal de maduración y apertura de horizontes, pensé que completar mi formación en otro país sería positivo para mi perfil. En mi caso, también existía la oportunidad de estudiar en Brasil o Estados Unidos a través de distintos acuerdos de la UC, pero siempre había sentido atracción por Italia, y Bolonia es la universidad más antigua de Europa, así que me llamaba especialmente la atención. Mis profesores en Santander, en especial Martín Rebollo, en cuyo criterio siempre he confiado mucho, me recomendaron estudiar allí, al ser una institución que cuenta con una gran tradición en el mundo del Derecho.

Durante aquel año pasé tanto tiempo como pude con italianos, sumergiéndome en su cultura; incluso me apunté a un grupo de teatro local, del que aún conservo amigos, y a un equipo de fútbol. De este modo, mi primera experiencia internacional resultó mucho más completa.

De regreso a España, después de un año sabático para ordenar las ideas, me matriculé en un máster en Derecho Ambiental y me mudé a Barcelona unos meses para realizar prácticas en la Agencia de Ecología Urbana, tras lo cual volví a Santander para seguir trabajando. En ese periodo gané algo más de experiencia, tanto en el sector privado como en el público, siendo becario en un despacho de abogados y en el departamento jurídico de la Consejería de Industria.

Fue entonces cuando me surgió la oportunidad de irme a Brujas con una beca Ramón Areces para cursar un posgrado en Estudios Políticos y Administrativos en el Colegio de Europa. Sabía que, tras aquello, el paso natural era Bruselas, y todo comenzó a estar más claro para mí.

P.- Después de casi cinco años en la capital de Europa, ¿cree que esas experiencias internacionales pueden fortalecer un proyecto tan complejo como el europeo?

C.O.- Establecer lazos genuinos con personas de otros lugares ayuda mucho a la integración europea. En el Colegio de Europa, por ejemplo, el espíritu de la Unión —lo que llaman l’esprit de Bruges— se respira por todas partes. Cada año, llegan al campus con ojos nuevos alumnos de más de 50 nacionalidades y todo está enfocado a que exista un intercambio cultural positivo. Salvo excepciones, debes alojarte en una residencia con otros estudiantes, y esto te permite salir de la burbuja que a veces provoca estar siempre en la misma ciudad, en el mismo país.

El proyecto europeo nació como un proyecto de paz, y la convivencia tan intensa entre personas que un día tomarán decisiones en base a intereses tal vez contrapuestos contribuye a que los conflictos en el continente se podrán afrontar con un mayor grado de concordia y buena voluntad.

“Establecer lazos genuinos con personas de otros lugares ayuda mucho a la integración europea”

Fruto de estas vivencias, ahora tengo buenos amigos en varios países distintos y, sin ir más lejos, mi pareja, que también estudió en mi promoción, es de Portugal. Antes de llegar a Brujas yo tenía muchas reservas sobre el funcionamiento de la UE, pero aquella experiencia me hizo cambiar la forma en que veo las instituciones y el proyecto europeo.

Sin embargo, es importante ser conscientes de que para una  gran mayoría de ciudadanos, esta realidad multicultural es algo todavía lejano, por lo que hay que realizar un esfuerzo para generar capilaridad europea, tanto social como puramente geográfica, aún contando con la dificultad que representa no tener un idioma común para todos los habitantes de la Unión.

P.- ¿Cuál ha sido su trayectoria desde entonces?

C.O.- Cuando concluyó el programa, recibí una oferta para trabajar en un gran despacho de abogados madrileño. Dudé hasta el último momento, pero finalmente preferí acudir a Bruselas. Suelen decir que, a veces, las decisiones importantes no las tomas tú, sino que te toman ellas a ti; y en este caso fue así. Como muchas otras personas de mi generación, he sufrido dos crisis económicas en el inicio de mi vida laboral y buscar oportunidades en otros países resulta muy atractivo a la hora de obtener experiencia de primer nivel.

Bruselas es un microcosmos muy particular donde debes empezar desde abajo. Las instituciones europeas tienen sus propias normas y es necesario aclimatarse y aprender cómo funciona todo. En mi caso, inicié mi andadura con unas prácticas en la Representación Permanente de España ante la UE. A continuación, tras unos meses en la Secretaría General de la Asociación Europea de Business Angels (EBAN), fui seleccionado para el programa de prácticas de la Comisión Europea en el despacho de Daniel Calleja, entonces Director General de Medio Ambiente y hoy director del Servicio Jurídico de la Comisión.

Tuve la gran suerte de tener desde un comienzo una visión general del funcionamiento de los servicios, cómo se desarrollan las relaciones interinstitucionales, etc. Fue lo que terminó de convencerme de la importancia del proyecto europeo, que merece mucho la pena.

Me gustaría aprovechar también para recomendar este programa de prácticas a los jóvenes que se estén planteando una carrera europea, ya que es una excelente puerta de entrada a las instituciones internacionales.

En la actualidad trabajo en el SRB, el Single Resolution Board, una Agencia de la UE con financiación independiente y autonomía organizativa. Recibí un email en el que se solicitaban abogados españoles para el caso del Banco Popular (el primero y único que ha habido desde que este mecanismo de control se creó en 2015), y decidí unirme. Se necesitaba una amplia plantilla de juristas españoles para gestionar un gran volumen de documentación y reclamaciones derivadas de este proceso, sin ser necesaria una formación específica en finanzas. Dos de los que entramos en régimen de interinidad conseguimos plaza como expertos en resolución bancaria en la oposición siguiente.

La Agencia nace de las lecciones aprendidas en la crisis financiera de 2008 y vela para que el fenómeno ‘too big to fail’, por el que se sostiene los bancos con importancia sistémica, para evitar que su caída produzca un efecto contagio y vaya en detrimento del dinero del contribuyente, como sucedió en esa crisis, con rescates que todos podemos recordar. El mecanismo de Resolución, junto con el de Supervisión y la Garantía de Depósitos, conforman la llamada Unión Bancaria. Nuestro papel en ella es asegurar que los bancos sistémicos o transfronterizos que no se encuentren en buen estado puedan mantener sus funciones críticas sin acudir al dinero público cuando las leyes concursales o de insolvencia nacionales no son suficientes.

Cosme del Olmo trabaja en la Junta Única de Resolución, una agencia de supervisión del sector bancario en la UE.

P.- A nivel personal, ¿qué le ha supuesto vivir estos años en Bélgica?

C.O.- En general, me encuentro muy bien aquí y siento que este tiempo me ha dado una mayor amplitud de miras y experiencias muy valiosas. Sin embargo, vivir fuera es complicado, más de lo que puede parecer en un principio. Salir es quizá la parte más sencilla: tienes ganas, un empuje o una cierta necesidad, y a menudo se lleva a cabo siendo joven o teniendo una motivación concreta. En ocasiones, no es un proceso que se emprenda por motivos profesionales, sino por obtener una vivencia enriquecedora, estar en contacto con otras culturas, o encontrarse a uno mismo. Pero, pasado ese entusiasmo inicial, hay pequeños elementos que pueden hacerte sentir ligeramente incómodo en comparación con la forma en que te desempeñas en el entorno ya conocido.

El proceso interno que comienza entonces es, en mi opinión, la parte difícil. Estar en otro país puede resultar duro para muchas personas, por el paulatino desarraigo y la sensación de que se pierden momentos importantes de su familia, llegando a generar un sentimiento de ausencia en algunos casos. Ya no eres totalmente de tu lugar de origen, pero tampoco del país de acogida, lo cual supone un gran reto emocional. A cambio, exponerte a situaciones de vulnerabilidad, tanto práctica como emocional, te enseña a sacudirte el miedo y a sentir que puedes adaptarte a cualquier escenario.

En este sentido, creo que una de las aportaciones más positivas que ha traído la Red de Talento Cántabro C2030 creada por CEOE Cepyme es que, al margen de generar una comunidad profesional de inmensa valía que sirve a todos los cántabros que vivimos en el extranjero, nos da la oportunidad de seguir vinculados a la región y sentir que hacemos algo por ella. En mi caso, es la primera vez que siento que Cantabria me viene a buscar.

Este proyecto toca dos puntos que me parecen vitales; uno de carácter más práctico, el de los contactos que tan útiles pueden resultar a personas que están en una fase ascendente de su carrera, y otro más emocional, el que tiene que ver con nuestro sentimiento de apego a Cantabria.

P.- Como coordinador de la Red, ¿qué otros aspectos considera especialmente destacables dentro de esta iniciativa?

C.O.- Es muy valioso el trabajo de fondo que está impulsando la Red. Este proyecto está diseñado con vocación de continuidad. Se están sentando las bases para que exista un flujo constante de talento y de ideas, para seguir generando arraigo y aprovechar todo lo que los que vivimos en otros lugares del mundo podemos aportar a la construcción del futuro de Cantabria.

La irrupción de la pandemia ha supuesto un reto para el crecimiento desde el año pasado, pero se trata de una cuestión más circunstancial que estructural. Si bien se ha podido continuar con iniciativas como CEOE Conecta (que pone en contacto a personas involucradas en la Red con directivos de empresas cántabras vinculadas a su sector de actividad), la implicación de muchos miembros en el día a día del proyecto se ha visto resentida por la ausencia de eventos presenciales. Sin embargo, es importante destacar que la Red sigue creciendo, y en el Benelux lo está haciendo de forma sostenida. Estoy seguro de que algunos encuentros cara a cara es lo único que falta para generar intercambios más profundos y conseguir que más personas sepan lo que estamos haciendo y se involucren de forma más activa.

Me gustaría mencionar también iniciativas muy interesantes que ya están dando frutos, como la Bolsa de Transferencia del Talento Cántabro o el nuevo programa de embajadores. A través de la Bolsa de Transferencia, los miembros de la Red pueden transmitir y compartir oportunidades profesionales, permitiendo ayudar a aquellos que pueden necesitar un trabajo en estos momentos complicados y facilitar a ciertos perfiles la forma de regresar a la región de la mano de empresas locales.

Los embajadores, por su parte, son cántabros con un conocimiento profundo del ecosistema empresarial del país donde viven, que pueden ofrecer información útil en cuanto a buenas prácticas y requisitos legales, laborales, contactos, etc. a compañías cántabras en fase de internacionalización.

P.- ¿Se ve volviendo a Cantabria en algún momento?

C.O.- Sí, desde luego. No creo que vaya a ser algo inmediato, pero es una puerta que quiero dejar siempre abierta. Por encima de todo, Cantabria es mi tierra, y las raíces me reclaman cada vez con más fuerza. Pero, además, Cantabria es un lugar agradable, con un contacto privilegiado con la Naturaleza y un ritmo pausado; no descubro nada nuevo si digo que es un territorio que tiene mucho potencial si se fomenta adecuadamente la dinamización del tejido productivo y social. Estoy convencido de la capacidad de nuestra región para convertirse en un lugar muy atractivo para trabajar.

El teletrabajo, del que soy un ferviente defensor, es una oportunidad histórica. Puede contribuir en gran medida a este proceso y a que muchos cántabros que viven fuera vean la forma de regresar en los próximos años, trayendo con ellos sus conocimientos y la experiencia adquirida en otros entornos sociales y laborales.

Además, si las empresas locales se posicionan con rapidez en este nuevo paradigma, esta revolución puede aprovecharse igualmente en sentido inverso. Si se consigue vencer la resistencia de ciertos lobbies y la inercia de algunas prácticas laborales más tradicionales, Cantabria podría recuperar población en el medio plazo.

P.- ¿Qué aspectos deberían trabajarse más para el futuro de la región?

C.O.- Ahora mismo —y tal vez por aquello de que cuando la única herramienta que tienes es un martillo, todo problema comienza a parecerse a un clavo— creo que uno de los mayores problemas de Cantabria es su falta de visibilidad internacional, debido a su pequeño tamaño y escaso peso poblacional. Es algo en lo que debemos seguir trabajando, ya que fuera de España es difícil encontrar a alguien a quien le suene incluso nuestro nombre. Todos los cántabros vamos por el mundo hablando con orgullo de nuestra Tierruca, pero serán necesarios esfuerzos conjuntos y coordinados de las instituciones y la comunidad empresarial si queremos que la situación cambie.

“Tener un eurodiputado cántabro sería de gran ayuda a la hora de gestionar actuaciones que nos afectan a todos”

Otra cuestión muy importante es la de las comunicaciones: no puede ser que la conexión ferroviaria con Bilbao sea tan lenta y que no sea posible viajar en tren a La Coruña, Gijón, León, San Sebastián, Burgos o Zaragoza. O que, de forma sistemática, se posponga o incluso se dé por imposible un proyecto de Corredor Cantábrico que nos comunique con el resto de las regiones del norte y nos sitúe en Europa.

Junto con las demás comunidades autónomas del norte, Cantabria debe seguir empujando para lograr tiempos de conexión más rápidos entre las capitales autonómicas y con el resto del continente, a la vez que se sigue invirtiendo en otras infraestructuras estratégicas. La nuestra es una región ubicada en el medio de la costa cantábrica, con un aeropuerto razonablemente activo y un puerto que puede seguir creciendo, algo que debemos aprovechar para ganar presencia internacional esforzándonos sin descanso.

También se debería incentivar la generación de perfiles internacionales orientados a ganar presencia en los lugares de toma de decisión, donde se juegan los partidos, dotando con becas a algunas personas para que puedan acceder con mayor facilidad a las instituciones europeas. Sin querer entrar en cuestiones políticas, tener un eurodiputado cántabro (ahora mismo no hay ninguno) sería de gran ayuda a la hora de gestionar actuaciones que nos afectan a todos y para generar un eje transversal de lo local a lo internacional.

Sin ir más lejos, varias comunidades autónomas conceden ayudas específicas para estudiar en el Colegio de Europa en Brujas, mientras que mi única posibilidad de acceso fue a través de una convocatoria nacional. No se trata de una gran inversión a nivel presupuestario y, sin embargo, puede arrojar retornos enormemente positivos en el medio y largo plazo.

La Red de Talento Cántabro cumple una función que estaba prácticamente desierta, generando un ecosistema de mecanismos de cooperación entre personas, de contactos entre profesionales y empresas, cuyos efectos ya se empiezan a ver y podremos valorar en su justa medida dentro de unos años. Como ya he mencionado antes, se busca vincular a los miembros entre sí y a Cantabria, generando beneficios a nivel personal y productivo mientras se potencia un valioso sentimiento de pertenencia.

En un mundo en el que las principales políticas económicas y líneas de actuación se deciden cada vez más a nivel transnacional, facilitar la internacionalización de empresas cántabras y contar con personas que les sirvan de apoyo en mercados clave puede resultar vital para el futuro de la región. Esta es una tarea que necesita de la aportación de todos los que amamos nuestra tierra.

José María Sáinz-Maza del Olmo

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