Rosa Casuso, directora y maestra de teatro: ‘Dicen que soy una tirana’
Por Rosa Pereda

Quería ser actriz, pero lo suyo es la dirección de teatro y la formación de actores. En el Estudio para Actores Rosa Casuso, que fundó en pleno centro de Santander en 2012, adapta, monta y dirige mucho más que las piezas de microteatro que sus alumnas y alumnos representan cada jueves: Canaliza vocaciones y ayuda a realizar sueños enseñando los conocimientos necesarios para la interpretación, y dando la oportunidad de demostrarlos ante un público escogido y creciente, que cuelga el sold out cada semana. Aforo completo.
Es un sitio con encanto, un bajo que da a un jardín en José Ramón López Dóriga, 7. Allí, un grupo de 35 alumnos sigue cada año los cursos de interpretación que imparte Rosa, y algunos incondicionales “están conmigo desde el principio, y desde antes, incluso”, revela. “Es lo más gratificante que he hecho en mi vida, por lo que aprendo y por la relación estupenda con los alumnos, aunque dicen que soy una tirana”. Pero se justifica: “Es la única fórmula”.
El teatro requiere una disciplina férrea, que se oculta detrás del glamour de la profesión, de su cara pública. El control de cuerpo y voz, de gestualidad y movimientos, de armonía en las escenas, de memoria. Le pregunto si lo de ‘la tiranía’ es por “el Método”, ya saben, Stanislavski, Lee Strasberg… Sonríe, porque es un tema recurrente en el mundillo. “Si y no”, dice. “Yo doy una formación integral, técnica. Se es actor por vocación, por ganas. Pero para expresarse en un escenario, para hacer visibles a los personajes que representas, hace falta un aprendizaje. El método Stanislavski aporta algunas técnicas que uso, pero también uso otras”.
El perfil de sus alumnos es variado. Algunos se preparan para la RESAD, la Escuela de Arte Dramático de Madrid, que selecciona a sus aspirantes con un duro examen de ingreso. La mayoría, no obstante, acuden a dar salida a su vocación de actores. Los hay muy jóvenes, otros pasan de los 70, y mayoritariamente son mujeres. Un veinte por ciento de varones, una constante en cualquier ámbito cultural, que habría que analizar, en sus causas y en sus consecuencias.
Rosa Casuso es la mujer orquesta, que selecciona los textos, los adapta, imparte clases, monta las obras y dirige. Cocinera antes que monja, actriz casi a un tiempo que directora, enseguida descubrió que su talento estaba en la dirección. “Ha sido el dilema de mi vida, pero creo que estoy donde tengo que estar”.
Con su rotunda presencia estoy segura de que se come el escenario, pero no la he visto actuar. Sí que he asistido, en Madrid, a varios de los montajes en los que ha intervenido como ayudante de dirección, un papel crucial y poco conocido, tanto en el teatro como en el cine, que coordina todos los oficios implicados, los ensayos y, muchas veces, la dirección de actores, además de cargar sobre sus hombros con el control de los tiempos y del presupuesto.
Casuso debe ser muy buena en lo suyo, porque los directores con los que ha trabajado la vuelven a llamar, empezando por Román Calleja, en la Escuela de Artes Escénicas del Palacio de Festivales de Santander, que la fichó en los montajes de una ‘Yerma’, de Lorca, y ‘El tesoro de mi marido’, de José Carlos Payá. Era 1995, llevaba cuatro años en la Escuela, y tenía 25. Había en ella una vocación feroz, pero mantenía los pies en la tierra. También sabía de cuentas, y había hecho un aprendizaje cara al público en La Conchita, la tienda de sus padres, de toda la vida, en Isabel II.
Esos montajes decidieron su carrera, porque ese mismo año se fue a Madrid, donde empezó a trabajar como ayudante de Juan Carlos Pérez de la Fuente, con un Arniches que se representó en el teatro de la Latina. Siguió con ese equipo en el Alcázar y en el María Guerrero, sede del Centro Dramático Nacional. Allí hizo la memorable función ‘Pelo de tormenta’, de Paco Nieva, el ‘San Juan’, de Max Aub, y ‘La Fundación’, de Buero Vallejo, y recuerdo las tres. Mientras, hizo cursos de interpretación con Corazza y con William Lyton, expresión corporal con Betina Weisman y el teatro de Sakespeare con Bruce Myer. Además de probar en el teatro independiente, trabajó con Narros y Vicente Aranda, entre otros. Intervino como actriz en varias funciones de teatro y en películas “pero me aburría”, confiesa, y decidió que “lo pasaba mejor en el equipo de dirección”.
En 2005 volvió a Santander y, diez años después, regresó como profesora y Jefa de Estudios a la Escuela de Artes Escénicas del Palacio de Festivales, donde empezó todo. Varios alumnos del Estudio proceden de las clases de interpretación que allí impartía, esos incondicionales de los que hablaba más arriba.
Desde su retorno, ha adaptado y dirigido espectáculos que lleva por toda Cantabria, al tiempo que dicta seminarios en la Universidad, en la Escuela de Turismo Altamira o en la Gimbernat. El último montaje es su adaptación teatral de la ópera ‘La Bohéme’, de Puccini, para el Aula de Teatro de la Universidad, que se ha representado en el Paraninfo de la UIMP, con escenografía de su compañero, el pintor Pedro Calderón.
Rosa Casuso es una de esas mujeres talentosas que han elegido regresar a Santander cuando estaba en un momento dulce de su carrera. “Volví por muchas razones. Por mi familia –son seis hermanas–, por esta ciudad hermosa, porque quería hacer algo aquí…” Y lo hace, es una de las voces más activas del Consejo Municipal de Cultura, el órgano consultivo del Ayuntamiento, y desde el Estudio para Actores Rosa Casuso colabora con productoras de cine, TV y publicidad. También da clases personalizadas de oratoria o dirige funciones como el Tenorio para el Teatro Municipal Concha Espina, de Torrelavega.
Su ejemplo invita a imaginar lo que sería contar con un teatro municipal en Santander, que potenciara todo el talento que hay aquí. Lo tienen Reinosa y Torrelavega, pero no la capital. Sería muy factible, porque hay suelo y hay dinero. Sólo falta voluntad política.



