GARO PASC: ‘Los que tienen un plan viven mejor’

DIRECTORA DE EXPANSIÓN ASR Y ESCRITORA

De una humilde infancia en un pequeño remoto de Transilvania, Garo Pasc ha pasado a dirigir un equipo de más de 400 personas y a escribir un libro sobre transformación personal. Migración, emprendimiento, éxito empresarial, quiebras económicas y una intensa búsqueda espiritual la llevaron a estudiar varias religiones y a recorrer países como India o Vietnam. Hoy, instalada en Cantabria tras más de dos décadas en Madrid, asegura que cada persona debe descubrir y decidir quién quiere ser ya que los que tienen un plan viven mejor que quienes trabajan para cumplir el plan de otros.


P.- Usted es ejecutiva de una empresa cántabra. ¿Qué le llevó a escribir un libro como ‘Soy Leyenda’?

Garo Pasc. –Llevaba años buscando las respuestas y con el tiempo comprendí que el amor, la aceptación o la conexión espiritual que siempre había anhelado no estaban fuera sino dentro de mí. He estudiado la Biblia, el Corán y el budismo, he viajado mucho y conocido culturas muy diferentes. Los viajes me enseñaron a ser más humilde, a juzgar menos y a comprender mejor a las personas. Sentí la necesidad de alejarme de todo lo conocido para reencontrarme conmigo misma. De pasar tiempo sola, reflexionando y observando mi vida desde otra perspectiva. Uno de los momentos más importantes fue mi estancia en Vietnam. Allí terminé de tomar forma al libro y me hice la fotografía de portada porque sentí que podía volver a desplegar las alas.

P.- ¿Qué mensaje quiere transmitir?

R. –El libro no pretende dar consejos. Es una recopilación de experiencias reales que marcaron mi vida y que me llevaron a cuestionarme quién era yo más allá de todos los roles que desempeñaba: madre, empresaria, líder o docente. Cada capítulo incluye una reflexión para que el lector pueda mirar dentro de sí mismo. En el fondo, es un espejo que nos invita a recordar quiénes somos realmente y a decidir conscientemente quiénes queremos ser.

Cuando empecé a escribirlo no imaginaba el impacto que tendría. La presentación, que fue en el BNS de Santander, reunió a más de cien personas y desde entonces he recibido testimonios muy emocionantes de personas que se han sentido reflejadas en sus páginas.

P.- Su vida está condicionada por su origen rumano ¿Cómo fue su infancia?

R. –Nací en Transilvania, un lugar bellísimo que aquí se conoce por el Conde Drácula. Crecí en una familia humilde y en un pueblo de menos de 800 habitantes. Era la mayor de cinco hermanas y eso me llevó a asumir responsabilidades desde muy pequeña y a tener siempre la necesidad de hacerme visible. Recuerdo que me llamaban ‘la Capitana’ porque me gustaba liderar equipos y organizar a los demás.

Con el tiempo entendí que, como tantas personas, lo que buscaba era ser vista, aceptada y querida. Siempre fui una niña diferente, con ideas que a veces le parecían extrañas a quienes me rodeaban, y poco a poco fui luchando por todos mis sueños. Un día vi una avioneta aterrizar cerca de unos campos y le dije a mi madre que algún día volaría. Tiempo después acabé obteniendo la licencia de piloto.

P.- ¿Cómo salió de ese entorno?

R.- Le dije a mis padres que no quería vivir como ellos. Eran trabajadores incansables, pero yo sentía que mi vida tenía que ser distinta. Tuve la enorme suerte de conocer a una persona que marcó mi vida: un vecino que había llegado a ser rector de la segunda universidad más importante de Rumanía. Cada vez que regresaba al pueblo para visitar a sus padres, me sentaba con él durante horas. Era profesor de Filosofía y un hombre extraordinariamente sabio que llegó a ser ministro. Fue mi primer gran referente.

Ver que alguien había salido de un pueblo tan pequeño para llegar tan lejos me hizo comprender que yo también podía hacerlo y ayudar a abrir camino a quienes venían detrás.

P. ¿Qué estudió?

R.- Quería estudiar Derecho, aunque finalmente mi camino fue otro. Antes de cumplir 18 años me quedé embarazada, así que tuve que ir a una escuela de adultos antes de cursar Administración y Dirección de Empresas y después Relaciones Internacionales, Finanzas Públicas y Recursos Humanos.

Siempre fui muy organizada. Calculaba cada paso. Aprovechaba cada oportunidad porque sabía que nadie iba a hacerlo por mí. Llegué a crear un partido político, cuando hoy en día soy apolítica; y descubrí el mundo empresarial a través de iniciativas financiadas por la Unión Europea.

P.- Los estudios fueron su salvoconducto, pero ¿qué hizo al llegar a España?

R.- Tenía 24 años y una carrera universitaria, pero muy pocos recursos. De hecho, rozaba la indigencia. No hablaba español y tuve que empezar de cero. Los primeros meses fueron muy difíciles. Trabajé cuidando a una niña y recuerdo una anécdota que me marcó mucho: su madre pensaba que yo era una persona sin formación, simplemente porque no hablaba el idioma. Como no podía expresarme, asumió que era inculta.

Aquella experiencia me hizo comprender lo fácil que es juzgar a alguien por las apariencias, Pasado un tiempo empecé a emprender en el mundo de la construcción y nos fue muy bien. Ganamos mucho dinero, pero en 2008 llegó la crisis, acumulamos deudas y lo perdimos prácticamente todo. Con ello, también terminó una gran historia de amor de muchos años de la que nacieron mis dos hijos.

P.- ¿Cómo consiguió recuperarse después de aquella quiebra profesional y vital?

R.- Fue un proceso doloroso, pero también el inicio de mi reconstrucción personal. Un día me cortaron la luz y no sabía ni cómo iba a alimentar a mis hijos. En aquel momento se me cayeron todas las máscaras: la de la empresaria, la de la líder, la profesional.

También pasé por problemas de salud muy serios; los que me rodeaban pensaron que no iba a salir adelante. Sin embargo, aquellas experiencias me obligaron a mirar dentro de mí y preguntarme quién era realmente y para qué estaba aquí. Y como siempre he sido una persona que se lanza a las oportunidades empecé a asistir a encuentros empresariales y comenzaron a surgir oportunidades, contactos y colaboraciones.

Observaba a los empresarios y pensaba: «Ellos viven de otra manera». Y llegué a una conclusión que me marcó y que hoy sigo compartiendo: los que tienen un plan viven de una forma muy distinta a quienes trabajan únicamente para cumplir el plan de otros.

P.- Y ¿cómo pasó a liderar un equipo de 400 personas como hace hoy en ASR Global Services?

R.- El liderazgo siempre ha formado parte de mi vida y con el tiempo fui construyendo equipos y proyectos cada vez más grandes. Durante más de quince años trabajé en una empresa americana y allí conocí a Sergio Ortega, una persona que también tendría un papel importante en mi trayectoria. Hace dos años surgió la oportunidad de colaborar con él, con Alfredo Pérez y con otros profesionales en un proyecto (ASR) que, desde entonces, ha crecido de forma extraordinaria. Hoy trabajamos con una estructura internacional y un equipo muy numeroso. Pero, lo que más me ilusiona no son las cifras, sino la posibilidad de crear oportunidades para otros y demostrar que los límites muchas veces están solo en nuestra mente.

P.- Después de todo lo vivido, ¿qué conclusión saca de todo este camino?

R.- Que la verdadera fortaleza nace del interior; que las crisis pueden convertirse en oportunidades y que el verdadero poder surge cuando uno se conoce a sí mismo. Hoy sé que no necesito máscaras para sentirme valiosa ni pertenecer a ningún grupo para saber quién soy realmente. Todo lo vivido me ha traído hasta aquí; la vida no consiste en evitar el sufrimiento, sino en descubrir qué hacemos con él. Y eso es lo que intento transmitir en el libro: que incluso los momentos más difíciles pueden convertirse en el inicio de una transformación. Mi historia es la de una mujer que ha aprendido a reconstruirse, a confiar en sí misma y a vivir con propósito.

Patricia San Vicente

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