AMADA LOIS: ‘Las corseterías van a desaparecer’
AMADA LOIS, CORSETERA
Amada Lois, la reciente ganadora del Premio a la Autenticidad en el comercio que concede el Ayuntamiento de Santander, es una persona original y genuina. Unas cualidades que le hacen única en un mundo tan íntimo como el de la corsetería, que nos desnuda frente al espejo. Esa sensibilidad, unida a sus conocimientos y a una larga experiencia le ayudan a conectar emocionalmente con mujeres que se enfrentan a problemas de salud como mastectomías y escoliosis o, simplemente, con quienes buscan sentirse a gusto consigo mismas. Apasionada por su trabajo, lamenta que las corseterías vayan desapareciendo pese a que son imprescindibles para esculpir el cuerpo y darle armonía.
P.- ¿Cómo se convirtió en corsetera?
R.- Soy hija de comerciantes, aunque casuales. De Granada y Ferrol, aunque hemos vivido aquí desde el año 64. Mi padre era jugador de fútbol y mi madre estudió Empresariales, pero se dedicaba a lo que hoy en día llamaríamos control de calidad. Era asesora para varias marcas de moda y, gracias a ella, conocí el textil de Barcelona desde la base, ya que antes toda la industria estaba allí. Me salieron los dientes en ello, y me acabé marchando a Barcelona para estudiar patronaje industrial. También he llevado muestrarios de moda y lencería a las tiendas, dos mundos que están unidos, y me he dedicado a la corsetería toda la vida. Solo probé un par de años con la decoración, pero después volví, porque me encanta. Primero en la calle Cuesta y después en la calle Rubio, donde ya llevo 18 años. He atendido a generaciones enteras desde que se compraron su primer sujetador, tengo incluso bisabuelas que vienen con sus bisnietas.
P.- ¿Qué es lo que más le gusta?
R.- Mi trabajo en general. Siento que no vengo a trabajar, y con eso digo todo. Es lo que me gusta hacer y no entiendo la vida sin ello. Soy corsetera y me reafirmo en ello porque la corsetería es la escultura del cuerpo y te da una capacidad de creación enorme. Ese es su fin: regular la armonía y para eso hay que ver a una persona al desnudo y no detrás del mostrador. La ropa interior es lo primero que entra en contacto con nuestra piel y no solo es algo estético, ya que todo empieza por dentro y después emana hacia afuera. Yo vendo ropa interior y ese es un espacio donde lo interno aflora. Hay personas que no quieren mirarse al espejo y yo trato de que se sientan bien y se acepten. El paso del tiempo es muy puñetero y hay momentos vitales en los que tenemos que reinventarnos. Cada uno tiene su sentido del pudor, pero aquí nos desnudamos.
P.- Ese aspecto de su trabajo es especialmente importante en el caso de mujeres que se enfrentan a situaciones difíciles como un cáncer de mama …
R.- Así es, suelo atender a mujeres que han pasado por una mastectomía, para las que el aspecto estético es fundamental. Después de librarse del mal, queda la otra parte, la reconstrucción, y tienen que verse bien. La extirpación de un pecho es una mutilación que las mujeres sentimos de una manera muy interna porque nuestras tetas son algo muy importante para nosotras. Por eso, dentro de la desgracia, deben saber que van a quedar perfectas. Yo las enfrento al espejo y las acompaño en todo el proceso cuando no se quieren ni mirar. En otras enfermedades como la escoliosis, por ejemplo, la clave es que puedan ser autónomas para ir al baño o vestirse solas. Es ahí donde intervengo yo, de forma artesanal, para que no tengan que depender de nadie.
P.- ¿La corsetería médica ha avanzado lo suficiente?
R.- Mi sensación es que hay poco interés por este asunto entre el personal sanitario. No se preocupan por el después de las cirugías y, en ocasiones, los pacientes están poco asesorados. Yo no me he sentido escuchada. Cuando he acudido a convenciones solo he encontrado a los ingenieros que hacen las prótesis, pero no a los médicos, que están más alejados de la realidad. Hay que controlar mejor el peso de las prótesis, que repercute sobre la salud del hombro o de la espalda. Y, a veces, después de una operación, recomiendan unos sujetadores que yo me hago cruces, porque existen opciones mucho más livianas o que dan menos calor.
Es curioso, porque la corsetería en general es una industria que siempre ha estado en manos de hombres. Cada vez hay más mujeres, pero nuestras bragas las fabrican hombres.
P.- Usted también vende lencería sexy. ¿Son artículos en auge?
R.- No, la lencería ya no está de moda. No hay demanda, y a nivel internacional han cerrado muchas firmas. Creo que se han confundido las cosas. La feminidad ha quedado obsoleta cuando es clave para el mundo de la moda, que se basa en el juego eterno de la seducción. En una pareja es muy necesaria la conquista diaria, no solo hay que ser compañera o madre; al jugar nos evadimos y volvemos a ser niños. En eso siento que las mujeres ya no buscan un compañero de vida, como en mi generación, sino un proyecto familiar. Antes nadie llevaba fajas ni ropa interior beige mientras que ahora es lo único que hay, ¡la anti-lujuria! Es curioso porque nunca se ha visto tanto exhibicionismo público con las redes sociales y, sin embargo, en la intimidad parece que da igual llevar las bragas viejas o desteñidas.
P.- ¿Cada vez gastamos menos en ropa interior?
R.- Sí, pasa igual que con los alimentos, que cada vez comemos peor. Tiene mucho que ver con la moda de lo ecológico y el uso de materiales orgánicos, que es una tomadura de pelo, ya que nos acabamos poniendo sobre la piel prendas que proceden de botellas de plástico recicladas. Hay licras que se rompen en seis lavados y prendas que llevan etiquetas 100% algodón que retienen la humedad y son malas para nosotras. La gente no es consciente de que la ropa interior que va sobre nuestra piel debe ser de buena calidad, como los zapatos. Luego nos quejamos de que cada vez hay más dermatitis…
P. Mala pinta tiene entonces el futuro de su sector…
R.- Sí, las corseterías se cerrarán. Lo que quiere la industria es uniformarnos a nivel global y solo van a quedar franquicias. En la moda ya no hay tribus urbanas como hubo siempre, porque todo el mundo quiere ir igual. Por otra parte, las corseterías necesitan mucha más inversión que una tienda de ropa y requieren especialistas, porque la clave de la corsetería es el asesoramiento. Además, el 98% de la mercancía tiene que pasar por taller para adaptar las medidas a la clienta y no es fácil encontrar a personas que sepan desmontar y volver a montar una pieza, y menos en Cantabria, donde no existe una tradición de costura como en Galicia. Yo no cojo más trabajo porque me falta gente formada que pueda hacerlo.
P.- Le han entregado el Premio a la Autenticidad en el Comercio de Santander. ¿Cómo lo ha recibido?
R.- Me ha hecho mucha ilusión. Yo hago gala de este valor, la honestidad, porque me parece uno de los más importantes de la vida en todos los sentidos: personal, familiar, empresarial… Da igual lo que hagas, todos nos podemos equivocar, pero la honestidad es lo que debe regirnos siempre, hasta para meter la pata.
Estoy constantemente formándome para no quedarme atrás, por eso, cuando veo a niñas de 13 años que continúan pasando por mi establecimiento pienso que es por algo. Tanto en el escaparate como en el interior de la tienda siempre tengo diversidad de prendas porque quiero que todo el mundo se vea reflejado.
Patricia San Vicente



