La estrella emergente del pop que surgió de un proyecto de final de carrera

La artista de origen cántabro Sofía Ellar se autoproduce y gestiona su carrera

Al concluir sus estudios de Administración de Empresas, Sofía Ellar estaba obligada a hacer un proyecto de fin de grado sobre una idea de negocio. Su iniciativa fue muy poco convencional: hacerse ella misma productora musical y cantautora, para demostrar que podía hacerse un hueco en el mercado musical. Y el ejercicio teórico se transformó en un iniciativa empresarial inédita e inesperada: se ha convertido en una cantante conocida con un público creciente y suma ya más de cien mil seguidores y millones de reproducciones en Youtube y Spotify. Sofía nació en Londres, donde estaban desplazados sus padres por motivos laborales, pero es de origen cántabro y visita con frecuencia la región, donde también ha actuado.

Acierta distancia, resulta difícil deducir que la jovencísima Sofía ‘Ellar’ Lecubarri Ruigómez (Londres, 1993) tiene más que ver con Cantabria de lo que su perfecto inglés invita a pensar. Sin embargo, sus padres son originarios de la región y se conocieron en el Club de Tenis de la Magdalena, el lugar donde nos encontramos con ella. En las distancias cortas, la cosa cambia. “Creo que se nota el arranque que tengo”, comenta reivindicando su procedencia de “sangre cántabra”. De hecho, lo que suena en sus canciones y vemos en el escenario es el resultado de sus veranos en la región, donde ha compuesto la mayor parte de sus canciones, porque para esta cántabra-londinense de apenas 23 años los meses de agosto “dan para mucho”.

Sofía Ellar no solo se ha convertido en una cantante pop con multitud de seguidores en la red sino que ha atravesado una frontera inesperada, la condición de artista-empresario o de empresario-artista al lanzarse a autoproducir su primer disco, sin haber entrado nunca antes en un estudio musical, y hacer ella misma la promoción en Internet hasta conseguir un éxito notable. Quizá sea una rareza del negocio esta cantautora graduada en Administración de Empresas o quizá le esté mostrando el camino a las próximas generaciones, porque no hay duda de que los Beatles seguirán siendo famosos en la posteridad pero nadie sabe si el nuevo artista sobrevivirá a la viralidad de las redes sociales, que pueden llevar al triunfo con la misma rapidez que al olvido.

Sofía Ellar, su nombre artístico como cantautora, es el resultado de un trabajo universitario llevado con absoluta profesionalidad, el que le exigían para concluir el grado. En ese sentido, es “su producto”, aunque le horroriza que la consideren como tal, como un mero producto mercantil.

P.– No sé si eres una empresaria o una cantante. ¿Por qué hiciste Administración de Empresas (ADE) y en qué momento te convertiste en artista?

Sofía Ellar.- Hice ADE porque realmente no tenía una vocación, como la del que quiere ser médico o veterinario. Me decanté por esto porque es una carrera que te da muchas salidas. Al final, siempre hay una empresa detrás de todo. Fuera cual fuese lo que quisiera hacer, tener algo de conocimiento del mundo empresarial no me iba a venir mal. Y cuatro años estudiando sobre la empresa desembocan en una tesis de fin de grado donde fundí esos números en un proyecto musical que ni sabía qué se iba a llamar Sofía Ellar. Todo lo que fui escribiendo en ese montón de papeles es lo que ha hecho que este proyecto funcione y salga adelante. Para dar credibilidad a ese proyecto de fin de grado, empecé a meterme cada vez más en él, sin pensar que luego lo iba a hacer real. Fui dando pasos: registré el nombre; me reuní con un representante que me explicó cómo funciona la industria discográfica o, al menos, cómo funcionaba antes; luego traté de inventar un modelo de negocio nuevo, porque eso era lo que me pedían en mi Universidad, que buscara un market gap, un hueco dentro de una industria y que crease algo. Como a mí siempre me ha gustado cantar y he escrito desde bien pequeña, me di cuenta de que había una oportunidad de negocio por la forma en que ha cambiado el mundo de la música; vi que era el momento oportuno para plantear este modelo de artista más independiente.

P.- Hiciste un videoclip con una de tus canciones, lo colgaste en tu cuenta de Instagram y empezaste a moverlo. De repente, Sofía Ellar crece exponencialmente en las redes sociales. ¿Te sorprendió?

S.E.– Yo tenía mi cuenta privada de Instagram como la puede tener cualquiera, pero para mi plan de marketing [el que le pedían en su proyecto de fin de carrera] necesitaba mostrar unas estadísticas y acreditar que este proyecto tenía seguidores. Así que decidí preparar la cuenta para abrirla al público, quitar las cosas más personales y empezar a compartir las de música. Instagram antes solo dejaba 15 segundos para compartir videos y yo iba haciendo trocitos de canciones, cosas escritas por mí, que solía hacer inglés, aunque siempre he escrito también en español. Todo fue un proceso de ensayo y error. Poco a poco, empiezas a entender las redes sociales, te das cuenta de que el domingo por la tarde es una hora buenísima para subir algo, porque tienes a la gente más tirada después del fin de semana. Empiezas a entender que las redes no dejan de ser un número y una estadística. Una vez me hice con eso, me di cuenta de que creaba una familia en las redes y que son una ventana de aire fresco que nos permite compartir nuestro talento con el mundo entero.

P.– ¿Y qué te dicen en la Universidad, a la vista de lo que ha dado lugar el proyecto?

S.E.– Es gracioso, porque me tocó entre el jurado una profesora dura y estricta que me había suspendido en estadística. Me planteé que tenía que ganármelos como fuera, así que pensé: después de exponer el trabajo, saco mi guitarra y les canto una canción si hace falta. Y no sé en ese momento qué tal les pareció. Se lo preguntaré si les vuelvo a ver. En realidad, he vuelto a mi Universidad, porque me llamaron para dar una charla por el día de la mujer emprendedora, cosa que me hizo mucha ilusión. Eso significa que algo de lo que hecho está funcionando, o empezando a funcionar, porque todavía estamos empezando.

Con su primer y único disco, por el momento, Sofía Ellar ha conseguido 118.000 seguidores y la suma de las reproducciones de sus vídeos a través de YouTube supera el millón. Una de sus canciones está dedicada a Santander y los veranos enteros que aquí paso, y se acerca a las 100.000 reproducciones.

P.– Hubiese sido paradójico que en tu Universidad no valorasen bien tu proyecto de fin de carrera después del éxito que has tenido con él en la vida real.

S.E.– Soy totalmente consciente de que en el fondo de sus corazones pensaban: “En dónde se está metiendo”. Porque había mucha gente que me decía: “Tú tienes una carrera en Administración de Empresas, no te pongas a jugar con la guitarra y métete en esto o en lo otro”. Porque, a veces, la música se concibe como un juego, y hay gente que incluso ahora me pregunta: “¿Y tú, aparte de cantar, qué haces?” Y yo trato de no ofenderme, porque rebotarte por este tipo de cosas es una perdida de tiempo, así que sonríe y sigue tu camino.

P.– ¿Encontraste apoyos para poner en marcha tu iniciativa?

S.E.– Hay mucho detrás del telón, pasan tantísimas cosas… sobre todo cuando estas intentando llevar este proyecto adelante, que no deja de ser un negocio, con lo que buenamente has aprendido en la carrera y con la ayuda de gente que te vas topando a lo largo del camino. Pero cuesta encontrar gente que se sume a tu proyecto sin querer hacerlo suyo. Tienes que dar con la gente clave, sabiendo desmembrar un negocio que tiene muchos hilos y dar un hilo a cada persona. Eso es lo más difícil, gestionar internamente y dar cada pata (los directos, las ventas digitales con Spotify, el streaming…) a quien sepa hacerlo bien.

P.– ¿Entonces, cuánta gente hay detrás de Sofía Ellar?

S.E.– Detrás está Sofía, están sus padres, porque sin ellos y sin todo el esfuerzo y el apoyo que están poniendo para que salga adelante nada de esto estaría ocurriendo. Está Vanesa, ayudando con la prensa y las entrevistas. Yo no puedo encargarme de todo, soy solo una persona. Por eso, ha costado tiempo empezar a encontrar las personas con las que empiezas a caminar, darles un papel a cada uno y que sepan cuál es la función que tiene que desempeñar.

P.– ¿Hemos pasado del ‘hazlo tú mismo’ al ‘gestiónalo tu mismo’? Porque, antes, un artista simplemente se dedicaba a su arte y alguien, por detrás, llevaba el negocio, mientras que tú haces lo uno y lo otro. ¿Recomendarías a las nuevas generaciones de artistas que primero aprendan a gestionar y luego intenten hacer lo que les gusta?

S.E.– Sí y no. En mi caso ha funcionado, porque en casa tengo un ambiente empresarial que entiende el mundo del negocio, y cuando surge un problema tienes ese colchón de experiencia. También tengo amigos que se dedican al mundo de la música y que están muy por encima de mí en número de visitas y tienen otro modelo de negocio. Ellos se dedican a cantar, a tener una sonrisa, a cuidarse, a subirse a un escenario y hacer la promo, que no es poco, porque al artista le tienen todo el día de un lado para otro –ahora la furgoneta, ahora cantar, etc.– y somos humanos. Hay distintos modelos y yo no te puedo decir cuál es mejor o peor, pero pienso que hay que entender un negocio, porque al final son tus números y es de lo que vas a vivir. Todos los artistas somos artistas porque estamos enamorados de la música, del arte. Nos toman por locos pero no nos alimentamos del aire, aunque la gente crea que todo lo vas a hacer por amor al arte. Yo creo que me ha venido muy bien esa faceta de bussiness para que no te engañen. Llega un momento en el que el proyecto se hace grande y eso hay que delegarlo, porque de lo contrario vas a morir como artista, no vas a poder seguir contando historias, pero es importante saberlo, y cuando el día de mañana eches un vistazo rápido a las cuentas digas: no, estos números no me cuadran porque durante tiempo he estado haciéndolos y a mí no me costaba tanto una alfombra o un alquiler y me la están pegando.

P.– Se suele aprender el negocio a posteriori…

S.E.– En mi caso, me preocupo tanto por los números porque los he tenido que poner yo. Cuando el dinero lo tienes que poner de tu bolsillo mides cada céntimo que inviertes. Cuando lo hace otra persona no eres tan consciente.

P.– El modelo de artista del nuevo milenio parece apuntar a una especie de influencer, que es un referente ideológico y vital para casi todo. El artista está las 24 horas hablando con sus seguidores o respondiendo a sus preguntas. Y, en tu caso, he oído que incluso haces de consultora.

S.E.– Eso es algo que, de momento, estoy llevando con mucha paciencia. Hay gente que me dice que necesito desconectar, porque eres humana. Hay fans que, como me escriben todos los días y yo les contesto, el día que no lo hago me dicen que ya no soy la misma. Y la razón es simplemente que estoy de vacaciones. Son muchísimas personas, unas 108.000, que están viendo constantemente todo lo que pasa conmigo. Y muchísimos mensajes, y yo no puedo estar todo el rato contestando. Ahora sí lo hago, pero si me dedico a contestar cosas de los fans… es que no va a haber segundo disco. Las redes son un peligro. Pueden irte muy bien si las gestionas con acierto pero siempre habrá un tonto que te diga algo. Pero hay que responderle todavía más simpática, no hay que entrar al trapo.

P.– Hay muchas empresas asentadas que no saben como manejar estas situaciones en las redes. Parece que los millenials saben cómo contestarse entre sí mejor que nadie.

S.E.– Selena Gómez dijo una cosa interesante, que “matamos con sonrisas”. Entrar al trapo de alguien que lo único que quiere es llamar tu atención… Aparte que, ¿por qué vas a contestar a un comentario negativo cuando puedes contestar a los positivos? Esos son los que se merecen tu tiempo.

Javier Ibáñez

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