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Las pocas industrias fronterizas caen como fichas de dominó Los cierres de Garoña, Velilla y Gamesa Miranda dejan un enorme páramo industrial al sur de Cantabria

Las pocas industrias fronterizas caen como fichas de dominó

Puede desarrollarse una comunidad cuando no hay nada alrededor? En el mundo hay muy pocos casos, porque la economía moderna necesita un volumen importante de consumidores y de intercambios. Santander y su puerto presumían hace décadas de tener un hinterland natural en Castilla y León, pero ¿qué pasaría si ese área de influencia se queda vacía de población y de industrias? Pues es un horizonte tan inmediato que casi se puede conjugar en presente. En poco más de tres meses se han anunciado los cierres de tres de las mayores industrias situadas en perímetro de Cantabria. La central nuclear de Garoña, en Burgos, la central térmica de Velilla del Río Carrión, en Palencia, y la fábrica de palas de aerogenerador de Miranda de Ebro eran tres oasis industriales en el inmenso páramo económico que rodea la región por casi todos sus flancos. Solo la frontera con el País Vasco ofrece una continuidad industrial y un gran centro de consumo, que es Bilbao. En los más de cien kilómetros de perímetro restante no va a quedar casi nada, a excepción del polígono industrial de Aguilar de Campoo, en Palencia, que está teniendo una influencia muy positiva sobre Reinosa y los alrededores, sobre todo las fábricas galleteras, a las que cada día acuden casi tres centenares de trabajadores cántabros.

La fábrica de palas de aerogenerador que tiene Siemens Gamesa en Miranda de Ebro, cuyo cierre se acaba de anunciar. Se había creado en 2007 pero por sus pequeñas dimensiones, ya no tenía pedidos.

El anuncio de Siemens Gamesa de que cerrará la planta de palas de aerogenerador de Miranda de Ebro (Burgos) se esperaba, antes incluso de que la compañía anunciase un drástico plan de reestructuración del que se ha librado su fábrica de Reinosa. En Miranda, Gamesa tiene 133 trabajadores y se encontraba con un problema estructural. Por sus dimensiones no puede fabricar palas de más de 40 metros de longitud y las nuevas tendencias del mercado de aerogeneradores conducen hacia aparatos de más potencia, que para mover sus rotores necesitan palas de al menos 60 metros.

 

La central palentina de Velilla del Río Carrión, a 110 kilómetros de Santander, da trabajo a 80 personas y es la principal actividad de toda la zona.

El cierre de la fábrica de Miranda ocurre apenas dos meses después de que el presidente de Iberdrola sorprendiera a todos al anunciar su intención de cerrar las centrales que lanzan más CO2 al aire, las de carbón. Eso implica la muerte de la planta de Velilla del Río Carrión, en Palencia, que se creó en la cuenca carbonífera palentina para aprovechar el mineral extraído en la zona, sin costes de transporte, aunque desde hace años funciona con el carbón importado que le llega a través del puerto de Santander. Una decisión dramática para la comarca, puesto que es la principal y casi única actividad industrial y contribuirá a despoblarla un poco más.

En Garoña ya solo habrá actividad de desmantelamiento, pero al menos eso supondrá trabajo para 120 personas durante no menos de 13 años.

La tercera ficha caída es la central nuclear de Santa María de Garoña, que desde el primer día estuvo muy ligada a Cantabria, por ser Viesgo uno de los dos impulsores y porque buena parte de la plantilla se reclutó aquí. Garoña tuvo una última oportunidad con la llegada al Gobierno nacional del PP, que revocó la orden de cierre de Rodríguez Zapatero extendiendo su autorización de explotación, pero, para sorpresa de todos, incluido el Gobierno, después de este esfuerzo político las dos copropietarias actuales (Endesa e Iberdrola) decidieron que no les interesaba la reapertura, por los gastos que iba a comportar.

Garoña no solo sostiene la economía de la zona noreste burgalesa sino que era un polo de desarrollo para el Valle de Tobalina y para la propia Miranda de Ebro, que se encuentra en las proximidades y que ahora tendrá que afrontar al mismo tiempo la pérdida de sus dos industrias más importantes, la central nuclear y la fábrica de componentes de aerogenerador. Afortunadamente para ellos, el desmantelamiento de Garoña durará al menos trece años y tendrá un coste superior a los 600 millones de euros que, durante ese tiempo, garantizan una importante actividad económica en la zona. A partir de ese momento, nada.

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