A fondo

Las consultoras se ven obligadas a reinventarse

El sector busca compensar la pérdida de procesos, como la declaración de Renta, que se han automatizado

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La pasada crisis redujo el número de firmas de consultoría en Cantabria, y las que han resistido han tenido que reinventarse, al igual que sus empresas clientes. La automatización de procesos que antes generaban mucha actividad, como las declaraciones de Renta, les ha forzado a aplicar estrategias para añadir valor a su aportación al mundo empresarial, en algunos casos creando productos de gestión y en otros ampliando sus servicios.


Entre las muchas maneras de medir el nivel de desarrollo de las em presas de una región, una de ellas podría ser la calidad de las consultoras que les prestan servicio. Porque de esa actividad auxiliar, que se despliega en múltiples ámbitos, depende en muchos casos no solo la gestión cotidiana de las empresas, sino su capacidad de adaptación a un escenario cambiante y cada vez más competitivo. La necesidad de mejorar sus procesos, de aplicar nuevas herramientas tecnológicas o de adaptarse a las normativas que regulan su actividad, son realidades cotidianas donde las consultoras tienen su campo de actuación.

Ramón Cifrián, socio del despacho HFC. FOTO: MARÍA CASUSO

La recuperación de la actividad económica también ha tenido su reflejo en el sector de la consultoría, al igual que lo tuvo en su día la durísima crisis económica que comenzó hace una década. Algunas consultoras han desaparecido y todas las que han sobrevivido se han tenido que reinventar. Ya no basta con la gestión de procesos, hay que convertir los servicios que antes se ofrecían en productos concretos, cuya ventaja perciba claramente el empresario y que permitan distinguir a unas de otras.

También han evolucionado hacia el multiservicio, abarcando todos aquellos campos que el empresario pueda necesitar, desde el asesoramiento fiscal o financiero hasta la investigación de mercados o la elaboración de planes de negocio.

Esta capacidad de adaptación ha permitido que en Cantabria sobreviva un tejido de despachos capaz de dar respuesta a las necesidades de las empresas locales. Sin embargo, no han desaparecido los riesgos, como el pequeño tamaño de muchos de ellos para hacer frente al desembarco de las grandes marcas ncionales e internacionales, o los cambios que están introduciendo las nuevas herramientas tecnológicas en el modo de prestar ciertos servicios.

Un sector atomizado

El sector cántabro de las consultoras está formado por empresas de pequeño tamaño, una atomización que le ha hecho vulnerable ante el interés mostrado por las grandes firmas por captar mercado también entre las pymes.

Sin embargo, esa amenaza no ha impulsado un proceso de concentración o de fusión de consultoras. A lo sumo, se ha producido la compra de alguna cartera de clientes a firmas que no iban a continuar, por ausencia de sucesión familiar al frente del negocio. La tendencia sigue siendo la de aumentar esa atomización, sobre todo en el campo del asesoramiento en temas fiscales. Montar un pequeño despacho es relativamente barato y muchas veces es la única salida laboral para estos profesionales.

Pero, también en ese campo, la aplicación de las nuevas tecnologías ha venido a restar valor a tareas, como las declaraciones de IRPF, que antes generaban un importante volumen de negocio. Tanto las empresas como los particulares tienen ya a su disposición herramientas informáticas cada vez más fáciles de usar, y esa automatización de procesos ha obligado a las consultoras fiscales a buscar otros modos de añadir valor a sus servicios.

En este escenario de mayor competencia y de adaptación a los cambios tecnológicos, las consultoras cántabras tratan de encontrar su propio espacio. “Yo llego a la conclusión de que los despachos medianos o pequeños nos podemos diferenciar en la proximidad al cliente”, señala Ramón Cifrián, uno de los socios de la consultora HFC. “Es decir”, explica “que estemos accesibles al cliente casi cuando él quiera y que seamos capaces de darle una respuesta rápida”.

Pedro Lanza, presidente de la Asociación de Empresas Consultoras de Cantabria. FOTO: MARIA CASUSO

Otra de las consecuencias del pequeño tamaño de las consultoras locales es su carencia de una estructura empresarial, aunque parezca algo contradictorio con la naturaleza de su actividad. El profesional que actúa asesorando a otras empresas no suele hacerlo, sin embargo, como empresario en el ámbito de su propia firma, que tiende a tener una organización muy personal. Eso implica desatender, muchas veces por falta de tiempo, aspectos claves para el desarrollo de cualquier empresa, como la planificación de objetivos, la gestión de recursos, el estudio del mercado al que se dirige  o la búsqueda de nuevos nichos de negocio. En definitiva, suelen adolecer de la falta de un gerente que se dedique por completo a la organización de su propia empresa. Las firmas más grandes son conscientes de esta debilidad y ya están dando pasos para corregirla.

Otra de las formas de afrontar la creciente competencia en el mercado cántabro es extender su actividad fuera de la región, en algunos casos con delegaciones propias y en otros con alianzas estratégicas con socios locales. De esta forma, algunas consultoras han pasado de ser empresas de servicios a diseñar y comercializar un producto específico, como ocurre con las tecnológicas. Así han conseguido expandir su área de negocio, incluso, a otros países.

La necesidad de buscar clientes fuera de la comunidad es una idea bastante compartida en el sector, aunque hay algunas áreas, como la medioambiental o la protección de datos, en las que el mercado interno debería generar suficiente carga de trabajo para las consultoras especializadas. Se trata de unas demandas derivadas de las nuevas exigencias regulatorias de la Administración, que obligan a una puesta al día de las empresas, como ocurre con la protección de datos.

Una Asociación transversal

Posiblemente ninguna otra asociación empresarial en Cantabria tenga un contenido tan heterogéneo como la de las consultoras, creada en 2006. Es tanta la diversidad de los campos en los que trabajan que costó encontrar un nexo común que les definiera como colectivo. En la única idea en la que todos se reconocen es en la aportación de valor a las empresas mediante la mejora de procesos, el aumento de la eficacia de la gestión y el desarrollo de sus capacidades.

A pesar de esa heterogeneidad “somos seguramente la asociación más unida que hay”, señala su actual presidente, Pedro Lanza, director de Idea-Gestión. “Nos comunicamos muy bien, porque, al final, los objetivos de la Asociación son representar al colectivo, reivindicar la consultoría local, establecer colaboraciones y debatir abiertamente sobre temas que afectan al progreso de Cantabria”, concluye Lanza.

La crisis ha reducido el número de consultoras en Cantabria y aunque no todas están representadas en la Asociación, las 25 que llegaron a formar parte se han visto reducidas a 13. “Tenemos las puertas abiertas a nuevos asociados”, dice su presidente, “pero nuestro objetivo no es aumentar el número de socios sino consolidar un grupo de colaboración”.

Un ejemplo de la actividad de la Asociación son las jornadas sectoriales que viene celebrando, apoyándose en la CEOE, como las organizadas recientemente por Softec o por otro asociado, Nexian.

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