A fondo

La campaña bonitera más corta

La abundancia y la cercanía, que evita los largos desplazamientos, agotan la cuota antes que nunca

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La campaña del bocarte se cerró semanas antes de que finalizase la temporada de costera, al haberse agotado el cupo nacional, y lo mismo ha ocurrido con la del bonito. La costera veraniega por excelencia suele durar hasta mediados de octubre pero el Ministerio de Pesca la detuvo el 23 de agosto, al haberse completado la cuota —15.015 toneladas— por lo que ya no volverá a haber bonito fresco hasta el verano que viene. Ha habido muchas capturas, se han hecho muy cerca de la costa y a buen precio. No podía pedirse más, pero ahora los pescadores tendrán que buscarse la vida durante dos meses, hasta que comience la campaña de la sardina.


Sin previo aviso –al menos para los pescadores cántabros–Agricultura decretó el 18 de agosto como último día de capturas, al comprobar que se había desembarcado el 88,1% del cupo nacional. Quizá por la incomodidad mostrada por las cofradías cántabras, que se quejaron de no haber sido informadas previamente, como otras, lo que hizo incurrir a los armadores en salidas interrumpidas abruptamente, el Ministerio aceptó una prórroga de cinco días. De poco sirvió a los barcos cántabros que estaban en alta mar y ya habían recibido órdenes de darse la vuelta, algunos desde gran distancia.

Ha sido la costera más rápida de la historia y una de las más multitudinarias, ya que han participado más de 300 barcos y lanchas de todo el Cantábrico  (61 de ellos cántabros), atraídos por un bonito tan cercano como abundante. Todos ellos se veían obligados a volver a puerto en mitad del verano, al gotarse los cupos, poniendo fin a una campaña magnífica y extenuante, porque, con travesías tan cortas, apenas ha habido un momento de sosiego. En pleno agosto, los mercados quedaban ya en manos del bonito congelado o del importado, que proviene de los arrastreros pelágicos franceses e irlandeses, de muy inferior calidad y nulo respeto medioambiental

Nunca se había cerrado la costera de bonito a mediados de agosto

Este año, la Secretaría de Pesca ha ordenado el cierre precautorio dos meses antes de lo que marca la tradición, para evitar lo ocurrido en 2016, cuando los pescadores españoles superaron el límite de capturas, lo que tuvo consecuencias inmediatas:Europa impuso a España una sanción y le rebajó en un 15% la cuota de 2017.

La costera apenas ha durado unas semanas, en la que se ha trabajado con gran intensidad, por la abundancia de bonito.

Esta vez las capturas se han ajustado sustancialmente al cupo (se calcula que un 97,7%), por lo que no hay temor a medidas disciplinarias, y en el caso de Cantabria la costera ha deparado 3.082 toneladas de bonito que, con un precio medio en lonja de 3,16 euros, han supuesto unos ingresos para la flota de más de once millones de euros.

El paro o la sobreexplotación

Concluida esta pesquería  tan prematuramente, los pescadores solo tienen dos alternativas hasta que empiece la campaña de la sardina, a mediados de octubre: o mantenerse inactivos casi dos meses o faenar en la costa más próxima el jurel, la caballa, la merluza, el salmonete o el pulpo, acabando de esquilmar un litoral ya sobreexplotado, en lugar de dejarlo descansar.

Cuando se cerró la pesquería de 2017, pocos días antes de su remate en octubre, quienes salieron ganando fueron los pescadores canarios, ya que se hicieron con cuatro millones de kilos, dejando el cupo temblando para los pescadores del norte peninsular, que empiezan la temporada más tarde, pero esta vez los bancos de bonito han pasado de largo por las islas y se han metido muy pronto en el Golfo de Vizcaya, algo que los pescadores atribuyen a las altas temperaturas del agua y a la recuperación del bocarte y otras especies de las que se alimentan.

Era todo lo que podían pedir las flotas cántabra y vasca que capturan el bonito a caña y con cebo vivo que transportan a bordo en tanques. Uno de estos barcos puede llegar a pescar en una sola parada de varias horas 50.000 kilos de bonito, algo impensable para los barcos de cacea que eran tradicionales en Burela (Lugo) o Bermeo y que necesitaría dos semanas para completar semejante marea.

Además de pescar más, esta vez se han encontrado el bonito cerca, lo que ha permitido reducir sustancialmente las jornadas de desplazamiento y los gastos de combustible, además de dormir muchas noches en casa.

Para el resto, las lanchas de varas y curricán, tampoco ha ido mal, pero planeaban trabajar escalonadamente hasta octubre. No obstante, ya no cabía esperar los mismos resultados que en las primeras semanas de costera, ya que el bonito se empieza a ir al fondo y no entra tan bien a las líneas como en julio.

De las volantas a la cuotas

El bonito no estaba regulado por cuotas hasta hace unas décadas. A comienzos de los 90 preocupaban las volantas francesas, que esquilmaban el mar, pero no las cuotas. Las 28.000 toneladas daban de sobra para pescar y las flotas del Cantábrico se distribuía en cuadrillas entre los paralelos 46 y 49 Norte en busca de los bancos. Una vez erradicadas las volantas, la presencia de pequeños arrastreros pelágicos hacia el final de la costera apenas incomodaba, pero la pesquería del bonito ha cambiado mucho.

En Burela, el principal puerto bonitero gallego, apenas quedan barcos que se dediquen a ello, y si su lonja sigue subastando una cantidad importante es por los desembarcos de pesqueros asturianos y cántabros, que en algunos momentos de la campaña pueden ahorrarse un día de viaje. Muchos de los armadores gallegos prefirieron pasarse a los barcos de hierro, que tienen más polivalencia a lo largo del año. El bonito está quedando para barcos pequeños. Este año, en que se ha acercado mucho a la costa, incluso para algunos con solo dos hombres, sin nevera.


Mucho bonito y a pie de casa

Los barcos más grandes han podido capturar bonito de mayor tamaño, pero ha habido para todos.

El 18 de agosto, cuando se dio la orden de cerrar la costera, la flota cántabra llevaba capturadas 2.900 toneladas de bonito, de las que 2.600 habían sido desembarcadas y subastadas en lonjas de la región, la mitad de ellas en Santoña.

La costera ha sido buena en capturas y en precios, con una media de 3,6 euros/kilo en lonja, que hubiese podido ser mayor de no haberse concentrado la oferta en unas pocas semanas. Los barcos han pescado prácticamente todos los días y se han sacado alrededor de 250 toneladas por jornada, que llenaban las bodegas de todo tipo de embarcaciones, desde los barcos con vivero a las lanchas de cacea. Incluso para los yates de particulares, alguno de los cuales pagó caro el aprovecharse de esta abundancia, al ser inspeccionado por la Guardia Civil con muchos más bonitos de los autorizados para la pesca deportiva.

Además, ha sido una de las costeras más rentables, ya que el bonito estaba muy cerca de la costa –porque también estaba muy cerca el bocarte– lo que ha supuesto un muy sensible ahorro de combustible, sobre todo si se compra con los años en que la flota tiene que acercarse a aguas irlandesas para poder capturarlo.


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