A fondo

Expertos externos para afrontar la avalancha de responsabilidades

El endurecimiento y la complejidad normativa lleva a las empresas a derivar a los despachos muchas tareas internas

En un mundo cada vez más reglamentista y con unas normas más duras, para los departamentos de recursos humanos no es fácil el diálogo con las autoridades laborales. En la fiscalidad, la Administración también actúa de una forma más agresiva, confiesa un asesor, y consejeros y propietarios de las empresas se ven afectados por inesperadas derivaciones de responsabilidades a las que han de hacer frente con su patrimonio personal. Ante estos escenarios, las empresas optan subcontratar actividades internas a asesorías y consultorías para protegerse mejor.


La maraña de la normativa laboral crea un serio problema en las empresas,  que se ven sometidas a inspecciones e incidentes disciplinarios sobre asuntos que desconocen, lo que les está llevando a dejar en manos de los despachos laborales todo aquello que no son los contratos, las nóminas o los seguros sociales. “Son materias que cada vez resultan más complejas y que, poco a poco, inducen a externalizar la gestión del personal, igual que está pasando con el abogado de empresa, los servicios informáticos o la gestión de recursos humanos”, explica Begoña Sánchez, responsable del departamento laboral de BDR.

Rodolfo Rodríguez Campos, socio y fundador de este despacho, también señala las desagradables sorpresas con que se han encontrado accionistas de empresas locales, a veces con participaciones muy pequeñas y sin relación laboral con esa compañía. De forma inesperada, se encuentran con que se le derivan deudas tributarias de la sociedad, de cuya existencia ni siquiera eran conscientes, y han visto embargadas sus viviendas. Una derivación de responsabilidades que la Administración pública está convirtiendo en habitual y que obliga a tomar muchas más cautelas para socios y consejeros de cualquier empresa, incluso las inactivas, y dejar muchas tareas internas en manos de especialistas.

Begoña Sánchez es la responsable del departamento laboral en la asesoría BDR.

La complejidad en la comunicación con la autoridad laboral o la derivación de responsabilidades societarias al ámbito personal solo son dos síntomas de una nueva realidad. En la era de la transformación digital, las empresas tienen una norma no escrita: hacer las cosas bien, al menor coste y en el menor tiempo posible; es decir, aprovechar al máximo los recursos. Y dentro de esa estrategia, centrarse en hacer lo que mejor saben (el producto o servicio que prestan) y dejar que sean otros los que se encarguen de tareas internas en las que no pueden ser muy eficientes o estar al día, por su especial complejidad legal.

Es el momento de las asesorías y los despachos especializados, que cada vez ofrecen más servicios a las empresas. El tratamiento de la fiscalidad, la gestión laboral, la defensa legal, el compliance y los recursos humanos forman parte ya de este abanico de prestaciones.

También es una cuestión de eficiencia. “La tecnología nos ha permitido transformar nuestro sector”, sentencia David González Pescador, socio fundador de la asesoría Glezco. Su empresa, en concreto, trazó hace cuatro años un plan estratégico que se planteaba un cambio de 180º en la gestión del tiempo. Antes dedicaba el 80% a los procesos y el 20% al trato con el cliente, el aprendizaje y la prestación de servicios de valor añadido. Gracias a las nuevas tecnologías, ha podido dedicar solo el 20% del tiempo a los procesos –concretamente a su control, ya que están totalmente automatizados– y el 80% a generar otros servicios de valor añadido para las empresas.

Confiar estas tareas a los despachos especializados no solo permite que las organizaciones se centren en los aspectos fundamentales de su negocio, sino que les permite acceder al personal más experto en cada área, independientemente de su tamaño.

Gracias a la tecnología y a los datos que poseen las asesorías de las empresas a través de otras labores que desempeñan –como el pago de nóminas–, empieza  a ser habitual que se encarguen de la gestión de recursos humanos, realizando evaluaciones del desempeño y del clima laboral de las compañías o la adecuación entre personas y puestos.

“Los consultores tenemos una gran ventaja: que somos el de fuera”, sentencia González Pescador, y añade que ser externo permite aportar un punto de objetividad que es difícil que emerja dentro de la propia empresa.


La facturación del sector creció un 8% el año pasado

En 2018, las empresas de consultoría que integran la Asociación Española de Consultoría han crecido un 7,9%, lo que supone casi 14.000 millones de euros, según el avance sectorial que ha dado a conocer el propio organismo. Aunque no forman parte de la agrupación todas las consultoras del país, las cifras confirman el crecimiento acelerado del sector, que lleva incrementando sus ingresos por quinto año consecutivo.

Este crecimiento revela la importancia de las consultoras como facilitadoras de la transformación digital en las que están inmersas tanto las empresas como las administraciones públicas.

Los servicios de consultoría han crecido un 7,5% y representan el 22,5% de la facturación del sector, tres puntos porcentuales más que en el año anterior, y los de outsourcing  se han mantenido en cifras similares a las de 2017 y representan un 48,2% de las ventas totales.


Trabajo telemático

Gema Uriarte, en el despacho que tiene en Santander.

A pesar del pequeño tamaño de la mayoría de las consultorías regionales, consideran que en los servicios de asesoría hay cabida para todos. “El mercado no se fija en si tienes un tamaño menor o mayor, sino en la preparación como compañía de prestación de servicios y, gracias al abaratamiento de la tecnología, los despachos profesionales tienen acceso a cualquier mercado”, asegura el fundador de Glezco.

“Las tecnologías facilitan tener clientes repartidos por todo el ámbito nacional y trabajar con ellos a distancia sin ningún inconveniente, aunque en ocasiones haya que desplazarse”, ratifica Gema Uriarte, fundadora de Uriarte & Asociados.

Ella hace años que abrió un segundo despacho en Madrid, junto al Retiro, al igual que González Pescador, que coincide en que “la presencia en Madrid es importante para atraer nuevos clientes, aunque luego la relación con ellos sea telemática”.

Ambos  cuentan con un buen número de clientes de fuera de Cantabria, y no son los únicos. La asesoría BDR también calcula que su volumen de negocio fuera de la región es de alrededor de un 40%.

En ese sentido, los despachos locales no tienen nada que envidiar a los de las grandes ciudades. De hecho, González Pescador presume abiertamente de la “repatriación” que está llevando a cabo, al contratar talentos de origen cántabro que quieren volver a la región sin renunciar a las ventajas profesionales que les ofrecen las grandes firmas internacionales afincadas en la capital.

“Aquí hay grandes despachos y gente preparadísima, si bien se trabaja de forma diferente”, expresa Uriarte. Una de las principales diferencias es que en Madrid los despachos realizan labores comerciales para conseguir nuevos clientes, cosa que no ocurre en Cantabria. “La idea del cliente llamando a tu puerta está desapareciendo. Los despachos tienen que tener una parte comercial, además de ser profesionales formados capaces de prestar gran variedad de servicios”, dice.

Aprovechando esa conjunción de tecnología, telematización y nuevos servicios, Gema Uriarte hace hincapié en el desarrollo de aplicaciones propias que está llevando a cabo su firma. Cada vez son más los despachos que trabajan en el diseño de diferentes plataformas online en las que sus clientes pueden realizar consultas en tiempo real sobre cualquier tipo de documentación.

Su empresa ya ha elaborado varias. La primera es MeInforma, y su finalidad es hacer inventarios para introducir en los balances; también cuentan con InformArte, toda una novedad, porque realiza labores de inventario, catalogación y valoración de obras de arte, a través de un perito especializado. Acaban de estrenar Procedex, que sirve para que los clientes accedan fácilmente a las modificaciones de sus expedientes, recuperen informes, etcétera.

Los valores permanecen

Sergio De Julián, socio-director de la asesoría Sersa, especialista en cuestiones de laboral, fiscal, contable financiero y mercantil.

Rodolfo Rodríguez Campos coincide en la calidad de los profesionales de la región y en el cambio que han supuesto las nuevas tecnologías en su actividad. “No solo ha afectado a la gestión en el ámbito tributario y contable, que se han automatizado, sino también en la forma de comunicarnos con clientes y con la propia Administración”, destaca.

Tanto Rodríguez Campos como Uriarte señalan que el número de visitas físicas que realizan los clientes a los despachos se ha reducido sustancialmente con las nuevas tecnologías, al igual que el tratamiento de datos en soporte papel. De hecho, ya son muchos los despachos que están apostando por la firma digital o el envío online de documentación, lo que le evita a los clientes trasladarse a sus oficinas cada vez que necesitan realizar algún trámite.

El responsable de BDR explica que la tecnología ha hecho desaparecer varios servicios clásicos de las asesorías, como la confección de contabilidades, que hoy en día es prácticamente residual. Por el contrario, surgen nuevas actividades, como la demanda que suscitan las empresas de modernizar sus procesos de gestión económica y financiera.

Por muchos cambios que se produzcan, Rodríguez Campos tiene claro que hay ciertas premisas que permanecen. Subraya que los profesionales deben seguir realizando sus labores basándose en la calidad, la excelencia y el compromiso con sus clientes. “Lo más importante es ganarse la confianza del cliente, no solo por solvencia profesional, sino también en cuanto a la honradez y al grado de respuesta en la demanda de servicios”, sentencia. Lo corrobora la opinión de Sergio de Julián, el socio fundador de la asesoría Sersa, quien asegura que “en el asesoramiento integral lo primero es conocer y escuchar al cliente. La digitalización es vital para facilitar el trabajo, pero jamás podrá sustituir al trato profesional personalizado”.

María Quintana

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