Caphaces: un proyecto industrial con impacto social
En apenas un año de andadura, la empresa cántabra Caphaces, ubicada en la antigua fábrica de Laboratorios Cantabria (ahora Cantabria Labs) en Adarzo, se ha consolidado como un proveedor industrial especializado en el envasado y empaquetado de productos cosméticos y farmacéuticos. Su gerente, Luis Díaz, destaca que la compañía cumple dos grandes misiones: satisfacer las necesidades de un cliente que exige estrictos controles de calidad y proporcionar trabajo a personas con discapacidad, un colectivo que no siempre lo tiene fácil para acceder al mercado laboral.
Una oportunidad de trabajo puede cambiarlo todo. Para una persona con discapacidad, significa mucho más que un salario. Es independencia, autoestima y la posibilidad de sentirse parte activa de la sociedad.
Con esa convicción nació hace un año Caphaces, una empresa cántabra que asume los procesos industriales que otras compañías deciden externalizar, como el envasado y empaquetado de productos cosméticos, farmacéuticos y alimentarios, y los pone en manos de quienes más dificultades tienen para conseguir un empleo.
Esta centro especial de empleo surgió gracias a la alianza entre la Fundación Cantabria Labs y la Obra San Martín, y opera en las antiguas instalaciones de este laboratorio farmacéutico en Cazoña, un espacio de más de 5.000 m2 preparado para albergar nuevas líneas de trabajo y posibles ampliaciones.

Tanto el responsable de producción, Luis Díaz, como los miembros del comité de dirección de la compañía, Laura Muñoz, Juan Fernández, Enrique Quintana y Alfonso Jiménez, se muestran satisfechos con el balance del primer año de actividad, en el que se ha proporcionado empleo de calidad a 13 personas, de las que 11 tienen discapacidad intelectual, todas ellas residentes en Santander o en el arco de la bahía. “Aquí transformamos la vida de las personas. Para la gran mayoría es su primer trabajo”, aseguran.
Una empresa viable
El funcionamiento de Caphaces no difiere del de cualquier otra industria. A primera hora, los operarios revisan la planificación semanal y, una vez asignadas sus tareas, comienza la actividad. En uno de los últimos encargos, el equipo ha inspeccionado 800.000 tapones que forman parte del envase de un producto cosmético, desechando aquellos con defectos, una tarea que exige concentración y sobre todo, estrictas medidas de higiene y seguridad. “Se ha llevado a cabo una inversión significativa en las instalaciones. Dotar a las salas de manipulado de condiciones de renovación de aire por hora es clave para cumplir con los exigentes estándares de calidad de la industria farmacéutica y alcanzar la excelencia que buscamos”, detalla Jiménez.
En otra línea, los empleados completan el envasado de productos cosméticos. Mientras un operario monta los estuches, otro pega etiquetas protectoras para su sellado. Dentro de ese equipo, una persona con discapacidad se encarga de colocar el lote en el recipiente y otra, de revisar que ninguno se quede sin él. “Ahora mismo estamos manipulando 12.000 tarros”, señala.

Luis Díaz y la integradora laboral, María García, verifican que cada fase se complete con éxito, ya que los estándares de calidad del sector farmacéutico y cosmético son inflexibles: “Si una unidad no tuviese el número de lote sellado, nos obligarían a desechar el lote completo”.
Ambos confiesan que, a nivel profesional y personal, es emocionante dirigir a un equipo tan comprometido y consciente del impacto que su trabajo tiene en la reputación de las marcas con las que colaboran, especialmente en la era de las redes sociales, donde cualquier comprador puede crear graves problemas de imagen para la firma contratante si detecta un error de manipulado. “Un consumidor puede echar el negocio al traste si no se ha visto satisfecho con la compra, y más ahora, que todos son periodistas desde su casa”, relatan.
También hay que asegurar la viabilidad del proyecto empresarial Caphaces, y para ello, detalla Fernández, es fundamental medir el rendimiento diario de los trabajadores y conocer si se van cumpliendo los plazos previstos. “Hemos construido un proyecto de empleabilidad, no de caridad”, matiza.
Una empresa viable
Más allá de las cifras, el mayor logro de Caphaces está en los rostros de satisfacción de sus empleados, que además de obtener una remuneración económica a cambio de su esfuerzo, encuentran la forma de sentirse realizados profesionalmente y conseguir una estabilidad económica con la que planificar su futuro de manera independiente. Ahora buscan ampliar las empresas clientes, conscientes de que cada vez son más las compañías que abren sus puertas a trabajadores con discapacidad, por responsabilidad social y porque han descubierto el valor añadido que aportan a los equipos. Los responsables de Caphaces coinciden en que su incorporación al mercado laboral está dejando de verse exclusivamente como un gesto simbólico y sostienen que la diversidad, cuando se gestiona con sensibilidad y rigor, enriquece tanto la cultura empresarial como la percepción externa de la marca.
‘Hemos construido un proyecto de empleabilidad, no de caridad’
Los últimos datos del Instituto Nacional de Estadística (INE) certifican que Cantabria es la segunda comunidad autónoma con mayor tasa de actividad laboral entre las personas con discapacidad (44,6%), solo por detrás de País Vasco (45,7%), todo un avance social teniendo en cuenta que hace solo dos años ocupaba la cuarta posición en el ranking nacional.
Tras un primer año de consolidación, Caphaces mira al futuro con la misma determinación con la que empezó y pretende demostrar que la inclusión puede ser competitiva. De hecho, el plan de crecimiento de la empresa contempla ampliar su cartera de clientes, diversificar mercados, y seguir ofreciendo nuevas oportunidades de empleo que empoderen a las personas con discapacidad. “Nuestro objetivo ahora es encontrar empresas que confíen en nuestra excelencia para realizar sus procesos de manipulado”, sostiene Jiménez.
David Pérez



