Aguayo: el agua convertido en un gigantesco almacén de energía

El proyecto da los últimos pasos administrativos

Uno de los proyectos de bombeo hidráulico más destacados de España es el de Aguayo II, en Cantabria. El objetivo es la repotenciación de una central hidroeléctrica de 360 Mw (Aguayo I), en activo desde 1983, en la que se instalarán nuevas conducciones subterráneas de agua y equipos que permitirían incrementar la capacidad hasta 1.360 MW. El proyecto está a punto de obtener la concesión de los aprovechamientos hidráulicos durante 50 años por parte del Ministerio de Transición Ecológica, aunque resta por establecer el régimen retributivo que garantizará la rentabilidad en el tiempo de esta enorme inversión y el mecanismo de pago por capacidad, que remunera la flexibilidad y seguridad de suministro que aportan los bombeos al sistema eléctrico.

“En esta ampliación no solo aprovecharemos los embalses superior e inferior, sino también gran parte de las infraestructuras existentes, con lo que se minimiza el impacto medioambiental de la obra”, explica Luis González, subdirector de este proyecto en Repsol. De esta forma, la central conjunta de Aguayo I y Aguayo II se convertirá en una de las mayores instalaciones de bombeo de Europa, con una capacidad para generar al año la electricidad equivalente al consumo medio de más de 500.000 hogares, y «en una infraestructura clave para la integración de los crecientes volúmenes de energías renovables que se esperan para 2030 en el sistema eléctrico español».

El bombeo hidráulico aporta casi el 85% de la capacidad de almacenamiento eléctrico instalada en el mundo. Es «una de las soluciones más viables y eficientes para el almacenamiento energético a gran escala y durante largos periodos. El bombeo proporciona una flexibilidad excepcional al sistema eléctrico en la gestión de las fluctuaciones inherentes a la generación eólica y solar para asegurar un suministro confiable y continuo», explica Carlos Gutiérrez, Gerente de Tecnología de Repsol Renovables.

Este método permite almacenar grandes cantidades de energía en forma de agua represada en dos embalses situados a distinta altitud. En los momentos de alta demanda eléctrica, se libera agua desde el depósito superior para que descienda por unas tuberías, moviendo a su paso unas turbinas que generan electricidad. Y cuando hay exceso de generación eléctrica renovable se aprovecha para bombear el agua de vuelta desde el embalse inferior al más elevado, almacenando una energía potencial que será aprovechada cuando vuelva a ser necesaria.

Aprovechar instalaciones ya existentes

Las primeras instalaciones de bombeo se remontan a la década de 1890 en Italia y Suiza, y existen numerosas centrales por todo el mundo que llevan operando decenios, como la planta de Niederwartham, de 119,4 MW y situada en el río Silberbach (Alemania), inaugurada en 1930, y que a día de hoy sigue en funcionamiento. Esta vida útil tan larga «supone una ventaja frente a otras alternativas de almacenamiento como las baterías actuales, que tienen una duración aproximada de 15 años por la degradación que van sufriendo», continúa Gutiérrez.

Estas instalaciones deben emplazarse en localizaciones con suficiente disponibilidad de agua y que permitan ubicar a diferente cota los dos embalses, por lo que «en aquellos sitios donde existe la posibilidad tanto de ampliar centrales de bombeo ya existentes, parece bastante razonable apostar por aprovecharla». Ese es el caso de Aguayo.

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