Los proyectos energéticos empiezan a desatascarse

La carga burocrática y la densidad de afecciones que tiene el territorio cántabro complican extraordinariamente cualquier desarrollo

Hace mucho tiempo que en Cantabria no se hacen grandes inversiones en el campo de la energía y, en parte por ese motivo, se avecina un despliegue histórico: se está concluyendo el primer gran parque eólico, con una inversión de 120 millones de euros; hay al menos otros seis parques de aerogeneradores cerca de la autorización definitiva; Repsol ultima los trámites para iniciar la repontenciación de la central de Aguayo, en lo que gastará casi 800 millones; Solvay empleará otros 250 en cambiar una de sus grandes calderas; se tramita una gran planta de biometano en Hazas de Cesto y otra de hidrógeno en Sniace; muchas empresas están instalando placas solares para autoconsumo… El Gobierno cántabro ha asegurado que la región va a multiplicar por cinco su capacidad de generación, pero cada proyecto ha de atravesar antes un rosario de dificultades en las que muchos quedarán atrapados para siempre.


La industria del siglo XX y de lo que llevamos del XXI ha estado alimentada por combustibles fósiles, pero esa dependencia (la inmensa mayoría se importan) puede que no dure mucho más. Las políticas de descarbonización han forzado a las empresas a buscar otras alternativas y una de las que tienen más a mano es la electricidad generada mediante fuentes renovables. El factor disuasorio ha sido hasta ahora el coste, pero las innovaciones lo están abaratando muy rápidamente.

El segundo problema es el suministro. Si en las últimas décadas la demanda eléctrica ha crecido menos de lo esperado, porque los procesos industriales son cada vez más eficientes y aprovechan mejor la energía, la implantación de varios centros de procesos de datos van a disparar el consumo eléctrico, y para eso hay que dimensionar tanto la generación como las redes de transporte y distribución.

En un territorio tan cuajado de viviendas, actividades y valores naturales como Cantabria este proceso resulta especialmente complicado. Cada aerogenerador instalado ha sido todo un triunfo y no resultará nada fácil completar los 700 Mw que el Gobierno regional está dispuesto a autorizar. Si la implantación de las torres es un desafío, la evacuación de la energía producida hasta las subestaciones de enlace con la red de alta tensión va a ser otro más. Ya hay plataformas vecinales organizándose en los valles pasiegos para que esos nuevos tendidos de cables no pasen por sus valles y sus propiedades. Una cosa es aceptar, de mejor o peor grado, que la región debe asumir su parte en la producción energética y otra muy distinta sentirse directamente perjudicado, sobre todo después de que el propio Ejecutivo regional haya disparado el valor de los prados al abrir la posibilidad de construir viviendas en parte del suelo rústico.

Recogiendo el malestar que provocan las líneas de evacuación que atravesarán los valles (mayor aún del que generan los molinos) el Gobierno de Cantabria ya ha informado de manera desfavorable el proyecto eólico Briesa, promovido por la empresa Tesera Energía los términos municipales de Espinosa de los Monteros y Merindad de Montija, ambos de Burgos, cuya infraestructura de evacuación recorrería los municipios cántabros de Vega de Pas, Villacarriedo, Saro, Santa María de Cayón, Penagos, Villaescusa y El Astillero hasta entregar la energía proporcionada por sus 90 megavatios de potencia en la subestación de El Astillero.

En este caso, el Gobierno cántabro ha tomado el proyecto con cierta distancia, al encontrarse en una comunidad ajena, pero es evidente que no hará lo mismo con las líneas de evacuación de los parques que él mismo va aprobando y que también suscitarán protestas.

La generación crecerá cinco veces más  que el consumo

Aunque las subestaciones de Cantabria aún pueden acoger más centros de generación, esas posiciones se agotarán muy rápido y ya están previstas al menos dos más. Pero no serán suficientes. “En los próximos años, Cantabria va a multiplicar por cinco la energía producida, contribuyendo y cooperando con la independencia energética de España y con la lucha contra el cambio climático”, aseguró recientemente el consejero de Industria, Eduardo Arasti, en un curso de la UIMP organizado por la eléctrica EDP.

Viesgo e Iberdrola ya se han comprometido a realizar una inversión de 161 millones de euros en los tres próximos años para reforzar las subestaciones y REE ya ha reforzado recientemente la de Cacicedo de Camargo, con una inversión de 28 millones de euros.

No solo va a producir mucho más, también va a incrementar su consumo, aunque en una proporción bastante más moderada, un 60%, sobre todo como consecuencia de los grandes almacenes de datos que se van a instalar. El ya confirmado de Stoneshield, en el perímetro de Santander, consumirá por sí solo seis veces más que la acería GSW, la industria energéticamente más voraz de la región.

Por el momento, el Gobierno de Cantabria y el nacional, que se reparten las competencias en función del tipo de parque, han dado el visto bueno al de Iberdrola en El Escudo, que está prácticamente concluido, han concedido autorizaciones administrativas para la construcción de otros seis y seis más están en proceso de evaluación ambiental.

Si todos llegan a la meta, en los próximos años se instalarán en la comunidad autónoma los 700 megavatios que permite el Plan de Sostenibilidad Energética de Cantabria y producirán 2.000 gigavatios hora, el equivalente al 53% del consumo eléctrico de Cantabria en 2024.

A esta aportación se le sumará el proyecto de ampliación de la central hidroeléctrica de bombeo de San Miguel de Aguayo, un gigantesco almacén de energía que no aporta capacidad neta de generación al sistema eléctrico pero sí es vital para mejorar su gestión, dado que da salida a los excedentes nocturnos de las centrales nucleares, que no paran. También será una solución para evitar que una excesiva concentración de energías renovables en algunos momentos del día desestabilice la red. “Si antes del apagón, Aguayo era estratégica, ahora es, además, urgente”, subrayó Arasti en esa jornada y recordó que el proyecto ha sido declarado de Interés Europeo.

El incremento de la capacidad de Aguayo en un gigavatio convertirá la central cántabra de bombeo en la segunda más grande de este tipo en España y va a requerir una inversión de casi 800 millones de euros. La ejecución de la obra puede llegar a concentrar un millar de personas simultáneamente y la producción prevista, 1.600 gigavatios hora de energía eléctrica al año, equivale el 43% del consumo eléctrico de Cantabria en 2024.

También repuntará la cogeneración industrial, que en 2019 aportó 1.583 gigavatios hora en Cantabria y en 2024 tan solo 126,5. Esta disminución del 92% ha sido consecuencia, según el consejero “de que desde 2012 no se han convocado subastas de potencia para la cogeneración, lo que impide que las cogeneradoras perciban la retribución regulada, sin la cual dejan de ser rentables”.

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