El mercado sí que lo sabe
Se dice que hay pocas cosas más difíciles de ocultar que el dinero. Quizá no sea tan seguro, pero las posibles excepciones se resuelven al sustituir dinero por mercado. Auscultar el mercado proporciona una información valiosa, tanto para las políticas de interés público como para las decisiones económicas privadas.
Se puede anticipar, por ejemplo, en qué invertirán los laboratorios farmacéuticos y, por tanto, por donde avanzarán los tratamientos. Cada fármaco tiene un potencial de ingresos, en función del número de posibles pacientes y la incidencia de una enfermedad, pero el mercado farmacéutico en general sabe que no hay nada más rentable para las empresas del sector que las enfermedades que se controlan pero no se curan.
Si alguien padece una infección, el fabricante de antibióticos es consciente de que venderá una caja, a lo sumo dos; si alguien tiene el colesterol alto, el productor de estatinas sabe que le venderá sus pequeñas pastillas de por vida, y en EE UU esos clientes cautivos son ya el 55% de los mayores de 50 años. En España también vamos camino de esas cifras desmesuradas. El mercado sabe, por tanto, dónde invertir, y, con un negocio tan descomunal, los fabricantes no tienen especial interés en encontrar una solución definitiva, aunque es evidente que puede llegar un tercero y hallarla.
Que no hayan subido los precios la cocaína en 40 años indica que la batalla está perdida
El gran éxito de las tabaqueras fue conseguir la habituación de nuevos clientes a edades muy tempranas, algo que negaron durante años, y el de los fabricantes de bebidas alcohólicas, la creación de un falso aura que las asociaba con libertad, diversión o desenvoltura social. En el momento en que el mercado detecta un descenso de las ventas, los fabricantes buscan alternativas y en el caso de la cerveza las han encontrado en las bebidas 0,0. La espectacular evolución de las ventas en España es un ejemplo para las compañías de todo el mundo, que no han sido tan hábiles a la hora de recuperar la clientela que renuncia al alcohol.
Con las drogas ilegales ocurre algo parecido. Para conocer si la lucha de los gobiernos está sirviendo para algo o para nada, basta acudir al mercado. Las estadísticas sobre el precio de la cocaína en España, indican es el mismo desde hace 40 años. Es más, está bajando. En 2016, el kilo de cocaína costaba 34.369 euros, según el último informe del Centro de Investigación contra el Terrorismo y el Crimen Organizado. En la actualidad, entre 14.500 y 15.000 euros, dependiendo de la zona y de la cantidad que se compra.
No hace falta acudir a la memoria fiscal anual para saber cuál es el estado del problema. Con este dato sabemos que está igual o peor, y que las requisas de la policía, por mucho que aparezcan en los titulares de los periódicos, son tan irrelevantes que ni siquiera llegar a producir un desabastecimiento temporal. El hecho mismo de que no que suba de precio a lo largo del tiempo, ni siquiera para ajustarse a la inflación, indica que el mercado está saturado.
El reciente aprehendimiento de un barco mercante con 1.350 kilos de cocaína cerca de las Islas Canarias confirma esta teoría. Estamos hablando de una cantidad que daría para 1,3 millones de dosis callejeras (una vez cortada esta cantidad podría multiplicarse) pero ni su neutralización ni la de varios narcosubmarinos ha provocado el menor constipado el mercado ilegal de la cocaína.
Renunciar a la lucha diaria contra las drogas sería un error, pero también lo es esa complaciente conformidad con que se presentan cada año los resultados de la reprensión. La realidad es que no hay ningún avance, y no es cuestión de cambios de gobierno o de más o menos policía. Al margen de lo tocado que ha quedado el prestigio de la unidad creada en la Guardia Civil para perseguir el tráfico de drogas con la detención del máximo responsable, con 20 millones de euros en su casa, la triste realidad es que se trata de una lucha perdida en España, en el resto de Europa, en EE UU o en cualquier país.
Con esta desolada constatación, debería prestarse más atención a parametrizar el movimiento de los precios en cada lugar, igual que se mide el número de leucocitos para saber la importancia de una infección, porque el único que conoce la realidad de lo que ocurre con las drogas recreativas, desgraciadamente, es el mercado.



