El Talleruco: Una pequeña fábrica de joyas ‘encantadas’

Collares, pendientes, pulseras, anillos y broches son algunas de las joyas que la artesana cántabra Ángela Sánchez Allende elabora en Astillero. Utiliza arcilla polimérica y una técnica muy particular que se remonta a la antigua Roma, con la que obtiene patrones de dibujos y colores que dan simetría a sus piezas.


Un artista se forja allá donde le viene la inspiración. A la cántabra Ángela Sánchez Allende le pilló por sorpresa en un garaje que compartía con sus amigos hace ya dos décadas. Mientras ellos se dedicaban a jugar a la consola, ella realizaba manualidades a partir de arcilla polimérica y la ayuda inestimable de un horno. En aquella época estudiaba Diseño Gráfico y ese lugar se convirtió en el espacio ideal para desconectar de las clases. Allí fue donde aprendió los conocimientos que le han llevado a elaborar joyas artesanales en El Talleruco, su estudio de Astillero. De su pequeña fábrica de joyas encantadas –así las denomina–, salen collares, pendientes y pulseras hasta anillos y broches.

La decisión de introducirse en la artesanía nunca fue casualidad. “Siempre he querido un oficio creativo y sensitivo y trabajar con las manos”, justifica.

Su metodología de trabajo y los materiales que utiliza le han proporcionado un estilo muy marcado. Uno de sus baluartes es la arcilla polimérica, un material muy maleable y de vivos coloridos, formado por moléculas de cloruro de vinilo, tintas y un aceite plastificante que le proporciona gran resistencia.

Ángela defiende que su actividad es 100% artesanal y lamenta que parte del sector opine lo contrario. “La arcilla sintética en Estados Unidos es material de museo. El problema es que aquí no está bien vista porque es un material relativamente nuevo”, explica.

Fases del proceso de elaboración de las joyas de El Talleruco.

Su técnica de trabajo se remonta a la antigua Roma, donde era conocida como millefiori (mil flores) y consiste en enrollar capas sucesivas de arcilla hasta formar un tubo y crear mosaicos de colores en su interior. Sánchez hace cortes en forma de rodajas, que después utiliza para elaborar sus piezas.

De feria en feria

La artesana es de las que piensan que “todo lo artístico tiene un punto de obsesivo”. Por eso, además de practicar hasta altas horas de la madrugada cuando todavía era una veinteañera, buscaba de manera incansable nuevos conocimientos con los que perfeccionar su técnica. “Iba a Estvdio y compraba libros, pero en aquella época no había mucha información sobre el tema”, relata.

Su afición empezó a convertirse en profesión cuando aparecieron las primeras personas dispuestas a comprar sus joyas. Al comprobar que podía monetizar su actividad, comenzó a asistir a ferias como productora artesanal. “Empecé a diseñar más y más hasta que se convirtió en el centro de mi vida con 24 o 25 años”, recuerda.

Las ferias la dieron a conocer y no duda en seguir acudiendo, pero lamenta la evolución que han tenido. “Antaño, todos los puestos eran puntos de venta de artesanía”, a diferencia de lo que sucede ahora, al haberse introducido comercios que se dedican a revender productos procedentes de almacenes a precios mucho más asequibles. “A los artesanos nos ha hecho mucho daño”, se queja.

Las épocas de mayor actividad son el verano y Navidad, la feria más larga. “Este año he estado 40 días seguidos en Oviedo”, resalta. En realidad, ha durado mucho más, porque desde octubre preparaba material. “Siempre tengo miedo de que no me alcance el stock y de quedarme con el puesto vacío. Algún verano que otro me ha ocurrido”.

A pesar de esa incertidumbre, las ferias le brindan un contacto directo con los clientes, vital para su negocio. “Me encanta. Puedo ganar más o menos dinero, pero ver que la gente se interesa por tus joyas y te pregunta cómo lo has hecho, me emociona”, subraya.

Tienda

A finales de 2009, puso en marcha una pequeña tienda en Santander, pero su proyecto no cumplió sus expectativas y decidió darlo por finalizado en 2014. “Para trabajar necesito estar concentrada. En la tienda entraba gente continuamente y no precisamente para comprar. Era una constante interrupción”, detalla.

Las nuevas colecciones tienden a gamas de colores más equilibrados.

Además, en aquel periodo de su vida experimentó un estancamiento artístico. “Sentía que no evolucionaba y que las obras que hacía eran siempre las mismas”.

Por eso, decidió buscar un nuevo local cerca de su domicilio y lo encontró en la nave de una antigua carpintería de Astillero, frente al Teatro Ulapé. “En este taller he avanzado una barbaridad a nivel técnico y artístico en estos últimos cinco años”, asegura.

Ahora, está convencida de haber encontrado una seña de identidad en sus obras. “Al principio, era más agresiva con los colores. Con la madurez, me he ido inclinando por gamas y tonos más equilibrados. A veces en el arte, menos es más”.

Más presencia en Internet

Aunque buena parte de los clientes llegan a El Talleruco gracias a las ferias a las que asiste, Ángela Sánchez destaca la importancia de su web, a través de la cual también recibe encargos. “Cuando un cliente me manda un whatsapp y me dice que le han encantado los pendientes que he elaborado, me parece una pasada. Ese feedback mola un montón”, dice.

Su intención es seguir potenciar su presencia las redes sociales y prevé generar contenidos audiovisuales para mostrar a su público cómo se elaboran sus piezas paso a paso. Una forma de transmitirles la emoción con que las hace.

David Pérez

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