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‘Cuando crees en ti mismo llegas a tu mejor versión’
ANA GONZÁLEZ MEDIALDEA, coach y terapeuta:

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‘Cuando crees en ti mismo llegas a tu mejor versión’
Fecha: 08/09/2017

ANA GONZÁLEZ MEDIALDEA, coach y terapeuta:

Ana González Medialdea fue jugadora de la selección nacional de voleibol y de aquella época le quedó el convencimiento de que el equipo es un modelo de éxito. Como coach ha ayudado a muchos empresarios a conocerse mejor, para afrontar circunstancias que les desbordaban o atemorizaban, y está convencida de que ese proceso de introspección también conduce a encontrar una mejor versión de uno mismo.
PREGUNTA: ¿Se puede ayudar a tener éxito?
Ana González Medialdea.– Desde muy jovencita me hago dos preguntas: Quién soy y para qué estoy aquí. Necesitaba encontrar una motivación interna fuerte y el camino fue largo porque encontrarlo, en mi caso, no fue fácil y en ese proceso descubrí qué es lo que me motiva. Me fui formando en herramientas muy potentes de autoconocimiento y de evolución del ser humano como el eneagrama. Descubrí que a mí lo que más feliz me hace en la vida es acompañar a los demás a que alcancen su máximo potencial para que desde ahí consigan las metas que ellos necesitan. Normalmente vivimos en el vivencial y eso está muy lejos del máximo potencial con el que hemos nacido en diferentes áreas de nuestra vida.

P.- Defina cuál es el plano vivencial.
AGM.– Es cómo vivimos en la realidad, con nuestros miedos, limitaciones, preocupaciones, inseguridades y el potencial es donde podemos llegar si nos quitamos todas esas limitaciones y creemos en nosotros mismos. He comprobado en mi y en todas las personas con las que trabajo que lo mejor que puede tener una persona, su mayor riqueza, es creer en ella misma. Cuando crees en ti mismo llegas a tu mejor versión y me gusta llevar a todas las personas a esa consciencia.

P.- Entonces, ¿quien ya cree en sí mismo no necesitaría este acompañamiento?
AGM.– En general, si una persona no ha hecho un trabajo de autoconocimiento hay muchas cosas que le limitan, y no están en el consciente sino en el inconsciente. Yo suelo describir la psique humana como un iceberg: lo que nosotros conocemos de nuestros pensamientos, sentimientos, emociones, miedos, preocupaciones, ansiedades ilusiones o deseos es solo el 5%. Un 95%, está oculto en el inconsciente que realmente dirige nuestra vida. Nosotros pensamos que tenemos poder y control sobre nuestra vida, pero si esa parte inconsciente donde están nuestros miedos más profundos no la vamos sacando al consciente estamos funcionando como marionetas.

P.- A todos nos da un poco de vértigo mirar tan adentro.
AGM.– Evidentemente, hay personas que sienten miedo al mirar adentro porque ahí puedes encontrar muchas cosas positivas pero también puedes encontrar algún dolor o un miedo. Pero cuando la persona toma consciencia de que puede vivir mucho mejor de lo que vive, traspasa ese miedo a lo que encuentre y se decide a hacerlo. Yo quiero mirar atrás en mi vida y pensar que hice todo lo posible para llegar a lo mejor de mí. Al final, claro, hay que tener coraje pero creo que a veces tenemos la idea de que llegar ahí es mucho más complicado de lo que es.

P.- ¿Alguien podría hacer por sí mismo esa introspección o es un proceso en el que le tienen que acompañar?
AGM.– Sí deben darte las herramientas para llegar de una forma mas rápida. Yo animo a las personas a que se acompañen de alguien. Recuerdo al presidente de Google recomendando en un video a todas las personas que se acompañen de un coach o de alguien que te ayude a encontrar el camino para la mejor versión de ti mismo porque cuando una persona no da lo mejor de ella o está desmotivada no encuentra esa gasolina interior que necesitamos para vivir alegres y para poner toda la energía en lo que hacemos.

P.- Antes casi todo era más sencillo y a la gente le resultaba más fácil polarizar su vida en una dirección. Pero cada vez nos resulta mas difícil saber en que dirección tenemos que ir.
AGM.– Estoy de acuerdo. Es algo que reflexiono mucho y creo que no es tanto que las personas se compliquen sino que están descubriendo que lo más superficial no les llena. Necesitan encontrar esa motivación interna. En esa búsqueda, al principio puedes estar perdido y tienes que ir tocando varios palos para ver donde está eso que necesitas para ser más feliz. Antes valía con tener un trabajo y ahora no. Ahora necesito encontrar que eso que hago tiene un sentido para mi. Yo creo que eso es muy bueno.

P.- Lo que se demanda de nosotros cada día adquiere mayor complejidad. No hace tanto tiempo, la gente tenía trabajos en los que hacía prácticamente lo mismo toda su vida. Ahora hay que reinventarse profesionalmente a menudo y muchos de estos trabajos exigen que tú mismo te los planifiques cada día, como ocurre con los autónomos. Eso nos va a requerir creatividad, capacidad para autogestionarnos y para vendernos.
AGM.– Efectivamente, y esa es una de las muchas razones por las que yo creo que es muy positivo que todas las personas hagan ese trabajo para llegar a su máximo potencial, que se conecta con su máxima creatividad e iniciativa. Cuanto más segura está la persona, más claro tiene lo que quiere y va a ir a por ello con mayor entusiasmo, energía y determinación.

P.– ¿No es un poco paradójico que tengamos una formación reglada casi desde que nacemos hasta los 20 o 25 años y en todo este tiempo no haya un hueco para las disciplinas de autoayuda?
AGM.– Creo que las cosas están cambiando. Yo hace unos años puse en marcha con unos compañeros el comité de educación de la Fundación Claudio Naranjo y estamos trabajando por una educación diferente en la también haya ese hueco para acompañar a las personas a ese autoconocimiento y para encontrar su motivación y su máximo potencial. Está habiendo cambios, pero todo requiere un tiempo e igual no va tan rápido como nos gustaría pero la verdad es que el sistema educativo y toda la sociedad se están dando cuenta de que no es suficiente con los conocimientos, que son maravillosos, pero también se necesita una cosa mucho más importante, y es que las personas sean felices.

P.- Usted atiende a particulares de todo tipo y a empresarios. ¿Hay una impronta especial en los empresarios?
AGM.– Sí, hay un rasgo muy común, que es el de la iniciativa y la proactividad. Y, en general, la determinación. Ése si que es un rasgo que se ve en la mayoría.

P.– ¿Y es algo que pueda cultivarse en el resto de personas?
AGM.– Puede llegar a cultivarse en todas las personas. Hay mucha gente que no lo pone en marcha porque lo tiene dormido.

P.– Un empresario no tiene por qué ser un líder, pero ¿hay un proceso para convertir a un empresario en un líder?
AGM.– Sí, y para mí es un trabajo apasionante. Ahora estoy trabajando con algunos y el liderazgo empieza por uno mismo, hay una parte muy importante de autoconocimiento. Una de las características comunes en los emprendedores es que han tenido que dedicar tanto tiempo a su negocio que no lo han tenido para ellos mismos. Hay una carencia de escucha de sí mismos pero también de los recursos humanos que tienen en sus empresas. Me da igual que sea un empleado que cincuenta. Hay una realidad y es que en las empresas no se sabe sacar lo mejor de las personas que trabajan en ellas. Según tengan su estado interior el líder, la cúpula o el equipo directivo así van a inspirar a las personas que están por debajo.

P.– ¿Es decir, que el empresario podría sacar un rendimiento bastante mejor tanto de sí mismo como del resto de las personas que componen la empresa?
AGM.– Sí, porque si tú no te conoces, no sabes gestionar. Es muy importante que las empresas ayuden a las personas y las coloquen en los lugares en los que van a dar lo mejor de sí mismas. No todos tenemos las mismas habilidades ni los mismos dones y hay personas muy desaprovechadas.

P.– Con el empresario clásico, casi todas las decisiones pasaban por él. Ahora el gran empresario no suele tener ese perfil, tiene un sistema de trabajo mucho más colaborativo y se rodea de personas valiosas. ¿Ya no vale un empresario de ordeno y mando?
AGM.– En un momento dado eso funcionó, era lo más habitual, pero el mundo va cambiando; las personas ya no responden a ese formato de liderazgo de ordeno y mando. Hoy todavía hay más jefes que líderes, pero ya no es lo que funciona, lo que saca lo mejor de las personas. Para que un equipo funcione, para que las personas den lo mejor de ellas, necesitan sentir que forman parte del proyecto. Se llama inclusión en el sentido de pertenencia. Y el ordeno y mando no les hace sentirse necesarios y que aportan, con lo cual, no van a dar lo mejor de sí mismos.
Yo he sido deportista profesional y he tenido la suerte de serlo de equipo y suelo decir que el deporte y la empresa tienen mucho en común. Para mí, una de las cosas más importantes que puede tener una empresa es contar con equipos cohesionados, donde desaparecen las individualidades, es decir, yo no necesito brillar, lo que quiero es que brille el equipo; y eso solo es posible cuando la persona se siente muy comprometida, siente su pertenencia y a la vez muy en coherencia con la filosofía y la cultura de la empresa.

P.– Pero imagine que el dirigente de la empresa tiene menos liderazgo que quienes están en una posición jerárquica inferior. ¿Eso da lugar a que algunos jefes de empresa tengan un cierto temor a rodearse de gente demasiado brillante?
AGM.– Sí, sucede mucho. Cuando el máximo dirigente de la empresa no tiene esa capacidad de liderazgo –que nunca se sabe si es que no ha hecho un trabajo concreto para desarrollarla– ¿qué ocurre si otra persona de su equipo tiene más capacidad? No se produce una confrontación, porque un líder sabe evitar una confrontación, hasta el punto de saber cuándo tiene que desaparecer un poco para no hacer sombra al máximo jefe del proyecto. En un liderazgo hay mucha sabiduría. Un líder es una persona muy sabia y sabe cuando tiene que dar más protagonismo a la otra persona. Sí se produce el choque es porque esa persona no tiene suficiente liderazgo, y por tanto no tiene mucha seguridad en sí mismo, le da miedo rodearse de personas que son igual o más validas que él, lo que está haciendo es perjudicar gravemente a su proyecto empresarial. Lo que tiene que hacer esa persona es reflexionar por qué no se quiere acompañar de personas incluso mejores que él mismo. Cuando crees en ti y no te importa admitir tus limitaciones y las aceptas, eres una persona segura y te quieres rodear de los mejores.

P.– A veces se plantea un desconcierto en el staff cuando quien toma las riendas de una empresa es una mujer. ¿Tan diferente es la forma de gestionar de los hombres y las mujeres?
AGM.– Es muy complementaria pero sí que es muy diferente. No es mejor ni peor, siempre digo que en los equipos directivos lo mejor es que tienda al equilibrio entre hombres y mujeres porque unos aportan unas cosas y otros otras. Lo que aporta la mujer a la hora de gestionar, a la hora de liderar, es una mayor capacidad de empatía y de comunicación. Generalmente, la mujer es mediadora, tiende mucho a comprender las circunstancias de la otra persona. Ahora, en los masters más prestigiosos se forman lideres cercanos, porque la cercanía hacer sentirse bien a las personas y cuando las personas nos sentimos así tendemos a dar lo mejor de nosotros. Y, si en algún caso hay algún conflicto, algo inevitable en las relaciones humanas, es mucho más fácil que se ponga sobre la mesa con una mujer.

P.– Esa desconfianza hacia la gestión femenina ¿era un problema atávico o que no había costumbre de tener mujeres liderando proyectos?
AGM.– Yo creo que era porque no había costumbre y, como era algo desconocido, nos daba cierto miedo. Es humano, pero yo insisto mucho en que todas las personas tenemos que darnos oportunidades unas a otras. La única manera de comprobar las cosas es experimentarlas, con lo cual en el momento en que se empieza a dar a la mujer la oportunidad de gestionar empresas se comprueba que podemos hacerlo igual que los hombres aunque de distinta forma, pero es muy buena la complementariedad. No se trata de qué es mejor sino de conseguir sinergias.
P.– Por su despacho ha pasado gente de perfiles muy distintos. En el caso de los empresarios, ¿son muy distintos los problemas y las personalidades de los grandes y los pequeños?

AGM.– Ahí somos todos muy parecidos, porque lo que nos diferencia, sobre todo, son las circunstancias. A veces nos cuesta mucho esa libertad de ser nosotros mismos porque tendemos mucho a tener en cuenta la opinión de los demás, el qué dirán, y dar una cierta imagen por lo que nos cuesta mucho ser vulnerables. Las dificultades a las que nos enfrentamos son iguales en las grandes empresas y las pequeñas. Todos tenemos miedos y, en algun momento, preocupaciones e inquietudes. Y algo que me preocupa, los niveles de ansiedad y estrés al que se enfrentan ahora mismo los directivos de las empresas y los empresarios.

P.– ¿La presión por sobrevivir o por tener resultados a muy corto plazo está dando lugar a decisiones poco meditadas?
AGM.– Tendemos mucho al cortoplacismo y en la búsqueda de resultados inmediatos trabajamos bajo muchísima presión. Y en la presión, en la ansiedad y en el estrés no es posible tomar decisiones acertadas porque no hay claridad. Cuando tenemos ansiedad es porque estamos en nuestra parte más mental, donde hay conexión con los miedos. En esa conexión no hay claridad. Es como si en la visión para tomar las decisiones viésemos una parte muy reducida. Por eso insisto en la necesidad de que las personas tengan cierta paz interior para tomar las mejores decisiones.

P.– Por todo lo que explica, parece que hay una cierta ecuación entre trabajo bien hecho, conocerse a uno mismo y la felicidad.
AGM.– Así es. Yo no hablo nunca desde la teoría. Una frase que utilizo mucho es “nadie puede acompañarte a lograr aquello que no ha conseguido para él mismo”. Yo tengo una larga experiencia empresarial que fue maravillosa pero que también tuvo momentos muy duros y he conocido a muchos empresarios que realmente no eran felices y al final sus proyectos se han ido a pique o no han podido conservar grandes talentos que había en sus empresas. Cuanto más feliz es una persona más éxito va a tener su empresa y eso es así desde todos los puntos de vista.

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