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Después de recibir una finca de 400 hectáreas

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AMICA EXTIENDE SU EXPERIENCIA A VALENCIA
Fecha: 08/12/2016

Después de recibir una finca de 400 hectáreas

Amica es una de las asociaciones que más ha contribuido a cambiar la actitud social hacia los discapacitados, gracias a su integración laboral. Para ello, ha creado la mayor red de lavanderías de Cantabria, talleres de confección y centros de reciclaje. Lava y desinfecta cada día las sábanas y ropa sanitaria de todos los hospitales cántabros y de muchos restaurantes, y da empleo a unas 550 personas. Todo ello puede ser solo el primer paso de un camino mucho más largo, porque ha recibido en propiedad una finca de 400 hectáreas en Valencia donde va a introducirse en muchas otras actividades, desde la agricultura al turismo. La intención es que ese lugar, que ha denominado Campus Diversia, se convierta en un referente internacional sobre la discapacidad, al que acudan expertos de toda Europa. Tomás Castillo, director de Amica desde sus inicios, hace más de 30 años, ha expuesto esta iniciativa en el Círculo Empresarial Cantabria Económica.
Recibir como donación una finca de 400 hectáreas en Yátoba, un pueblo del interior de la provincia de Valencia a 60 kilómetros de la capital, puede ser un regalo incómodo si no se sabe qué hacer con ella o llovido del cielo para quienes están acostumbrado a convertir los problemas en oportunidades, y la asociación torrelaveguense Amica es de estos últimos. La finca, que en octubre pasó definitivamente a sus manos, empezará a demostrar en pocas semanas algunas de las muchas posibilidades que tiene, desde la producción agraria a la formación (incluidos cursos universitarios) o al turismo rural.
La crisis económica provocó que uno de los proyectos turísticos más ambiciosos que se planteaban en la montaña valenciana se fuera al traste. Ni se pudo construir el complejo de balneoterapia que estaba previsto ni los centenares de apartamentos que incluía. La promotora suspendió pagos y, por una suerte de casualidades, la enorme finca en la que iba a desarrollarse el proyecto acabó pasando como una donación a la asociación cántabra Amica que es bien conocida entre los expertos del sector de aquella comunidad y por sus contactos con la Universidad Católica de Valencia, donde imparte clases su director gerente, Tomás Castillo.
Quizá otro se hubiese mostrado más remiso a afrontar un proyecto tan complejo a 700 kilómetros de su ámbito habitual, pero Castillo vio una doble oportunidad. Por una parte, permitía exportar el enorme conocimiento que ha adquirido Amica en la atención y formación de personas discapacitadas (ellos las denominan ‘con capacidades’, para resaltar todas las que siguen teniendo). Por otra, la finca aportaba un entorno completamente distinto al urbano en el que se han desenvuelto sus centros especiales de empleo, lo que permitía probarse en nuevas actividades, desde el ecoturismo a la producción agraria, el envasado artesanal de esos productos e, incluso, la explotación forestal, porque la finca tiene un área boscosa con nada menos que 450.000 árboles. A todas estas posibilidades se unía la de atraer al lugar a los expertos españoles y europeos para que, en convivencias periódicas, pongan en común sus avances, lo que convertiría este lugar en un punto de referencia internacional en el ámbito de la discapacidad, algo que, hoy por hoy no existe.
La enorme masía que en su día ocuparon los sucesivos propietarios de la llamada Finca Mijares –por el río de este nombre que la atraviesa– y algunas otras construcciones anexas propician que, con una inversión relativamente pequeña, Amica pueda habilitar un lugar de residencia, aulas e, incluso, un hotel rural, de 90 habitaciones.
Los impedimentos legales, que han retrasado mucho tiempo la operación han hecho imposible que la asociación cántabra recibiese la propiedad de forma totalmente gratuita, como estaba previsto, y Amica ha tenido que hacerse cargo de la cuantía que la empresa promotora aún adeudaba de la hipoteca bancaria, una cantidad muy inferior al valor real del latifundio y que podría sufragar con la mera venta de la madera. La finca cuenta 300 hectáreas de bosque y 80.000 metros cuadrados de regadío, además de 1.500 olivos y varios viñedos de la DO Valencia, entre otros muchos recursos.
No necesitará desprenderse de nada de ello, porque Amica, con un presupuesto anual superior a los ocho millones de euros, puede encajar los pagos sin arriesgar, y la puesta en marcha del proyecto tampoco requiere grandes inversiones. “La principal ventaja es que todo lo que tiene que ver con la tierra suele ser barato”, constata Tomás Castillo.
Amica trata de evitar el protagonismo en este proyecto que se desarrolla muy lejos de su ámbito tradicional y Castillo insiste una y otra vez en que tendrá un carácter “colaborativo” con las asociaciones de la zona, lo que permitirá abordar iniciativas de una dimensión aún mayor. Eso no impide que la filosofía de lo que ya se denomina Campus Diversia esté muy clara desde el principio: “No se trata de dirigir la vida de estas personas sino de acompañarles para que sean protagonistas en el desarrollo de su modelo de vida”, explica.
Esta es solo una de las vertientes. De cara a la sociedad, Amica tratará de demostrar con el proyecto las capacidades de estas personas en la recuperación de espacios naturales de gran valor ecológico (un problema muy serio en España, donde están quedando abandonados amplísimos territorios), y de producir beneficios directos a la comunidad.
Como ya ha quedado demostrado con las visitas que ha organizado la asociación con personas discapacitadas de los centros que tiene en Cantabria, para muchos de ellos es motivador encontrarse en espacios abiertos, donde se sienten más protagonistas en el ejercicio de sus derechos. Estas actividades (cuidado del territorio, agricultura, pastoreo, oficios perdidos...) resultan especialmente apropiadas para que puedan lograr una vida propia e independizarse de sus familias.
Las enormes dimensiones de la finca, en la que cabría ampliamente todo el casco urbano de Torrelavega, y la diversidad de sus espacios va a propiciar al menos seis áreas de actividad que giran en torno a la formación laboral, el empleo, la custodia del territorio, la innovación medioambiental, los programas educativos en entornos naturales y la animación sociocultural.
En pasos sucesivos, se irán iniciando los cultivos ecológicos, la producción de vino, miel o madera, la habilitación del hotel rural y de un centro de interpretación del entorno, unos itinerarios accesibles para el turismo en familia, un centro de recuperación de animales... El único recurso de la finca que no está previsto explotar es la condición de coto de caza que tradicionalmente ha tenido.
La finca ha estado cuidada en los últimos años por unos guardeses que apenas han podido hacer otra cosa que su custodia y Amica ya ha empezado a incorporar las primeras oleadas de trabajadores en un proceso secuencial que deparará nuevas formas de gestionar la discapacidad, con más autonomía para estas personas y con un aprovechamiento sostenible de esos grandes espacios del territorio español que se han quedado sin población.
Tomás Castillo insiste en que centros como el Campus Diversia podrían implantarse en otros muchos lugares de un país donde lo que sobran son territorios sin uso. Después de tres décadas largas de búsqueda permanente de los ingresos que necesita su institución para funcionar, el director de Amica, psicólogo de formación, no solo se ha convertido en uno de los expertos más reputados del país en el campo de las discapacidad sino que se ha acostumbrado a ver los obstáculos con la mirada de un emprendedor, y está convencido de que la finca va a ser una promotora permanente de iniciativas económicas para el medio rural. Una idea que ya han hecho suya los alcaldes de la zona, ilusionados con esta perspectiva.

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