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El turismo como motor de desarrollo rural
Fecha: 08/08/2016

Cantur se creó hace 47 años para promocionar las comarcas que se iban quedando despobladas

Mucho antes de que en España se pensase en el turismo rural de casas de labranza y de casonas, se constituía la Sociedad Regional Cántabra de Promoción Turística, (Cantur). Era el año 1969 y se planteaba el aprovechamiento de los recursos paisajísticos de Cantabria y el deporte de montaña para contribuir al desarrollo de algunas comarcas de la región que empezaban a quedar despobladas. A aquellas instalaciones de Fuente De y Brañavieja se le fueron sumando, con el paso del tiempo, muchas otras de todo tipo, desde un zoológico donde los animales están en semilibertad (Cabárceno) a dos campos de golf o un museo.
La industrialización provocó una grave crisis rural en la España de los años 60. Las nuevas máquinas dejaban obsoletas la mayoría de las actividades tradicionales y se produjo un desplazamiento masivo de población hacia las ciudades y, especialmente, hacia los costas. La España interior se quedaba sin actividades productivas y sin gente, un problema que se reproducía, a menor escala, en muchas provincias, entre ellas la de Santander. La combinación de esa circunstancia con un nuevo fenómeno económico, la aparición del turismo, llevó a la Diputación Provincial a pensar en una solución idónea: la promoción del turismo rural, aprovechando los magníficos recursos naturales de la región. Corría el año 1969 y se fundaba la empresa pública Cantabria Turística (Cantur), que iba a generar riqueza en esas comarcas que empezaban a quedar deshabitadas y donde los empresarios privados no parecían tener demasiado interés en invertir.
Casi medio siglo después, no puede decirse que Cantur haya sido un revulsivo económico para esas zonas pero, con sus instalaciones, ha conseguido que mantengan alguna actividad económica y, sobre todo, que sigan formando parte del mapa habitual de los cántabros y de los foráneos. Es muy difícil pensar que Liébana y los Picos de Europa fueran a ser el referente nacional que son sin el teleférico de Fuente De, origen de alguna forma de Cantur; o que Campoo estuviera en mente de muchos cántabros, vascos, castellanos o asturianos sin Brañavieja; o que las viejas minas de Obregón y Cabárceno fueran algo más que un paisaje desolado de no haber sido por el Parque de la Naturaleza, un ejemplo que se repite en la comarca del Nansa con la Cueva del Soplao, que el Gobierno ha cedido a la gestión privada.
La aventura empresarial de Cantur no ha sido fácil, porque en muchas ocasiones la promoción de un territorio ha estado por encima de la lógica empresarial. Tampoco se ha librado de gestiones muy discutibles, con la necesidad de acudir una y otra vez a una recapitalización con dinero público. Pero, para juzgarla con equidad, habría que saber si el precio ha sido excesivo para el servicio que presta y los efectos sobre el entorno, un cálculo demasiado complejo como para sacar conclusiones apresuradas.


La mayor empresa turística

La mayor empresa turística de Cantabria emplea a más de 400 personas y cuenta con un extensísimo parque natural de 7,5 km2, uno de los zoológicos más naturales del mundo, por el espacio y la libertad de que gozan las distintas especies; dos campos de golf de 18 hoyos, el de Abra de Pas, en Mogro, y el de Nestares, muy próximo a Reinosa; y otra media docena de instalaciones muy variadas, desde hoteles de montaña al teleférico de Fuente De, o al Monumento al Indiano, de Peña Cabarga, con una cámara oscura cuya explotación se cederá pronto a la iniciativa privada.
Cantur nació para agrupar la explotación de dos instalaciones de la Diputación Provincial de Santander, la por entonces muy modesta estación de esquí de Alto Campoo y el teleférico de Fuente De, que desde tres años antes permitía acceder al corazón de los Picos de Europa desde el espectacular circo de montañas de Camaleño, salvando en cuatro minutos una diferencia de alturas de 753 metros. El teleférico necesitaba unos servicios complementarios, y se construyeron sendas cafeterías en las estaciones inferior y superior (desde donde se contempla un paisaje de impresionante belleza) y un hotel en el interior del macizo (el Refugio de Áliva) para los excursionistas.
Liébana dio un salto cualitativo con estas instalaciones, que acercaron el turismo de montaña a una población que nunca pensó conquistar las cumbres, y aquello fue el punto de partida para otros establecimientos, demandados por las comarcas para su desarrollo, o por la necesidad objetiva de dar valor a un paraje que ya lo tenía intrínsecamente, como el nacimiento del Ebro.


Cabárceno

Ninguna de estas inversiones, ni siquiera el Monumento al Indiano, en Peña Cabarga (el famoso ‘Pirulí’) suscitaron tanta polémica como el Parque de Cabárceno, abierto hace ahora 25 años, que se ha convertido en un referente nacional, aunque sus comienzos fueran caóticos. Fue producto de un empeño personal del presidente Juan Hormaechea, que creyó poder llegar a un acuerdo muy favorable con la compañía minera que extraía hierro en aquellos parajes. Una vez acabado el mineral, Agruminsa, filial de la empresa pública AHV, estaba dispuesta a ceder sin coste los terrenos a cambio de la recalificación de otros que tenía más cerca de la costa, muchos de los cuales formaban parte del pasillo que atravesaba el mineral hasta llegar a los lavaderos de Astillero y a su posterior embarque.
El acuerdo se frustró cuando los ayuntamientos, que tenían la soberanía sobre la calificación del suelo, se negaron a ratificarlo, y el Gobierno cántabro se encontró con una situación insólita: había invertido 5.000 millones de pesetas en el acondicionamiento de la mina como parque (30 millones de euros), sin pedir autorización al Parlamento (entonces Asamblea de Cantabria) y sin ser propietarios del suelo. Tardaría una década y media en resolverse esta disparatada situación, cuando otro gobierno acabó por saldar la deuda con AHV y consolidó la propiedad.
Pese a esos avatares, el Parque, que exhibe los animales en semilibertad, es un éxito indudable, lo que no quiere decir que sea un buen negocio para Cantur, ya que los costes de personal y de mantenimiento de la fauna en un recinto tan extenso son muy elevados. La afluencia al recinto crece de año en año (ya tiene unos 600.000 visitantes anuales) y en el apartado sobre Cabárceno de la web TripAdvisor, de las 2.311 opiniones de visitantes reflejadas, 1.300 califican la experiencia de excelente y 595 de muy buena. Es decir, que ocho de cada diez salen muy impresionados.
Los dos campos de golf, a su vez, han servido para que Cantabria sea una de las comunidades con más porcentaje de federados a este deporte y, también, una de las que tienen más campos públicos, a precios muy accesibles. Hay que recordar que también son públicos los municipales de Santander, Noja y La Junquera (Marina de Cudeyo).
El de Cantur en Nestares nació con 18 hoyos, pero el de Abra de Pas es el primer año que puede ofrecer un recorrido completo, ya que se ha procedido a una ampliación, aprovechando unas fincas de la ladera contigua, el único lugar posible, ya que el resto del campo ocupa una península formada en los meandros del río Pas, un espectacular paraje donde anteriormente hubo una granja pública de experimentación vacuna.
A su vez, la estación de esquí y montaña de Alto Campoo tiene cumbres que superan los 2.200 metros de altura, algo poco corriente a tan escasa distancia de la costa en línea recta. A poco más de una hora en coche desde Santander, está ubicada en el municipio de la Hermandad de Campoo de Suso y a tan sólo 24 kilómetros de Reinosa. Cuenta con 27,7 kilómetros de pistas esquiables y otros 3,2 de rutas de enlace, con 12 remontes, un circuito de fondo y un snowpark. En su base está situado el Hotel La Corza Blanca, también propiedad de Cantur, que ahora aprovecha el verano para ofrecer campamentos multiaventura.


El Museo Marítimo

Quizá el más atípico de los establecimientos sea el Museo Marítimo del Cantábrico, por el hecho de estar emplazado en Santander (todas las demás instalaciones están en el interior) y por su carácter eminentemente cultural. No obstante, esta joya, que permite recrear la fauna litoral y todas las actividades que se han dado históricamente en nuestras costas, resulta indiscutible por su significado y tiene un planteamiento muy didáctico y atractivo. Heredero, con el Instituto Oceanográfico, de la estación fundada hace más de un siglo por el biólogo librepensador Augusto González Linares, resulta imprescindible para adentrarse en la cultura del Mar Cantábrico y sus magníficos acuarios contribuyen a que esa inmersión sea más realista.

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