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Turismo: La única crisis que quedó atrás
Fecha: 08/08/2016

El Jubilar Lebaniego garantiza la continuidad de la bonanza en un sector que ha conocido un buen 2015 y un magnífico 2016


Huérfana de inversión pública, la economía cántabra no despega. Los más de 300 millones de euros que cada año llegaban en inversiones del Estado y otros tantos de la Administración autonómica aportaban más de dos puntos de PIB que ahora resultarían vitales. Es demasiado voluntarioso pedirle a la economía privada que sustituya ese vacío: la industria bastante tiene con mantenerse y una buena parte del sector servicios es muy dependiente de la propia Administración. Si ésta deja de gastar, se apaga. Sólo el turismo viene a paliar esta atonía y revitaliza el apocado ánimo del empresariado. Lo que nadie sabe es si la estela de este revulsivo se mantendrá en el tiempo o, como el año pasado, se apagará en otoño.
Cada mes de 2016 está superando las cifras de pernoctaciones en establecimientos hoteleros del pasado año, lo que resulta muy satisfactorio, ya que 2015 es recordado con satisfacción en el sector. Entonces había aún una cierta incredulidad, después de varios años de retrocesos, pero ahora los hosteleros parecen más confiados y eso se nota en los precios. Por primera vez en mucho tiempo empiezan a subir: en junio, las tarifas de las habitaciones en la región eran un 4,8% superiores a las del año pasado.
Aunque la planta hotelera está prácticamente estancada, frente a los excesos de antaño, en que llegaron a inaugurar simultáneamente cinco hoteles de cuatro estrellas, aparecen otros competidores que hacen difícil mantener el nivel de ocupación, especialmente los alquileres a través de páginas como Airbnb, en las que los particulares ofrecen habitaciones o viviendas completas como residencia turística.
El sector hostelero cántabro ha vivido, tradicionalmente, del turismo nacional, que suponía el 85% de su clientela y hasta ahora habían tenido poco éxito las campañas para captar turismo exterior. Sin embargo, el crecimiento de los visitantes en los dos últimos años descansa en la aparición de más turistas extranjeros, bien por su masiva llegada a España, que se está quedando con buena parte de los que elegían destinos ahora conflictivos, como el Norte de África, bien porque nuestro país se ha abaratado tanto que ahora resulta aún más atractivo para este público.


El turismo nacional aún no se ha recuperado

España puede llegar a superar este año los 70 millones de visitantes, un récord histórico, pero Cantabria aún no ha recuperado los que tenía antes de la crisis, al flojear el turismo nacional, que está aún un 10% por debajo del que había entonces. Afortunadamente, el extranjero ha crecido en esa misma proporción y ya aporta uno de cada cinco visitantes.
Para los hosteleros, este verano resultaba decisivo, porque garantiza la continuidad del éxito de 2015 y 2017 será Año Jubilar, lo que por sí mismo garantiza una ocupación más elevada. Con tres buenos años seguidos, son los únicos que pueden dar por superada la crisis.


Menos establecimientos

Eso no significa que el reloj del sector haya vuelto a 2007. Ni por facturación ni por beneficios. El negocio de la noche casi ha desaparecido, en los restaurantes la carta ha quedado casi como un vestigio de tiempos mejores, porque la clientela se decanta masivamente por los menús, y los precios de una habitación de hotel son inferiores a los que tenían en 2001. Si nos remontamos al comienzo de la crisis (2008), la habitación que entonces se pagaba a cien, en diciembre de 2015 se conseguía por 89,5. Después del repunte de los precios en lo que va de año, aún se podía obtener este verano por 94,3.
Igual de significativo de lo dura que ha sido la travesía del desierto es la desaparición de muchos pequeños establecimientos que operaban exclusivamente en verano. La cifra de negocios de hospedaje registrados llegó a superar los 530 en agosto de 2007, pero en los últimos años no ha pasado de 450 en la temporada alta y de la mitad en enero.
El hecho de que el turismo haya recuperado parte del terreno perdido en estancias y facturación ha provocado que su peso en el PIB regional haya subido cerca de dos puntos, ayudado por el retroceso de los otros sectores. Y aunque no puede decirse que Cantabria ha cambiado de modelo económico, porque su peso sigue siendo la mitad del que tiene la industria, da empleo a más de 25.000 personas y los visitantes dejan en la región algo más de 280 millones de euros en impuestos. Una aportación vital para las arcas regionales en este momento.

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