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La vida es como una caja de bombones
Fecha: 03/01/2012

Nestlé descubre los secretos de la ‘Caja Roja’ que fabrica en La Penilla

Recordando las viejas enseñanzas de su madre, Forrest Gump comparaba el destino con una caja de bombones, en la que nunca sabes lo que te va a tocar. Probablemente no había probado la Caja Roja que Nestlé fabrica en La Penilla desde hace casi cuarenta años. Si ha sobrevivido desde entonces es, precisamente, por haber reducido esa incertidumbre: escojas el bombón que escojas, siempre está bueno. Su secreto para superar el paso del tiempo es una pauta de entrada tan rigurosa como un selecto club social: sólo se admiten los más votados en un muestreo y se requiere mucho consenso para cada incorporación.
Qué bombón elegir primero? ¿cómo reprimir el impulso de comerse todos de golpe? ¿dónde esconder la caja para que el resto de la familia no acabe con ella? Nadie cae en la cuenta, pero la Caja Roja ha sido ideada para que nos hagamos esas preguntas. Cada sabor y cada detalle del surtido de bombones más popular del mercado es el resultado de una estrategia milimétrica para atinar con los gustos del consumidor.
El trabajo previo, que no se ve aunque sí se paladea, es la clave para que esta famosa caja se esté acercando con buena salud a la cuarentena. Para Cristina Vinuesa, brand manager de Bombones Nestlé, lo más importante es que mantiene su personalidad desde que se creó, en el año 1972.
La receta básica es la misma desde entonces, el praliné, una mezcla de avellana, almendra y azúcar, y los frutos secos de alta calidad. En realidad, esa sensación de que el producto no se ha modificado resulta errónea, porque hay cambios continuos, hasta el punto de que no queda ningún bombón de los originales, ya que todos los años se revisa el surtido, introduciendo alguno nuevo, y cada trienio Nestlé realiza un relanzamiento de la Caja, lo que conlleva una renovación más profunda.
No obstante, son más habituales las modificaciones en el embalaje que en los bombones, ya que la multinacional suiza es muy conservadora a la hora de hacer cambios radicales en algo que sigue funcionando muy bien, sobre todo en España. Así que tanto las formas como los sabores se mantienen en lo sustancial, para no defraudar las expectativas del consumidor.
En los últimos años sólo ha habido dos novedades relativamente rompedoras, la introducción de un bombón con un toque de sabor a naranja (orange delice) y, más recientemente, de otro que mezcla chocolate blanco con almendra caramelizada. Durante mucho tiempo, la Caja no admitía otro color para sus bombones que el marrón, aunque podían ser claros u oscuros. Por fin abrió la puerta a algunos remates decorativos (topping) en blanco pero hasta 2010 no apareció, por primera vez en la historia de la Caja Roja, un bombón totalmente blanco. De hecho, parte de la reciente inversión que Nestlé ha hecho en la factoría de la Penilla está destinada a la adquisición de la maquinaria necesaria para producir este bombón concreto.


Entrar en la Caja

La Caja Roja de Nestlé siempre se ha comportado como un club exclusivo cuyo acceso está limitado a quienes superen unas exigentes pruebas. Ningún bombón se incorpora al surtido sin ser sometido previamente a un test que permita anticipar la aceptación que tendrá en el consumidor. El estudio de mercado (mapping) incluye las preferencias sobre el envase, las texturas, los moldes o la apariencia exterior de los bombones.
Cada uno de los participantes en el muestreo valora una veintena de bombones distintos, fabricados por Nestlé y por otras marcas, lo que le permite a la compañía sacar conclusiones sobre su posición entre los gustos de la clientela y saber, al mismo tiempo, lo que opinan los consumidores sobre su competencia.
Como consecuencia de esta criba, la Caja Roja apenas ha incluido bombones con sabor a café y ha rechazado sistemáticamente los que llevan licor, que siempre aparecen como los peor valorados en los test: “No nos interesa polarizar los sabores y preferimos apostar por valores seguros para alcanzar un target familiar”, explica Vinuesa.
Por esta misma razón, y para satisfacer a todos los de la casa, 14 de los 22 bombones que hay dentro de la Caja Roja más vendida, la de 200 gramos, son de chocolate con leche, el más consumido en España. También hay una representación de bombones de chocolate negro, un gusto minoritario, y otra aún más pequeña de bombones de chocolate blanco, el que cuenta con mayor aceptación entre los niños.
A pesar de que cada país tiene su propio perfil sensorial, esta preocupación por conectar con los gustos mayoritarios ha llevado los bombones de La Penilla fuera de nuestras fronteras y se venden con éxito en países como Francia o Inglaterra, aunque allí con el nombre Daily Box, la caja para todos los días.
En España, la Caja hace tiempo que se convirtió en un regalo clásico. Navidad, San Valentín o el Día de la Madre, siguen siendo las fechas de mayores ventas pero Nestlé ha logrado desestacionalizar la demanda, de ahí que no interrumpa la producción de los bombones en la fabrica de La Penilla ni siquiera en los meses de verano, como hacen otras compañías de chocolate, que también valoran las dificultades para mantener la buena presencia de los bombones con el calor.
Cuando uno regala una Caja Roja asume que no será el más atrevido ni el más original pero sí el que más posibilidades tiene de acertar.

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